primera en conocer la llegada de colón a américa

Baiona, todo mar, islas, piedra y vinos: qué hacer en esta villa marinera de Galicia

Situada al sur de las Rías Baixas, desde el puerto de Baiona se pueden visitar las islas Cíes, donde se encuentra una de las playas más valoradas del mundo

Foto: Baiona (Pontevedra) | Foto: Oficina de Turismo de Baiona
Baiona (Pontevedra) | Foto: Oficina de Turismo de Baiona

Al sur de las Rías Baixas, a unos 30 kilómetros al norte de la frontera que separa Galicia de Portugal, se encuentra Baiona (Pontevedra), el lugar al que llegó Cristóbal Colón después de su aventura por las Américas. 'La Pinta', 'La Niña' y 'La Santa María', las tres carabelas que salieron de Palos de la Frontera (Huelva) tenían la firme intención de regresar a tierras andaluzas, pero una tormenta en las Azores las separó y provocó que nunca más se supiera de ellas. 'La Pinta', que era la nave más rápida, fue la primera en llegar a la península ibérica, a finales de febrero de 1943. Y lo hizo precisamente a este punto, a Baiona, donde llegaron las buenas nuevas de los recién conocido al otro lado del Atlántico.

Precisamente por esta razón el 1 de marzo de cada año Baiona celebra la Fiesta de la Arribada, para recordar tan histórico suceso en forma de fiesta medieval. Declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, durante la celebración músicos, juglares, malabaristas y puestos de artesanía acompañan a la representación del relato que Martín Alonso Pinzón y sus tripulantes contaron al corregidor de Baiona a su llegada de las Américas. Tanto es así que en el quinto centenario de la llegada de carabela de colón se reconstruyó una réplica de 'La Pinta', que actualmente se puede visitar en el Museo colombino de la Carabela Pinta.

Baiona es una villa para caminar, para recorrer el paseo del Monte Boi, que transcurre desde la playa de A Cuncheira hasta la torre del Reloj del castillo de Monterreal, con pasadizo secreto incluido. Son dos kilómetros que abrazan la fortaleza y a través de los cuales se puede disfrutar de una de las principales marcas gallegas: la piedra y el granito que rompen el verde del escenario. Calas llenas de paz se salpican por el camino, que discurre a orillas de un mar que a veces se antoja revuelto.

Playa de A Concheira, en Baiona | Foto: Oficina de Turismo de Baiona
Playa de A Concheira, en Baiona | Foto: Oficina de Turismo de Baiona

Para ver más piedra aún, una experiencia completa en la zona es una visita al Pazo de Rubianes, un imponente edificio fundado hace más de 300 años y rodeado por uno de los jardines más espectaculares de la zona lleno de camelias. El pazo se ha convertido, además, en referente del enoturismo, dada la presencia de un excepcional viñedo de Pago donde puedo uno adentrarse un poco más en el mundo del Albariño.

Y, desde luego, no puede uno irse de Baiona sin visitar la virgen de la Roca, el monumento más conocido del municipio. Construido en granito sobre las rocas del monte Sansón, se trata de una figura de 15 metros de altura y representa a la virgen con una barca-mirador en la mano, a la que se puede acceder por una escalera de caracol interior, también construida en piedra.

Visitar las islas Cíes

Otra de las opciones es, sin lugar a dudas, aprovechar la proximidad a las islas Cíes, remanso de paz —últimamente recargado de turistas cuando el sol asoma— que conforma el único parque nacional de toda Galicia. En plena ría de Vigo, el archipiélago está formado por tres islas, dos de ellas unidas por la playa de Rodas, una vez calificada como una de las mejores del mundo por el diario británico 'The Guardian'.

Las Cíes, las islas del tesoro y de Montecristo y todas las soñadas (Foto: Piratas de Nabia)
Las Cíes, las islas del tesoro y de Montecristo y todas las soñadas (Foto: Piratas de Nabia)

A las islas se llega desde Baiona gracias a dos compañías: la naviera Mar de Ons y Nabia, si bien hay que tener cuidado, dado que el último año éstas trasladaron a las islas más turistas de los permitidos. De hecho, después de que esto ocurriera durante varias jornadas, muchos turistas llegaron a quedarse en tierra por el cupo de viajeros, que permite entrar en las islas a un máximo de 2.200 personas diarias, una cifra que se ha casi duplicado en varias ocasiones.

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