Costa oeste de Canadá: viaje por las Rocosas, Banff, Jasper y Vancouver
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las vistas de los lagos son impresionantes

Costa oeste de Canadá: viaje por las Rocosas, Banff, Jasper y Vancouver

Eche un vistazo a la receta del viaje ideal: naturaleza, ciudad, paisajes de ensueño, azules glaciares... Todo está preparado para que le hinque el diente

placeholder Foto: Parque Nacional de Banff, en Canadá. (Shutterstock)
Parque Nacional de Banff, en Canadá. (Shutterstock)

Vierta en un bol de increíbles tonos azules un gran número de glaciares y toneladas de árboles verdes. No se corte con el aire puro: no engorda y provoca increíbles beneficios en el organismo. Agite todo bien mientras espolvorea la mezcla con una amplísima variedad de fauna salvaje —incluidos osos y alces—. A continuación, amase el contenido resultante con una oferta paisajística única y un buen pellizco de modernidad urbanita hasta que todo quede integrado de manera homogénea. 'Voilà!'. Ya tiene listo su viaje por la costa oeste de Canadá.

La receta del éxito de este gran país —su territorio ocupa casi 10 millones de kilómetros cuadrados— radica en la riqueza que se puede disfrutar en sus fronteras. Los amantes de la naturaleza disponen en Canadá de un lugar de visita imprescindible donde los espacios verdes —u ocres, si las copas vegetales están teñidas de los colores propios del otoño— son una constante. La mejor manera para recorrerlos es en coche o autocaravana de alquiler, una opción perfecta ante la buena calidad de las carreteras estatales y la enorme seguridad que se deja palpar.

El vehículo 'propio' permite conocer Canadá a su aire, sin estar pendiente de programas cerrados ni horarios férreos. Una buena propuesta es comenzar esta ruta por el oeste, visitando tres parques nacionales de las Rocosas, el sistema montañoso más conocido del país. Esta cordillera encumbrada por el monte Elbert acoge los parques de Banff, Yoho y Jasper, a cada cual más bonito y más hipnotizante que el anterior. En el primero de ellos, le costará no enamorarse del lago Louise. En pleno corazón de las Rocosas, este embalse de origen glaciar regala unas vistas impresionantes en sus aguas color añil.

De camino al Parque Nacional de Yoho, conduciendo por las carreteras envueltas en esmeralda vegetal, es muy frecuente que la fauna salvaje salga a su encuentro: quizá tenga suerte y le dé tiempo a fotografiar a los alces o zorros que le saludan al pasar. Otro lago le estará esperando en su llegada a Yoho, pues el Emerald estaba impaciente por conocerle, a pesar de que su tranquilísima y calma superficie le dé la sensación de que permanece inalterable. Como si de un espejo se tratara, sus aguas turquesas reflejarán el horizonte obsequiándole con unas vistas de ensueño. A pocos kilómetros descansa la Takakkaw, catarata de 381 metros de altura que es la segunda más alta de Canadá —tras la cascada Della de la isla de Vancouver—.

Sin colorantes artificiales, la receta para disfrutar del azul del lago Moraine es tan sencilla que querrá empacharse de sus vistas. Anidado en el Valle de los Diez Picos, su nombre hace alusión a la 'morrena' de piedras y barro acumulada por su glaciar. Este lago es uno de los más populares de la zona de Icefields Parkway, una región de la provincia de Alberta comunicada por la carretera Highway 93 que discurre hasta el tercer parque nacional de las Rocosas: Jasper. La ruta ofrece un buen número de miradores y puntos de interés tan destacados como el glaciar Crowfoot o los lagos Peyto y Bow.

Crucero y aerodeslizador con osos Grizzly

Entre los parque nacionales de Banff y Jasper, puede disfrutar de uno de los mayores campos de hielo y nieve del mundo por debajo del Círculo Polar ártico. Bautizado como el Campo de Hielo de Columbia, recibe casi siete metros de nieve al año que dejan a los turistas con la boca abierta. Desplazarse por tan frío terreno no es recomendable —ni posible— en un vehículo no adaptado, por lo que resulta muy aconsejable la ruta a bordo del 'Ice Explorer', que traslada a los viajeros gracias a sus enormes ruedas hasta el centro del glaciar Athabasca.

En las proximidades del pueblo de Jasper aparece el lago Maligne, de aguas también azules que parecen no tener fin en su profundidad. En su orilla, se puede subir a bordo de un barco que realiza un crucero de unos 90 minutos aproximadamente para disfrutar sin prisas de tan idílico entorno hasta la Spirit Island. Seis puentes habrá que superar para atravesar el cañón homónimo y sus saltos de agua de hasta 50 metros, recorrido durante el cual es posible que divise osos, alces, lobos y más fauna autóctona.

Si tras un paseo en 'Ice Explorer' y un crucero se ha quedado con ganas de seguir probando medios de transporte originales, el viaje en aerodeslizador que se ofrece en Blue River —provincia de British Columbia— permite avistar de cerca la vida salvaje. Después, un 'safari acuático' se convierte en la atracción perfecta para los que deseaban contemplar osos en su hábitat natural: si procura mantenerse en silencio y no realiza movimientos bruscos, los magníficos ejemplares de úrsidos Grizzly formarán parte de sus fotografías de viaje.

La parte natural de su ruta por Canadá sigue presente en su trayecto hasta Kamloops, localidad que actúa como punto intermedio entre Blue River y Vancouver —siguiente ciudad que visitará—. El cercano Parque Provincial de Wells Gray está plagado de volcanes y cascadas que no desmerecen en absoluto a la belleza de las lugareñas cascadas Helmcken.

Urbanismo mezclado con naturaleza

La costa oeste de Canadá no se entiende sin una parada en la increíble ciudad de Vancouver. La ciudad más poblada del país aglutina un buen número de atractivos que no conviene dejar escapar. Entre ellos, el Stankey Park —su principal pulmón verde—; el barrio de Chinatown —morada de los descendientes de inmigrantes que llegaron a territorio canadiense como mano de obra para la construcción ferroviaria—, o el famoso reloj de vapor que marca las horas puntualmente desde 1977.

Vancouver ostenta el récord de disponer del puente colgante peatonal más largo del mundo. Se llama Capilano Suspension Bridge y supone nada menos que 137 metros de recorrido entre frondosísimas copas de árboles. La ciudad quedará a sus pies, no solo al superar el citado puente sino también cuando ascienda hasta la cima de la Grouse Mountain en teleférico para contemplar sus populares pistas de esquí y acceder a uno de los refugios nacionales de osos Grizzly.

Cruzando desde Vancouver a la isla del mismo nombre, Tofino despunta como un pequeño distrito con un paisaje de lagos y selva tropical. Para llegar hasta él, es frecuente recurrir al ferri, aunque si lo que de verdad le gusta son las experiencias únicas, aproveche el viaje de vuelta para montar en hidroavión y contemplar desde el aire sus excelentes playas. La isla de Vancouver es lugar de avistamiento de ballenas, así que cruce los dedos si vuela durante los últimos meses del año para poder ver a los cetáceos también a vista de pájaro.

Victoria, capital de la isla de Vancouver, es un trozo del 'pastel' canadiense con sabor a té. En sus calles se respira esencia británica, que se deja intuir en los jardines del Parlamento de British Columbia y en otras singularidades de establecimientos como el famoso Hotel Fairmont Empress. En este edificio situado junto al puerto es posible disfrutar, a las cinco en punto de la tarde, de una buena taza de té acompañada de unas riquísimas pastas.

Partidos de hockey y rodeos 'country'

Volar hasta Canadá desde España supone un buen número de horas en avión, por lo que conviene aprovechar al máximo la estancia en el país después de haber cruzado el charco. Asistir como público a un partido de hockey es una de las actividades que pueden formar parte de su recorrido si quiere sentir en primera persona la afición de los canadienses por este deporte. 'Stick' en mano, tanto 'amateurs' como profesionales se lanzan a practicar un ejercicio en el que se combinan el patinaje, la precisión y la puntería.

Además del hockey, otro de los espectáculos que más público recogen en las gradas son los famosos rodeos de Calgary. Es en julio cuando tiene lugar lo que llaman 'La estampida', una fiesta estilo 'country' donde los sombreros de vaqueros y los pantalones tejanos son la indumentaria básica. Ponga a punto sus cuerdas vocales: no parará de gritar '¡Yijaaaaa!'.

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