Cuenca, 24 ago (EFE).- El joven Ginés Marín cortó hoy tres orejas tras ofrecer una gran dimensión en la corrida "torista" del hierro de Pallarés que inauguró hoy la Feria de San Julián de Cuenca, en la que tanto Curro Díaz como Román también dejaron momentos destacables aunque sin llegar ninguno al objetivo del triunfo.

El año pasado la ganadería de Pallarés lidió una sensacional corrida en Illescas, sumándose a esa nómina de ganaderías que embisten aunque no sean de las más apetecidas por las figuras o su presencia en las principales ferias no sea frecuente. De esas, por suerte, hay unas cuantas, y algunas, incluso, son de Santa Coloma, como es el caso de Pallarés.

La de Cuenca no alcanzó el nivel de la lidiados en la magnífica y comodísima plaza toledana, pero tuvo matices e interés. El que sí ofreció una magnífica dimensión fue Ginés Marín, que inauguró la Feria de San Julián por la Puerta Grande tras cortar tres orejas.

Lo mejor llegó en el tercero. Un gran toro. Simple y llanamente. Bravo y, por tanto, con emoción y exigencia, ingredientes que hacen que una faena tenga importancia o carezca de ella.

La de Marín la tuvo, con el gusto del clasicismo en el grueso del trasteo de muleta, con series numerosas vaciando en la cadera a pesar de ser aspectos técnicos teóricamente contraindicados para toros de encaste santacolomeño, y la inteligencia de rematar por bernadinas, culminando su notable obra de una contundente -aunque no fulminante- estocada que necesitó de un golpe de descabello.

En el que cerró festejo prevaleció la cantidad sobre la calidad, aunque también los hubo buenos (algún natural). El de Pallarés se dejó mucho, aunque su ímpetu, lógicamente, fue de más menos. Un solvente y resolutivo Ginés Marín hizo rodar a su antagonista al primer intento, abriéndose para él de par en par la puerta grande conquense.

El primer toro, precioso de lámina, tuvo clase y templanza desde los lances de recibo a la verónica, con un Curro Díaz que anduvo igualmente armonioso manejando la franela.

El gusto y la cadencia con la que el de Linares cuajó al de Pallarés, con mayor largura por el izquierdo, no llegó a los tendidos con intensidad suficiente -algo difícilmente comprensible- como para pedir la oreja con fuerza para su concesión. No obstante, la faena ahí quedó.

Su segundo tuvo tanta nobleza como falta de continuidad, por lo que Curro optó por dejársela en la cara para lograr que el de Pallarés repitiera, aunque ello implicara no soltar las embestidas. La estocada, ejecutada con entrega, esta vez sí surtió efecto aunque no le sirvió para cortar trofeo.

Román puso la fibra que le faltó al segundo de la tarde, un ejemplar noble, pero embistiendo a media altura y desluciendo el conjunto al salir desentendido de la reunión. Fue buena su segunda estocada, pero no la primera, que quedó caída y enfrió los ánimos.

Tuvo brío el quinto, si bien esa acometida se diluía a partir de la tercera arrancada. De nuevo anduvo animoso Román, cerrando por manoletinas, culminando al volapie tras citar, infructuosamente, para matar a recibir por partida doble.

FICHA DEL FESTEJO.- Toros de Pallarés, de presencia algo desigual. Noble y con calidad el primero. Soso el segundo. Muy bueno el tercero, bravo, con entrega y emoción. Noble pero falto de celo el cuarto. Encastado aunque justo de entrega el quinto. Muy manejable el sexto.

Curro Díaz, ovación con saludos y ovación.

Román, silencio y ovación tras petición no atendida.

Ginés Marín, oreja y dos orejas.

La plaza registró dos tercios de entrada en los tendidos. EFE

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