Nacera Oauabou

Argel, 19 jul (EFE).- Al grito de "traednos la copa, y echad a las víboras", el fútbol y la política se mezclaron hoy en Argelia en las horas previas a una final de la Copa de África de Naciones (CAN) que ha paralizado el país.

Y es que tras 25 años de decepciones, los argelinos sueñan este viernes con sumar a sus enflaquecidas vitrinas su segundo título continental y reclamar así el brillo que ostentan algunos de sus jugadores en el planeta fútbol, pero que no se refleja en el colectivo.

Ryad Mahrez, estrella del Leiscester que maravilló al mundo, mejor jugador de la Premier aquel año y ahora reemplazo de lujo en el Manchester City de Pep Guardiola es su jugador franquicia, el ídolo necesario.

Pero también destacan otros, como el férreo defensa del Betis, Aisa Mandy, el trotamundos Yacine Brahimi, ex del Valencia y motor del Oporto, o el emergente Adan Ounas, un delantero en el que el Nápoles tiene muchas esperanzas.

Un combinado de clase que sin embargo sólo acumula decepciones desde que en el Mundial de Brasil 2014 lograra la proeza de pasar a octavos y caer con honor en la prórroga frente a Alemania, que sería la campeona.

Un tránsito por el infierno que se explica, principalmente, por la deficiente gestión de la Federación, que en apenas cinco años ha cambiado de entrenador en una decena de ocasiones.

"Cada vez que vengo a mi país, coincide con un viernes de lucha. Hoy es distinto, ahora nos manifestamos para el cambio y por la tarde saldremos para celebrar la victoria de nuestro equipo que volverá con la copa en su mano", explicó a Efe Layla Buzian, joven argelina afincada en Egipto.

Y es que el fútbol se ha convertido en un nuevo pulso entre la población y el régimen militar, que se ha volcado con la final en lo que parece un intento por instrumentarlo o revertir las manifestaciones de protesta que se suceden cada viernes y martes desde el pasado 22 de febrero

Hoy, junto al habitual dispositivo de seguridad, se desplegaron decenas de autobuses para transportar gratuitamente a los aficionados al estadio "5 juillet", de la capital, donde podrán asistir a la transmisión en directo de la final que Argelia y Senegal disputarán en El Cairo.

Las autoridades argelinas, asistidas por el Ejército, organizaron esta semana, además, un "puente aéreo" de 28 vuelos especiales para llevar a los aficionados hacia la capital egipcia desde los aeropuertos de varias ciudades del país.

"Ganaremos la copa y nos ocuparemos de vosotros, la banda mafiosa" repetían esta mañana los aficionados entre un flamear de miles de banderas nacionales y un fluir continuo de ciudadanos vestidos con la camiseta de la selección.

En medio de ellos, dos de los líderes del movimiento de protesta o (hirak), el abogado y defensor de derechos humanos, Mustafa Bouchachi y el líder del partido Unión Democrática y Social (UDS), Karim Tebbu, expresaron su confianza en que "los zorros verdes del desierto" alcen su segundo título.

Aunque sin insistir en la necesidad de que esta posible éxito ensombrezca las reivindicaciones políticas.

"Saludamos a nuestros hermanos que están en el estadio de El Cairo y recordamos al mismo tiempo a la banda mafiosa que nuestras reivindicaciones son legítimas, que nuestra manifestación es pacífica, y que deseamos un estado civil y no militar", dijo Karim Tabbu con un altavoz ante los manifestantes.

Bouchachi instó a los congregados a "no bajar los brazos y seguir saliendo cada viernes. Nadie de esta banda es legítimo" dijo a Efe en alusión al presidente interino, Abdelkader Bensalah, quien también ha viajado a Egipto para asistir a la final.

Argelia vive sumida en una grave crisis política desde que el pasado mes de abril el presiente Abdelaziz Bouteflika presentara su renuncia tras 20 años en el poder, forzado por la protesta en la calle y la presión del jefe del Ejército, general Ahmed Gaïd Salah, nuevo hombre fuerte del país.

La situación se agravó hace dos semanas, una vez concluido el periodo interino de tres meses marcado por la Constitución sin que se hayan celebrado nuevos comicios presidenciales y sin que exista aún una fecha para los mismos.

Mientras que el Ejército y el gobierno interno, afín al antiguo régimen, consideran que el mandato provisional de Bensalah sigue en vigor, los constitucionalista recuerdan que no está especificado en la Carta Magna y que existe "un vacío de poder".

"Estamos en plena revolución para cambiar el sistema y no debemos pararla. Este sistema debe ser cambiado, y hasta que todos los detenidos sean liberados y la justicia haga su trabajo no estaremos satisfechos", dijo a Efe el abogado Salah Dabouz, que hoy salió en silla de ruedas tras dos semanas en huelga de hambre. EFE