Trípoli, 17 feb (EFE).- Miles de personas salieron hoy a las calles en distintas ciudades de Libia para celebrar el octavo aniversario de la revuelta que puso fin a las cuatro décadas de dictadura de Muamar al Gadafi y que ha dejado un país dividido y alejado de su aspiración democrática.

La conocida como "revolución de febrero" comenzó en 2011 en la ciudad oriental de Bengasi cuando la OTAN apoyó militarmente la victoria de los rebeldes sobre el líder libio, quien fue linchado y asesinado nueve meses más tarde, y sumió al país en una guerra civil.

Las elecciones legislativas de 2014 sólo lograron hendir aún más la división política y el caos ya que el entonces Gobierno islamista en Trípoli, sostenido por la ONU, no reconoció el nuevo Parlamento, que se vio obligado a instalarse en la ciudad oriental de Tobruk, bajo la tutela del mariscal Jalifa Hafter.

Hafter, antiguo miembro de la cúpula gadafista que en la década de los pasados ochenta fue reclutado por la CIA y principal opositor en exilio, resurge en la escena política y se convierte en el hombre fuerte del este del país.

Señores de la guerra, líderes tribales, capos del contrabando y milicias afines a un gobierno y a otro se disputan el poder.

Aprovechando la situación de anarquía, el grupo yihadista Estado islámico (EI) se instaló en el país y ocupó durante varios meses las ciudades de Derna y Sirte, convirtiéndolas en sus bastiones del norte de África hasta que fue expulsado a finales de 2016 por las fuerza de "Bunian al Marsus" dirigida por el Gobierno de Unión Nacional.

A esto se suma las mafias dedicadas al tráfico de armas, combustible, alimentos y personas para dominar la arruinada economía nacional que debe hacer frente a la caída drástica del dinar libio, la falta de suministro eléctrico y los cortes diarios de combustible y gas.

Libia sigue aspirando a celebrar durante este año las ansiadas elecciones dentro del plan de reconciliación que promueve desde 2017 el enviado de la ONU, Ghassan Salamé, para lograr una solución política a la crisis en el país.

Para ello, el diplomático libanés deberá reunir a todas las partes del conflicto en la Conferencia Nacional que sentará las bases para convocar los comicios, prevista a principios de este año pero que ha sido de nuevo aplazada ante la falta de consenso en torno al lugar de celebración de este encuentro. EFE