Javier Herrero.

Madrid, 7 feb (EFE).- El amor puede llevar una vida o solo unas horas, como una noche de la que a la mañana siguiente solo queda una resaca con gafas de sol, algo de confeti pegado al zapato y un preservativo sin usar, como sea, un proceso digno de ser celebrado según el nuevo álbum del dúo de electrónica "con alma" Delaporte.

"Hay que ver el amor desde una perspectiva alejada del control y disfrutarlo como experiencia", explica a Efe Sandra Delaporte sentada junto a su compañero, el productor italiano Sergio Salvi, a propósito de "Como anoche" (Mad Moon Music / Gran Sol), su tercer álbum, publicado solo un año después de que su tema, "Un jardín", se hiciese popular como sintonía del concurso "Fama a bailar".

Construido como el relato revisitado cada noche de sábado en cualquier bar de ligoteo ("Me atraes, vamos a la cama, me pillo un poco, pero tampoco me gustas tanto, así que no te doy ni un beso"), las ocho canciones o capítulos que lo integran se suceden en un orden no casual.

"A mí, como milenial, me da mucha pereza escucharme un disco entero. Hoy día hay que plantearlo como una historia que hay que escuchar entera para entenderla, como el que se lee un libro o ve una serie, porque coger temas de aquí y de allí sin criterio hace que uno se disperse más", reconoce Delaporte.

Armados con su electrónica orgánica, amable y sinuosa, a menudo sensual y que tanto bebe del "soul", hacen ver al oyente "cómo una relación pasa por distintas fases hasta un punto crítico en el que tiras hacia delante, lo que exige adaptarse, o se acaba".

"Cuando hago canciones, necesito hablar de ciertas cosas mías. Las letras me salen muy rápidas, como vómitos, aunque luego cambie cosas. Me encantaría poder hablar de injusticias sociales y admiro a la gente que lo hace, porque es algo que también me indigna, pero no es tan fuerte en mí como hablar de otras cosas", cuenta el cincuenta por ciento femenino del dúo.

No hay drama en todo ello, sino mucha "ironía", de ahí que la tónica musical de los primeros momentos de efervescencia sentimental, con cortes como "Vamos a la cama" o "Algo baila en mí", no varíe especialmente cuando los protagonistas se asoman al abismo de la relación, véase "Azul marino".

Ese sarcasmo lo aplicaron hasta al embalaje en el que hicieron llegar a los medios el álbum: una pequeña caja que incluía otros objetos como unas gafas de sol, confeti y un preservativo personalizado con la imagen del disco.

Este funciona en muchos aspectos como manifiesto milenial, entre otras cosas por mostrar a una mujer que toma la iniciativa en la búsqueda de sexo. "En 'Vamos a la cama' hablo de la fatiga que a veces son los hombres, que sí, que no... y yo soy muy honesta, que es lo más sano. De hecho, me quejo de que hay mucha falta de honestidad en las relaciones y con uno mismo", opina.

Esa sinceridad la aplican Salvi y Delaporte en su proceso creativo hasta el extremo, "a muerte" dicen ellos. A la mínima que se juntan, a veces en las mismas pruebas de sonido, empiezan a surgir ideas (ya trabajan en su tercer disco, anuncian), pero las cosas no siempre van por el cauce deseado.

"Yo estoy acostumbrado a dar más rodeos si algo no me gusta, pero ella es muy directa. Igual he trabajado toda una tarde en algo, pero me dice que le aburre. Aunque para trabajar es lo mejor y nunca discutimos", comenta Salvi.

Muy en la línea del previo "Uno" (2018), que incluía el citado "Un jardín", el resultado esta vez es "más maduro, con las influencias trabajadas desde el principio, pero de una manera más personal" haciendo que todo suena más Delaporte que nunca.

Tras un año de actuaciones en foros musicales como Paraíso Festival o Fitur es Música en Madrid y el Arenal Sound de Burriana (Castellón), el dúo prepara un 2019 lleno de compromisos en vivo, como el SXSW de Austin (Texas) entre el 11 y el 18 de marzo, el Warm Up de Murcia el 3 de mayo o el Mad Cool de la capital del 11 al 13 de julio. EFE