Antonio del Rey.

Madrid, 15 ene (EFE).- El PSOE ha logrado congregar hoy en el Antiguo Salón de Plenos del Senado, que fue capilla del convento sobre cuyos restos se levanta la Cámara Alta, a la memoria viva del exilio republicano, representado por 18 supervivientes de la Guerra Civil y el franquismo, con sus desgarradas historias a cuestas.

Dieciocho protagonistas homenajeados con aplausos, poemas, música de guitarra y unas emotivas palabras de la ministra de Justicia, Dolores Delgado, pronunciadas en una sala abarrotada y presidida por trece rosas rojas que evocaban a las trece jóvenes socialistas ajusticiadas al poco de terminar la Guerra Civil por el régimen franquista, y cuya historia ya es todo un símbolo de aquel tiempo.

"Muchísimas gracias y muchísimo perdón", ha implorado Delgado al concluir un discurso dirigido muy especialmente a los exiliados presentes, entre ellos el historiador Nicolás Sánchez-Albornoz, o la presidenta de la asociación Archivo, Guerra y Exilio (AGE), Amparo Sánchez Monroy, y cuyos nombres ha citado uno a uno, con una pequeña reseña biográfica, la presidenta del PSOE, Cristina Narbona.

Albornoz, nieto del también historiador represaliado por la Dictadura de Primo de Rivera Claudio Sánchez Albornoz, ha tocado una por una las heridas aún abiertas que escuecen a sus coetáneos y sus descendientes, desde la falta de reparación económica al exilio hasta el "aplastante" silencio sobre los españoles que en la II Guerra Mundial combatieron al fascismo vistiendo otros uniformes.

El acto del Senado, organizado por el grupo socialista y la Ejecutiva Federal del PSOE, abre para él la esperanza de que "el déficit que la nación arrastra no tarde en ser corregido y desaparezca con el reconocimiento de este drama".

Un drama que sus víctimas han podido relatar pormenorizadamente antes del comienzo de esta peculiar y emotiva sesión, mientras esperaban en el Salón de Pasos Perdidos, de donde cuelgan cuatro grandes cuadros históricos, mudos compañeros de una historia mucho más reciente y sujeta, según Sánchez-Albornoz, a ese gran "déficit" de dignidad y reconocimiento.

"¡Viva la República!", se ha escuchado en un par de ocasiones a lo largo de un acto de casi dos horas celebrado en el mismo salón donde cada año la Cámara Alta celebra un homenaje institucional a las víctimas del Holocausto, también con música, con descarnados recuerdos y con demandas para no olvidar aquella atrocidad.

Hoy, Amparo Sánchez Monroy ha descrito, con el fuerte acento francés de la tierra en la que ha vivido casi toda su vida, el "desgarro abismal" que supuso el destierro para todos los exiliados que, como ella, aún niña, acompañada de su madre, tuvieron que cruzar los Pirineos huyendo de su propia patria en los primeros meses de 1939; fueron medio millón de españoles.

En un esfuerzo para remover conciencias, ha invocado la conmoción que produjo la foto del niño refugiado sirio Aylan Kurdi, muerto en una playa de Turquía en septiembre de 2015, para hacer ver que en "las arenas de Argelès-sur-Mer yacen los cuerpecitos de 73 niños españoles muertos de frío y de hambre en los primeros días de nuestro encierro" en el campo donde les recluyeron los franceses.

Sánchez Monroy ha mostrado una antigua fotografía en blanco y negro de ella con su madre para reconocer no sólo a las madres españolas "sino a las madres del mundo entero, que son las primeras víctimas sacrificadas en todas las contiendas".

Los discursos se han intercalado con la audición de varias piezas musicales a cargo del guitarrista José Francisco Ortiz.

Al explicar que compuso una de ellas recordando la escalera de 187 peldaños por la que su padre tenía que cargar con 40 kilos de roca en el campo de concentración de Mauthausen, ha sacado la bandera tricolor republicana que su padre trajo de aquel lugar.

Una enseña desgastada y algo rota, con la expresión "República Española" escrita en letras negras que su hijo David, violonchelista que le ha acompañado al interpretar el "Himno a la paz", que ha exhibido, conmovido, mientras su padre recreaba con su música la cruel caminata de los presos de Mauthausen y "sus esperanzas".

Acabado el acto, los 18 supervivientes, sus familiares y amigos se han fotografiado a las puertas del Senado junto a una reproducción de esa bandera, ya confortados por un reconocimiento que la poetista andaluza Josela Maturana había versificado dentro de la "capilla republicana" de la Cámara Alta.

"La dignidad os convoca/ la libertad os devuelve/ y la paz reconstruye vuestro hermoso naufragio/ para siempre en nosotros./ No os olvidamos". EFE

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