Andry Tsileferintsoa

Antananarivo, 27 dic (EFE).- Andry Rajoelina, de 44 años y uno de los jugadores clave en la crisis política que sacude Madagascar desde hace una década, fue elegido hoy, por segunda vez, como jefe de Estado de esta nación tras vencer en unos comicios a su eterno rival, el también expresidente Marc Ravalomanana.

Nacido en 1975 en Antsirabe, Rajoelina destacó con menos de 20 años como pinchadiscos en diversos espectáculos musicales de Antananarivo, hasta introducirse en 2000 en el mundo empresarial.

Poco después se convirtió en propietario de las emisoras de radio y televisión Viva y su juventud e imparable ascenso le valieron el sobrenombre de TGV -siglas del tren de alta velocidad francés-, pseudónimo con el que se inicia en la política.

En diciembre de 2007, con 32 años, resultó elegido alcalde de Antananarivo y un año después se situó al frente de una campaña contra el mandatario Marc Ravalomanana, a quien acusó de violar el derecho a la libertad de expresión tras clausurar Viva por una entrevista al ex jefe de Estado Didier Ratsiraka.

El cierre de las dos emisoras a manos del Gobierno, que consideró esta entrevista un atentado contra la "paz y la seguridad" del país, desembocó en una manifestación en Antananarivo el 26 de enero de 2009, encabezada por Rajoelina, en la que murieron al menos 91 personas en incidentes violentos.

Cinco días después, el joven empresario se autoproclamó "al frente de los asuntos del país", designó un gabinete de "transición" y, con ayuda del Ejército, dejó su puesto como alcalde y derrocó a Ravalomanana en un golpe de Estado.

Los disparos de la guardia presidencial contra seguidores de Rajoelina que pretendían acercarse al palacio presidencial causaron 27 muertos y desde entonces la cifra ha ascendido a, al menos, 140 muertos.

Ravalomanana fue entonces condenado a cadena perpetua y, en marzo de 2009, se exilió a Sudáfrica, donde viviría durante los siguientes cinco años.

Desde el golpe, el régimen de Rajoelina es sometido al ostracismo internacional y suspendido dentro de la Unión Africana (UA) y de la Comunidad para el Desarrollo de África Meridional (SADC) mientras no se restablezca el orden constitucional.

En septiembre de 2011, ambos líderes acordaron una hoja de ruta para la transición política que prevé la convocatoria de elecciones en 2012, pese a que finalmente no se celebraron hasta el 8 de mayo de 2013.

Ni Rajoelina ni Ravalomanana, causantes de la crisis política malgache, se presentaron a estos comicios -en los que venció Hery Rajaonarimampianina- con el fin de devolver al país la estabilidad perdida cuatro años atrás.

Sin embargo, sí que lo hicieron en las elecciones del 7 de noviembre de 2018 -empañadas por acusaciones de fraude-, en las que los dos resultaron finalistas para una segunda vuelta electoral celebrada el pasado 19 de diciembre.

"Nosotros restauraremos el Estado de derecho, nosotros alcanzaremos la autosuficiencia alimentaria, nosotros llevaremos electricidad a todos los lugares. Nadie se quedará atrás. Nadie será olvidado", prometió Rajoelina en un último comunicado previo a la jornada de reflexión.

No todos los malgaches ven esta elección como una oportunidad para que las cosas mejoren -en un país en el que más del 76 % de su población vive por debajo del umbral de la pobreza, según datos del Banco Mundial-, y solo un 48,11 % acude a las urnas.

Pese a todo, Andry Rajoelina venció a Ravalomanana -esta vez en las urnas- con un 55,66 % de los votos frente al apoyo del 44,34 % de los votantes que obtiene su viejo contrincante.

La misma figura que tomó el poder por la fuerza hace casi una década -tras alegar una violación constitucional- y que sumió a Madagascar en una larga crisis política es hoy el encargado de devolver esta nación a flote. EFE