Teresa Díaz.

Madrid, 27 sep (EFE).- La vida de un niño cambia por completo cuando llega un diagnóstico de trasplante, momento en el que se inicia un largo proceso en un entorno hostil como es el hospital y que ahora, gracias a un proyecto terapéutico de realidad virtual, se puede hacer más llevadero para los pacientes y sus familias.

Se trata de Virtual Transplant Reality (VTR), la primera plataforma en realidad virtual y aumentada, una iniciativa pionera a nivel mundial desarrollada por profesionales españoles y que se pondrá en marcha en la Unidad de Trasplantes Pediátricos del Hospital Universitario La Paz.

Aunque en principio se utilizará en trasplantados infantiles hepáticos, la intención es extrapolarla a otros órganos y a enfermedades crónicas, ha señalado Erika Guijarro, psicóloga y directora-coordinadora de la iniciativa, durante su presentación en rueda de prensa.

En La Paz se realizan el 60 % de todos los trasplantes hepáticos infantiles de España (entre 80 y 100 anuales). Uno de cada tres pacientes son menores de un año, y dos de cada tres tienen menos de tres años, ha precisado el doctor Manuel López, jefe de servicio de Cirugía Pediátrica del hospital madrileño.

El proyecto, que se prevé poner en marcha dentro de seis meses o un año, consiste en la creación de una plataforma tecnológica que incorporará y gestionará todas las experiencias en realidad virtual y realidad aumentada para mejorar la calidad de vida y el bienestar psicoemocional.

Para ello se están diseñando escenarios y experiencias virtuales, que seguirán un proceso evolutivo durante todas las fases del trasplante, desde una triple perspectiva.

Primero la prevención. El objetivo es entrenar a los niños en aquellas situaciones estresantes o potencialmente traumáticas como estancias en UCI o pruebas diagnósticas aparatosas, que suelen producir mucha angustia y ansiedad.

"Se expone al niño a esas situaciones para que, cuando llegue el momento de vivirlas, ya sepa lo que va a pasar y no llegue tan nervioso", ha explicado Nana Gómez, madre de un pequeño que nació con una enfermedad congénita degenerativa que le obligó a someterse a un trasplante de hígado con apenas nueve meses.

La distracción es la segunda pata del proyecto. Se pretende cambiar el foco de atención del niño para que se centre en los estímulos que les proporcionará la herramienta y no en las pruebas médicas que le producen estrés o dolor.

Los ingresos en UCI, las entradas en quirófano y pequeñas intervenciones como curas de heridas o coger vías son algunos de los momentos que más temen estos pacientes, "que les estresan mucho", ha asegurado Gómez, que preside la Asociación Española de Ayuda a Niños con Enfermedades Hepáticas y Trasplantados Hepáticos (HePA).

El proceso no acaba con el alta hospitalaria. Aunque el trasplante es la única opción para estos pequeños, no es una cura en sí mismo, ya que les convierte en pacientes crónicos, por lo que las visitas al hospital se suceden prácticamente durante toda la vida.

Además, como su sistema inmune no funciona bien, "cualquier cosa que para un niño sano son dos días en casa, para nuestros niños supone ingresos, medicación intravenosa".

La tercera perspectiva es la de concienciación del niño para favorecer el autocuidado y la adherencia al tratamiento con la llegada a la adolescencia, que supone un momento crítico.

Según datos de la Organización Nacional de Trasplantes (ONT), el 30 % de los injertos se pierden en el paso de niño a adolescente, cuando el paciente tiene que asumir su cuidado y ya no está tan protegido por los padres.

Un momento en el que algunos se rebelan, porque ven que "su entorno lleva otra vida y no quieren ser diferentes".

A través de las experiencias interactivas de VTR se pretende que el círculo de amistades y familiares del paciente trasplantado sea consciente de sus cuidados y les anime a mantener su autocuidado y la adherencia al tratamiento, puesto que la medicación es su único seguro de vida.

A Sandra López, de 22 años, le hubiera gustado contar con esta herramienta cuando fue trasplantada hace veinte años, porque "para mí era todo nuevo. A veces me enfrentaba a distintas pruebas sin saber a lo que iba y si me hubieran preparado antes a lo mejor no hubiera sido tan traumático". EFE