Washington/Estambul, 10 ago (EFECOM).- El presidente estadounidense, Donald Trump, ha golpeado la debilitada economía turca al anunciar una subida arancelaria del 50 % al acero y del 20 % al aluminio, lo que ahondó el desplome de la lira, que hoy ha sufrido su mayor caída en trece años.

La tendencia a la baja de la divisa de Turquía, que ha llegado a perder en la jornada el 18 % de su valor frente al euro y el 17,2 % frente al dólar, se inició en 2013, se aceleró en el último año y el lunes pasado cruzó la barrera psicológica de cambiarse a seis liras por un euro.

Hoy ha superado las siete liras por euro y en su peor momento ha llegado hasta las 7,8 unidades por cada moneda europea y 6,8 por cada dólar estadounidense, las cotizaciones más bajas desde su reforma en 2005.

"Acabo de autorizar que se doblen los aranceles sobre el acero y el aluminio de Turquía, ya que su moneda se deprecia rápidamente hacia abajo contra nuestro fuerte dólar", señaló Trump en Twitter, y añadió: "¡Nuestras relaciones con Turquía no son buenas en este momento!".

La Casa Blanca emitió un comunicado poco después en el que detalló que Trump ha dado luz verde "a la preparación de documentos para incrementar aranceles a las importaciones de acero y aluminio procedente de Turquía".

Mientras, el Gobierno turco mantenía hoy una aparente actitud despreocupada, al limitarse a señalar que ganarán la "guerra económica" y sin plantear más medidas económicas que encomendarse literalmente a dios.

"Ellos tienen sus dólares, nosotros tenemos nuestro pueblo, nuestra verdad y nuestro dios", ha dicho el presidente turco, el islamista Recep Tayyip Erdogan, en un discurso previo al anuncio de Trump.

Erdogan ha usado un tono muy patriótico y nada técnico, en el que ha pedido a los turcos que cambien por liras sus otras divisas o el oro que tengan "bajo el colchón", para fortalecer así la moneda nacional, una solicitud que ya ha reiterado desde 2016 y especialmente las últimas semanas, sin apenas eco.

Al tiempo que Erdogan hablaba en público, la caída de la lira se intensificaba durante su discurso, y más cuando, más tarde, su yerno y ministro de Economía, Berat Albayrak, presentaba ante un grupo de empresarios el "nuevo plan económico" de estabilización.

Albayrak ha prometido "fundamentos sólidos", pero sin dar ni cifras ni datos sobre cómo estabilizar la moneda o reducir la inflación, que por primera vez en una década se sitúa en el 15 % interanual.

"No ha cumplido con la expectativa de los mercados de anunciar las medidas urgentes que se necesitan ahora mismo", ha opinado en declaraciones a Efe el catedrático de Economía Ahmet Öncü.

Otros economistas subrayan que el país euroasiático tiene déficit comercial y necesita inversiones extranjeras que no llegan ante el autoritarismo político y la carencia de independencia judicial.

También recomiendan una subida de tipos de interés que, tras el alza de junio, están en el 17,75 %, no muy por encima de la inflación.

Sin embargo, Erdogan desde hace años defiende que "unos altos tipos de interés causan una alta inflación" -una idea opuesta al consenso financiero- e incluso consideraría "traidores" a los dirigentes del Banco Central si subiesen los tipos.

Los bajos tipos han fomentado una economía basada en el consumo interno, que se sobrecalienta ahora, precisamente cuando Ankara y Washington atraviesan un complicado momento en sus relaciones, pese a ser aliados en la OTAN.

Trump y Erdogan tienen varios frentes abiertos, el último el encarcelamiento desde hace dos años en Turquía de un religioso estadounidense acusado de terrorismo, Andrew Brunson.

La Fiscalía turca pide 20 años de cárcel para el pastor protestante por sus presuntos lazos con la guerrilla secesionista kurda y con la red del predicador islamista Fethullah Gülen, al que Ankara achaca el fallido golpe de Estado de 2016.

Como medida de presión, Washington impuso hace una semana sanciones económicas contra dos ministros turcos y Trump dijo que Brunson "lleva demasiado tiempo como rehén".

Una presión que ha aumentado hoy con la anunciada subida de aranceles, unos gravámenes que la Casa Blanca precisa que se acogerán a una disposición legal conocida como Sección 232, que permite al presidente imponer aranceles unilateralmente si hay amenazas a la seguridad nacional o a la independencia en negociaciones de comercio. EFECOM

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