Violeta Molina Gallardo

Madrid, 23 abr (EFE).- El periodismo ha sufrido los envites de una doble crisis, una "formidable tempestad", pero también es muy culpable de su herida y sólo mediante un severo examen de conciencia podrá esbozar un "proyecto de cicatriz".

El huracán de internet y la crisis económica ha contribuido a la "catástrofe", pero la profesión periodística está "devastada incluso en lo más íntimo" y necesita sanar su identidad dañada, explica en una entrevista con Efe el autor del ensayo "Periodismo herido busca cicatriz" (ed. Plaza y Valdés), Javier Mayoral.

"El periodismo ha abusado de la autocomplacencia durante mucho tiempo: parecía que todos los males llegaban de fuera, que todos los culpables estaban al otro lado de la profesión. Y creo que no ha sido así, el periodismo tiene mucha culpa de lo que le ha sucedido. Hemos hecho muchas cosas mal", sostiene Mayoral en una entrevista con Efe.

En el ensayo, el profesor de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense dedica una mirada incisiva al ejercicio informativo y el diagnóstico es ingrato: "No hemos estado a la altura, podríamos haberlo hecho muchísimo mejor".

Para trazar el retrato de la herida, Mayoral ha contado con las reflexiones de Iñaki Gabilondo, Lucía Méndez, Jesús Maraña, Soledad Gallego-Díaz, Enric González, Álex Grijelmo, Ignacio Escolar, Vicente Vallés, Paco González, Rosa María Calaf y José Antonio Zarzalejos.

La principal crisis es de identidad. Ahora, además del mandato básico de informar se "quiere entretener con inmundicias que ninguna persona sensata consideraría periodismo".

Así, en una portada de un gran medio se puede encontrar la noticia del bombardeo en Siria al lado de "una tontería descomunal": "Y no pasa nada".

Esta espectacularización de los medios ha llevado a que las dosis de subjetividad y opinión crezcan cada vez más -alejándose de los hechos puros- en pro de prejuicios, intereses y creencias, una tendencia que va en contra de la credibilidad.

"A veces parece que los periodistas están haciendo las noticias para confirmar sus opiniones en Twitter", critica.

"La viralidad se ha convertido en un método de ideación y construcción de noticias", se ha caído en la demagogia de glorificar aquello que más gusta. Seriedad junto a frivolidad, trascendencia al lado de banalidad, alerta Mayoral.

El periodismo ha cedido espacio a los rumores -incluso a las noticias falsas- y la dictadura de la inmediatez ha relajado la exigencia de la comprobación de los hechos.

"Nos vemos en un mundo sembrado de mentiras en el que los medios de comunicación buscan audiencias y las audiencias demandan contenidos atractivos, apetecibles", subraya.

La realidad ya no basta, incide el profesor, y la frontera entre verdad y mentira está desprotegida. Además, la cercanía al poder, al que el periodista debería cuestionar siempre, ha contribuido a que éste pueda lanzar con más facilidad sus mensajes.

En ese contexto, han sido gestores y no periodistas quienes han dirigido los medios y muchos perdieron el norte buscando un escenario de "grandeza y esplendor".

La lista sigue: las redacciones se han esquilmado y están "adormecidas", así se han visto en la urgencia de sobrevivir como pudieran.

Además, el periodismo no domina su principal herramienta: el lenguaje. "Escribimos mal, bastante mal. (...) El periodismo debe reafirmar su autonomía a través del lenguaje".

Mayoral defiende que el objetivo único del periodismo es ofrecer a los ciudadanos contenidos básicos para que sepan qué sucede, comprendan qué está pasando y puedan tomar decisiones con libertad.

A pesar de la dureza de la crítica, Mayoral no quiere quedarse en el dolor: "Si algo nos ha sobrado durante estos últimos años quizá haya sido justamente eso, el resignado y continuado lamento que a nada conduce, salvo a la parálisis".

"Sé que la solución es muy difícil, pero no nos podemos quedar en el lamento continuo de 'qué mal estamos'. No me gusta nada el periodismo que da pena, nada, hay que hacer cosas para mejorarlo", sentencia.

Recuperar la maltrecha credibilidad exige modestia, prudencia y transparencia, recalca.

"Verdad, rigor y minuciosidad a cambio de credibilidad. Ese viene a ser el pacto que cabe proponer a los ciudadanos. Por ahí puede comenzar a tejer el periodismo la cicatriz con la que deje atrás su herida", defiende.

Mayoral concede que la profesión está herida, pero no tocada de muerte y recuerda que "no es la primera vez que todo está perdido".

"El periodismo no ha muerto, ni muchísimo menos, y cualquier intento de ponerle fecha de caducidad me parece una soberana tontería. (...) Pensemos en cómo sería el mundo sin periodismo, en cómo se comportaría el poder sin filtros", sugiere.

Al fin y al cabo, en este "mar de mentiras e insignificancias" en que estamos sumidos, "tiene más sentido que nunca". EFE