Nerea González

Johannesburgo, 28 mar (EFE).- Intérprete, modelo y mucho más que "tan solo" el nieto del actor de "Lawrence de Arabia", Omar Sharif Jr. se convirtió en activista de los derechos LGTB con su salida del armario en 2012 y, aunque hoy no puede regresar a Egipto, pide a los jóvenes como él "que aguanten" porque las cosas "mejorarán".

En una entrevista con Efe en Johannesburgo, donde esta semana participó en una edición especial del foro de derechos humanos Oslo Freedom Forum, Sharif, de 34 años, contó que cada día recibe unos 50 mensajes de jóvenes repartidos por Oriente Medio y el norte de África para los que, al convertirse en la primera celebridad del mundo árabe abiertamente gay, se transformó en un referente.

Muchos son mensajes de agradecimiento por darles visibilidad y legitimidad a las lesbianas, gais, transexuales y bisexuales (LGTB). Otros son llamadas de socorro que aun hoy le hacen sentirse "desamparado".

"Ni si quiera les digo que salgan del armario porque no pueden ser el cañón de mis ideales. Ellos probablemente tienen padres o abuelos que no poseen las experiencias de los míos trabajando en Hollywood. Así que les digo que aguanten y que permanezcan a salvo porque las cosas en algún momento mejorarán. Siempre lo hacen", recalcó el actor, de nacionalidad egipcia y canadiense.

Esos mensajes no solo son el motivo por el que vuelca parte de su vida en el activismo, sino que a él mismo le ayudaron a dejar atrás los pensamientos depresivos y suicidas que tuvo ante la reacción de odio desatada en Egipto cuando, en una carta abierta, confesó ser homosexual y mitad judío.

"Verdaderamente pensaba que, dado el estado del país, de la economía, de la situación de seguridad, iba a ser una nota al pie en la historia. Lo que no esperaba es que cuando hay problemas tan grandes en un país, a veces son las distracciones, el cotilleo, lo que gana más atención", rememoró.

"Me convertí en titular de los telediarios cada noche durante una semana. No esperaba eso, esa reacción", agregó.

Desde aquello no volvió a Egipto, ni siquiera para despedirse de su abuelo, el legendario actor Omar Sharif, intérprete de películas inolvidables como "Laurence de Arabia" o "Doctor Zhivago", que falleció en 2015, pero se mantiene optimista porque cree que el mundo avanza hacia la inclusividad.

"Un día volveré a casa porque creo que soy un patriota. Y para mí ser un patriota significa entregarse uno mismo por completo a su país. Pero el único modo que tengo de entregarme por completo es entregar mi 'yo' auténtico", señaló.

Mientras él hablaba en Sudáfrica el lunes, los egipcios comenzaban la primera de tres jornadas de votación para elegir nuevo presidente, con el actual jefe de Estado, Abdelfatah al Sisi, como indiscutible favorito.

Las ONGs internacionales consideran estas elecciones casi una farsa y denuncian el retroceso de los derechos civiles en el país en todos los ámbitos.

"Al final del día -puntualizó-, todos los egipcios están sufriendo. Las metas de la comunidad LGTB son mucho más modestas que en otros lugares del mundo. Queremos las mismas cosas que el resto: seguridad, estabilidad económica y el derecho a simplemente vivir nuestras vidas. Ahora mismo, nadie tiene esto".

Su salida del armario se produjo poco después de que la oleada de la Primavera Árabe barriera Egipto, pero acabase desembocando en la victoria electoral de los Hermanos Musulmanes.

"Teníamos la pasión pero no teníamos las herramientas políticas en aquel momento para hacerla buena", argumentó el actor, que también tiene formación universitaria en Ciencias Políticas.

"El único modo del que disponía de alzar la voz para ser más efectivo era hablar de todos hablando de mí mismo", consideró.

Desde entonces, el panorama para el colectivo gay no ha mejorado, sino todo lo contrario.

En los últimos meses se desató una oleada de represión, con docenas de arrestos, especialmente después de que una bandera arco iris ondeara en un concierto de la banda libanesa Mashrou Leila, cuyo cantante es amigo de Sharif, en El Cairo en septiembre pasado.

Hay, además, un proyecto de ley para criminalizar la homosexualidad, que actualmente no está perseguida en sí, aunque se castigue bajo otras formas, como el cargo de "libertinaje".

Sharif confía en que la nueva norma no llegue a aprobarse y, para ello, está en conversaciones con instituciones como el Banco Mundial, al que pide que retire las inversiones para los países que no garantizan la igualdad de derechos LGTB de la misma forma en que ya lo hace, por ejemplo, con los derechos de la mujer. EFE

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