Madrid, 21 feb (EFE).- La cultura campaniforme, probablemente surgida en la Península Ibérica hace unos 4.700 años, se propagó por Europa en tiempo récord. Ahora, el mayor estudio de ADN hecho hasta la fecha demuestra que no fue extendida por una población genéticamente homogénea sino que su difusión fue un fenómeno más complejo.

La cultura campaniforme conocida principalmente por sus vasijas con forma de campana invertida, muy decoradas y casi siempre halladas en tumbas, se desarrolló a finales del Neolítico y durante la edad del Cobre y del Bronce.

La dispersión de este fenómeno prehistórico, que tardó menos de 300 años en extenderse por todo el continente, es un tema controvertido para los arqueólogos que no están seguros de si esa propagación fue cultural, causada por una migración o por ambos.

Hoy, un estudio publicado en Nature y basado en el análisis del ADN de 400 esqueletos de toda Europa, "demuestran claramente que la expansión del fenómeno campaniforme no fue causado por una población genéticamente homogénea que se extendió rápidamente a lo largo de toda Europa", afirma a Efe Íñigo Olalde, genetista de la Harvard Medical School y primer firmante del trabajo.

Esta cultura, "la única de la prehistoria que nace en la Iberia y alcanza una dimensión paneuropea, se expande rápidamente por todo el centro y sur del continente, probablemente por cuestiones sociales", detalla a Efe el paleogenetista del Instituto de Biología Evolutiva (CSIC-UPF), Carles Lalueza-Fox.

"El complejo campaniforme tienen un gran componente simbólico: exalta la virilidad, la guerra y la caza, y esos elementos la hacen muy popular casi inmediatamente. De hecho, los vasos servían para beber cerveza -se han hallado restos- y siempre están enterrados junto a complementos guerreros como puntas de flecha, dagas o protecciones para arqueros", explica Lalueza-Fox.

El estudio genético, realizado por 144 científicos de Europa y Estados Unidos y coordinado por el genetista David Reich, que trabaja con Olalde en Harvard, ha determinado que, inicialmente, la cultura campaniforme se difundió desde la Península Ibérica transmitida como idea hasta Francia, Alemania, Polonia e Italia.

Una vez en Centroeuropa, la cultura campaniforme fue adoptada por sus habitantes que, 500 años antes habían sido 'conquistados' por los nómadas de las estepas asiáticas y que habían acabado con el 70 por ciento de los pobladores del Neolítico (descendientes de los agricultores del Oriente Próximo).

Pero los hallazgos más importantes del trabajo están relacionados con la dispersión del complejo campaniforme en las islas británicas, allí "el reemplazo poblacional tuvo un alcance impresionante": el 90 % de los británicos del neolítico -los que construyeron Stonehenge- fueron sustituidos por estas poblaciones centroeuropeas descendientes de los nómadas esteparios, destaca Lalueza-Fox.

Los análisis genéticos han demostrado además que los habitantes neolíticos de las islas británicas procedían de Iberia, lo que significa que la agricultura que llegó a Europa en el Neolítico desde Próximo Oriente, no llegó a las islas desde el continente sino por el Mediterráneo primero y la ruta atlántica después, es decir, que aquellos hombres eran "genéticamente más similares a un ibérico que a un inglés actual", agrega.

La llegada de los centroeuropeos supuso el fin de estos británicos que fueron sustituidos casi por completo por los varones centroeuropeos, tal y como demuestra el estudio del ADN.

"No sólo se sustituye la ancestalidad de los ingleses sino que se produce un sesgo reproductivo extremo, parece que sólo se reproducen los hombres que llegan con la cultura campaniforme", un comportamiento que podría tener explicaciones de tipo jerárquico y social porque el estudio del cromosoma Y desvela claramente que "solo se reproducían los hombres que venían del continente y que los hombres neolíticos ingleses casi desaparecen, no así las mujeres", detalla el paleogenetista catalán.

Por último, el trabajo desvela que los movimientos migratorios de la población centroeuropea llegó también a la Península Ibérica, donde se han encontrado restos genéticos de estas poblaciones.

Determinar cómo y cuándo se dieron los movimientos poblacionales que introducen el 'componente estepario' en la península es nuestro siguiente reto", concluye Robert Risch, investigador de la Universidad Autónoma de Barcelona y coautor del estudio. EFE