Badajoz, 18 feb (EFE).- El Tratado de Badajoz, firmado el 16 de febrero de 1267 para conformar la frontera entre España (en aquel entonces Castilla) y Portugal, la más antigua de Europa, fue bastante justo para ambos países, según aseguran los expertos 750 años después.

Los historiadores consultados por Efe han coincidido también en la escasa relevancia que las administraciones han dado a la efeméride pese a la trascendencia del acuerdo.

El tratado firmado entre Alfonso X de Castilla y León y Alfonso III de Portugal estableció el río Guadiana como la frontera entre ambos reinos, lo que fue "bastante racional" desde un punto de vista geoestratégico, según el historiador Moisés Cayetano.

En su opinión, el tratado fue fundamental para Portugal, pues supuso la consolidación del reino y el dominio del Algarve en un momento donde esta región del suroeste peninsular estaba en disputa entre Castilla y el territorio luso.

Respecto a Castilla, se obtenía la seguridad de que todas las tierras al este del Guadiana pertenecerían a su gobierno, aunque 30 años después el Tratado de Alcañices (Zamora) supusiera importantes pérdidas territoriales para España (Serpa, Moura, Mourao, Barrancos, o Campo Maior).

El problema de España se encontraba en ese momento en las sublevaciones de moriscos que se producían en territorio castellano, lo que hacía que un conflicto con Portugal hubiera supuesto tener que dividir sus fuerzas, según Cayetano.

El historiador Carlos David Sánchez ha señalado que este tratado fue muy significativo para Badajoz, una ciudad que albergó distintos acontecimientos de relevancia por su carácter fronterizo, no siempre pacíficos.

Badajoz ha sido así siempre un punto importante en las negociaciones entre España y Portugal, ha subrayado Cayetano.

En opinión de Sánchez, esta efeméride no debería haber pasado "de puntillas" por Extremadura y Badajoz.

Para este historiador, este tratado "no debe quedar solo en los libros" y ha reclamado iniciativas para que los ciudadanos conozcan su pasado, como por ejemplo, una recreación que implicara a la ciudad.

Según Cayetano, se debería reivindicar el tratado por su peso histórico, pues pese a los posteriores acuerdo de Alcañices (1297) y el que supuso el regreso de Olivenza (Badajoz) a España (1801), fue el que definió ya de una manera clara la frontera hispano-portuguesa, la más antigua de Europa. EFE

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