Atahualpa Amerise

Seúl, 30 sep (EFE).- Corea del Sur ha condenado durante décadas a inocentes acusados de espionaje con pruebas ficticias y confesiones forzadas. La historia de los "falsos agentes norcoreanos", que suman casi un centenar desde tiempos de la dictadura hasta hoy, llega a la gran pantalla en un polémico documental.

Durante el Gobierno de Park Chung-hee en los 60 y 70 el servicio de inteligencia surcoreano, llamado entonces KCIA, comenzó a señalar como "espías comunistas" y condenar a prisión o a muerte a cualquier sospechoso de alzar la voz contra la junta militar que lideraba.

Bajo el actual Administración de Park Geun-hye, hija del dictador elegida en las urnas en 2011, el servicio de inteligencia -ahora NIS- también ha creado falsos espías, en este caso tomando a desertores norcoreanos como chivos expiatorios. La trama, destapada en los juzgados, se explica con detalle en "Spy nation".

El largometraje producido por el periodista Choi Seung-ho bajo la plataforma independiente Newstapa, que llegará a los cines surcoreanos en octubre y al festival estadounidense Sundance el próximo año, repasa historias como la de Yu Woo-sung, un norcoreano de etnia china que huyó a Corea del Sur en 2004 con solo 23 años.

Este refugiado se adaptó excepcionalmente bien a su nuevo entorno hasta el punto de trabajar como funcionario en el Ayuntamiento de Seúl, pero en 2013 comenzó su pesadilla. El NIS le arrestó al considerarlo un espía de Corea del Norte.

Tras varios meses en la cárcel, Yu fue absuelto por los jueces. El suicidio y la nota de arrepentimiento dejada por uno de los agentes implicados demostraron que los servicios de inteligencia habían falsificado documentos y extraído confesiones falsas a su hermana para crear un chivo expiatorio a medida.

Yu Woo-sung tenía dos puntos débiles para convertirse en un falso espía: era de origen chino y su hermana acababa de llegar a Corea del Sur y permanecía recluida por el NIS para verificar su identidad.

"Los agentes la forzaron a confesar que su hermano era un espía norcoreano bajo la amenaza de deportarles si no lo hacía", explica a Efe el director.

Tras el escándalo del caso de Yu en 2014 se reveló el de Hong Kang-cheol, desertor norcoreano de 43 años, que fue retenido y coaccionado durante 84 días hasta firmar una confesión en la que aseguraba ser un espía del régimen del que había huido en busca de libertad. Sin embargo, al final el juez también le absolvió sin cargos.

La búsqueda de chivos expiatorios es habitual en las dictaduras, pero ¿qué sentido tiene en un sistema democrático como el de Corea del Sur? El director de "Spy nation" ofrece algunas pistas.

"Si el NIS no puede atrapar espías pierde su función principal", explica, convencido además de que el Gobierno busca mantener vivo entre la población surcoreana el miedo hacia Corea del Norte.

Choi Seung-ho también recuerda que los funcionarios que atrapan espías "reciben recompensas, medallas y un futuro espacio en el Cementerio Nacional donde yacen los héroes de la patria", lo que supone un importante incentivo para llevar los interrogatorios al extremo y lograr confesiones sin importar su veracidad.

El documental también indaga en los casos de "falsos espías" durante los años 60 y 70: estudiantes, opositores políticos o activistas de izquierdas torturados, encarcelados y condenados a muerte por la KCIA tras señalarlos como agentes de Corea del Norte para cortar cualquier foco de disidencia contra Park Chung-hee.

La Comisión de la Verdad y la Reconciliación y la Fundación de la Verdad creadas la pasada década demostraron la inocencia de casi un centenar de condenados, aunque para muchos ya era tarde porque habían muerto a manos de la dictadura militar o después.

Sin embargo, otros han quedado en el olvido y el número real de víctimas se estima mucho mayor. El sexagenario Kim Seung-hyo, otro de los protagonistas de "Spy nation", nunca presentó una demanda y por ello su nombre aún no ha pasado de la lista de espías norcoreanos a la de víctimas de la represión del Sur.

Kim estudiaba en la Universidad Nacional de Seúl cuando los agentes de la KCIA le encerraron en uno de sus calabozos bajo sospechas de liderar un movimiento estudiantil.

Crueles torturas, una falsa confesión forzada y siete años de cárcel le ocasionaron un grave trastorno mental que le ha obligado a pasar gran parte de su vida en hospitales psiquiátricos, según recoge el documental.

Viejos amigos tratan de convencerle de que acuda a los juzgados para demostrar su inocencia pero el anciano, que reside en Japón, se muestra reticente a regresar a Corea del Sur, un país del que reniega abiertamente.

"Quiero olvidar esos tiempos oscuros, esos días que fueron como un infierno para mí", lamenta, con el habla entrecortada por las secuelas de los puñetazos, vejaciones y amenazas que le infligieron hace 40 años. EFE

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