Irene Dalmases

Barcelona, 28 mar (EFE).- Su abuelo disfrutó siendo zapatero. Su padre estaba orgulloso de su trabajo como albañil. Y él, Rafael Santandreu, es un reconocido psicólogo cognitivo, que lleva la vida que desea llevar. Acaba de publicar "Ser feliz en Alaska", donde presenta un método para que el lector pueda reprogramar su mente.

En una entrevista con Efe, reconoce que con solo leer el libro una persona no se convierte de la noche a la mañana en alguien sano y fuerte a nivel emocional, pero tampoco "yendo al psicólogo, porque lo que hay es que practicar un montón, hacer una buena autoterapia, de forma intensa, y en tres meses ya se puede notar un cambio".

Con más de un millón de ejemplares vendidos de sus anteriores obras como "El arte de no amargarse" y "Las gafas de la felicidad", aunque también hay quien le critica ferozmente por defender que "no hay que preocuparse nunca", ahora regresa a los anaqueles con un volumen publicado por Grijalbo y Rosa dels Vents en el que indica que las neurosis que amargan la vida a muchos son el resultado de "una mentalización errónea".

A su juicio, "el 99 por ciento de las emociones de nuestras vidas cotidianas nos las inventamos" y agrega que "el crecimiento personal está en modular esas emociones, no en que éstas te modulen a ti".

Considera que la "vía regia" para llegar a la felicidad, que es lo "esencial" en la vida, es la renuncia. "Para ser feliz, hay que renunciar todos los días a muchas cosas, dándose uno cuenta de lo fácil que es hacerlo, porque hay cosas que no se necesitan", apunta.

A la vez, subraya que "todo está en eterno cambio y cuando se cierra una puerta se abren cinco más".

"Lo permanente es la muerte -agrega- y eso es lo que no mola, pero la sociedad está muy loca porque lo que se dice es que la eternidad es lo bueno".

Tampoco oculta que "la sociedad no tiene arreglo, aunque nos podamos salvar individualmente, no lo podemos hacer como colectivo".

En su opinión, "la tendencia del hombre es a mal pensar que cuanto más se tiene, mejor se está, lo que es un fallo del cerebro, de la mente humana que no está muy desarrollada, que no piensa a nivel ecológico o multifuncional, que es simple, y tiene la tendencia a querer a sobreexplotarlo todo".

Rafael Santandreu, que ofrece conferencias en todo el mundo, con fieles seguidores en España, Italia y países como México, Argentina, Colombia y Uruguay, arguye que "no comprendemos nada, no sabemos por qué estamos aquí, pero sabemos que seguimos unas leyes naturales que son increíblemente gigantescas y hermosas". "Seamos armónicos con ellas", propone.

En este punto, confiesa que su tío acaba de morir, después de una vida plena, siguiendo una ley natural. "Aunque no lo comprenda es para bien, la muerte es tan hermosa como un nacimiento, es parte de un proceso vital fantástico, hay que dejar de ver la muerte como algo negativo".

Sostiene el psicólogo que "hay gente que tiene duelos muy complicados por la irracionalidad de que la muerte es negativa y de que se vive eternamente, pero esto es un momentito. Yo voy a palmar dentro de nada", apostilla.

Amante del senderismo y defensor desde hace años de las relaciones abiertas entre las parejas, remarca la importancia de "apreciar las pequeñas cosas de la vida" y dice que los que más de acuerdo están con sus creencias son gente que vive en la montaña, que ve "como nos vamos cargando de responsabilidades, cuando lo importante y lo bueno es dormir la siesta".

Sin embargo, estas teorías "no se quiere que triunfen, prefieren las de alguien como Risto Mejide, que en su última columna en El Periódico aboga para que se ataque a Estado Islámico a nivel militar, después de lo de Bélgica, pero a esta gente lo que hay que darles es cariño y amor, algo que no se quiere oír". "La neurosis colectiva es imparable si quienes hablan en nombre de la multitud son los más neuróticos", proclama. EFE

id/sr/jlg