Madrid, 10 oct (EFECOM).- Las 'loyalty shares', o 'acciones de lealtad', han empezado a ensayarse en Europa como fórmula para premiar la permanencia de los accionistas en las empresas y, en última instancia, para evitar una gestión basada en el corto plazo, uno de los problemas que han emergido durante la crisis económica.

Esta figura, que consiste en conceder derechos de voto adicionales a los accionistas más estables, sólo se aplica de momento en Francia y en Italia, pero ha llegado a España de la mano de Iberdrola, que ha planteado un debate sobre esta fórmula en sendos encuentros organizados esta semana en Bilbao y Madrid.

La eléctrica ha subrayado que no se trata de una propuesta de la compañía y que su único interés es dar a conocer a sus accionistas y a la comunidad financiera las últimas novedades en el ámbito del gobierno corporativo.

De hecho, las exposiciones han estado a cargo de Luca Enriques, profesor de Gobierno Corporativo en Oxford, y Gabriel Alsina, responsable de Institutional Shareholder Services (ISS) para el sur de Europa.

Según estos dos expertos, las 'loyalty shares' cuentan con el rechazo de los inversores institucionales -salvo los accionistas de referencia, que suelen mantenerse en el capital durante más tiempo- porque limitan su forma de actuación.

También es una fórmula bien acogida por las empresas familiares y por las compañías públicas, ya que permite a sus accionistas de control -la familia propietaria o el Estado- reforzar su posición sin coste alguno.

En Francia, la legislación establece que las empresas deben tener 'loyalty shares' salvo que la Junta de Accionistas decida lo contrario.

En Italia, el mecanismo es el opuesto: existe la posibilidad legal, pero la Junta de Accionistas debe aprobar expresamente su aplicación.

Pese a los recelos que suscita, el objetivo de esta fórmula es paliar un problema real: los efectos negativos que en la gestión de las empresas está teniendo la cada vez menor permanencia de los accionistas en el capital.

"Se mira al corto plazo porque los inversores piden resultados muy rápidos", ha explicado Íñigo Elorriaga, director de Gobierno Corporativo de Iberdrola, en un encuentro con la prensa.

Sin embargo, no es ésta la única fórmula para aumentar la estabilidad de los accionistas.

También se pueden conceder mejores derechos económicos o gravar más la venta de acciones si no ha transcurrido un plazo determinado desde el momento de la compra.

En cuanto a la Política de Involucración, una iniciativa recientemente aprobada por la eléctrica, Elorriaga ha explicado que supone "abrir las ventanas" de la empresa para que los accionistas puedan mantener un diálogo constructivo con ella, un propósito en el que juegan un papel destacado las nuevas tecnologías. EFECOM