Sofía Fernández Saavedra.

Madrid, 3 oct (EFE).- Desde Madrid hasta la Maternidad de Nikki (Benín, oeste de África) ha viajado el prototipo de la incubadora de bajo coste para bebés ideada por el ingeniero Alejandro Escario, una máquina "fácil de montar y sencilla de utilizar y reparar" que busca facilitar la vida en los países en vías de desarrollo.

Gracias a la Fundación Alaine y al departamento de voluntariado de la Universidad CEU San Pablo de Madrid, el pasado 15 de septiembre las piezas del prototipo de la incubadora, realizada con materiales baratos con un coste de unos 300 euros -en Occidente, cuestan entre 6.000 y 60.000 euros- llegaron a Benín.

Casi diez días después, el 24, estaban en la maternidad de Nikki, donde ya la han montado y "todo ha ido bien", salvo la fuente de alimentación -como la de un ordenador-, que se dañó durante el viaje, explica Escario en una entrevista con Efe.

Sin embargo, el ingeniero de telecomunicaciones e informático considera este contratiempo como un "punto positivo" que va a permitir evaluar si realmente el diseño puede ser reparado por los países del Tercer Mundo, uno de los objetivos del proyecto.

Además de que sea fácil de reparar, Escario se marcó la prioridad de que fuera un diseño "muy sencillo" para que los artesanos locales pudieran reproducirlo, simple de montar y que fuera de bajo coste para que fuera accesible a países con escasos recursos.

Por este motivo, se decantó por la madera como material principal -en África es más barata que en Europa- y por las piezas de plástico estrictamente necesarias.

El resultado ha sido una incubadora que permite calentar o enfriar el espacio interno, controlar la temperatura y la humedad, y el diseño de las patas hace que se pueda inclinar para tratar determinadas afecciones.

"No pretende en ningún momento sustituir a las incubadoras de verdad, ni puede", recalca Escario tras explicar que solo quiere llenar el hueco en aquellos lugares en las que no puede haberlas por diversos motivos, como es el caso de Benín.

Este país africano es el único elegido hasta el momento para, hasta enero, probar la incubadora de bajo coste, ya que el joven ingeniero quiere ser cauto y esperar a las primeras reacciones para ver cómo se puede mejorar el diseño.

En principio, el proyecto gusta y resulta interesante, pero aún hay que hacer pruebas y trabajar "con paciencia y haciendo las cosas bien", señala Escario.

Tras este primer prototipo que ha realizado tras cursar un curso de ingeniería biomédica y un curso de fabricación digital, le gustaría que su idea se convirtiera en el "proyecto de mucha gente" para que expertos en diversos ámbitos aporten su granito de arena para poder avanzar.

Escario ha elaborado la incubadora "low cost" bajo la dirección de la coordinadora del FabLab Madrid CEU -integrado en la red mundial de laboratorios del Center for Bits del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT)-, Covadonga Lorenzo, dentro del FabAcademy, y ha contado con el asesoramiento semanal, por videoconferencia, del director del Center for Bits and Atoms del MIT, Neil Gershenfeld.

Tras un "año duro y de mucho trabajo", Escario ha participado y ha presentado su proyecto en la convocatoria Medicine X Conference, que se celebró en Stanford University, y ha recibido el premio Best Medical Project de los Global Fab Awards, que organiza el MIT.

Un premio que no se esperaba, por lo que al recibirlo titubeó al decir "gracias" porque como él mismo asegura no sabía que decir. EFE

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