Carmen Sigüenza

Madrid, 1 oct (EFE).- Con el espíritu y "pensamiento salvaje" de Thoreau, considerado el padre de la "desobediencia civil" como hilo conductor, el escritor mexicano Jordi Soler ha cosido su libro "Los ensayos bárbaros", 47 ensayos sobre cómo las nuevas tecnologías y la saturación de información han orillado el pensamiento humanista.

Publicado por Círculo de Tiza, el libro reúne treinta años de pensamiento del novelista, poeta, articulista y ensayista Jordi Soler (La Portuguesa, México, 1963), afincando en Barcelona desde hace años, y una de las voces más interesantes del panorama literario.

Con humor y distancia y sin mostrar un pensamiento reacio al progreso o las nuevas tecnologías, sino todo lo contrario, ya que Jordi Soler confiesa ser un entusiasta de ellas, el autor lanza una llamada de atención sobre le peligro que corre "el pensamiento, acosado por la velocidad y el bombardeo de información".

"Hay una batalla que tenemos que dar contra las nuevas tecnologías, y yo no soy un detractor de las nuevas tecnologías, soy un entusiasta; tengo twitter, Instagram, leo los diarios en las tabletas, tengo Ipod, leo en Kindle; pero estas nuevas tecnologías nos han orillado a un mundo que va a gran velocidad, y yo creo que el mundo tiene una parte lenta por la que hay que caminar y ponerse a reflexionar", argumenta el autor a Efe.

"Tenemos que detener la catarata de información cada vez que prendamos el ordenador porque va contra el pensamiento y la reflexión -continúa-. La inteligencia, el cerebro es un disco duro con un número limitado de megabytes y la información consume estos megabytes.

Y es que el autor de "Ese príncipe que fui" asegura que la reflexión necesita un espacio vacío para poder correr para tener ideas y voz "y si ese disco duro está lleno de información con la que nos bombardean todo el tiempo, no podemos pensar por nosotros mismos, y esto es muy grave -recalca- porque empezamos a pensar como quiere la gente que nos inocula todos esos pensamientos".

"Me parece imperativo hacer un alto y pensar en lo que nos están diciendo. Apagar los aparatos estos y detenernos a pensar", asevera este escritor que vive ahora en la Barcelona, ciudad que su familia abandonó tras la Guerra Civil para exiliarse en México.

Con referencias a James Joyce, Thomas Mann, Tony Judt, Eric Clapton, Jung, Orwel, Montaigne, Kerouac, Pascal o al pintor Miquel Barceló, entre otros muchos, los ensayos de Soler tienen el espíritu contestatario y crítico del filosofo y precursor del ecologismo, Henry David Thoreau.

"Siempre me ha entusiasmado el pensamiento salvaje de Thoreau porque es un pensamiento a contrapelo de la Academia, como era él. Tenía un alegato contra la modernidad del siglo XIX, le molestaba el tren, el colonialismo que ejercía Estados Unidos, su país, contra México y que por eso se negaba a pagar sus impuestos", recuerda Soler.

"Era un resistente y el concepto de pensamiento salvaje me lo he apropiado porque yo hago un poco de pensamiento salvaje también, porque no tengo ninguna formación filosófica, ni como ensayista. Llevo escribiendo 30 años ensayos y me siento como a orilla del lago Walde", la laguna de Massachusetts donde se refugió Thoreau para escribir "Walden. La vida en los bosques", un libro que ha vuelto a editar Errata naturae.

En uno de los muchos ensayos, Soler especula sobre un mundo sin artistas, donde ensaya sobre la teoría de que el arte es un producto de estos espacios vacíos de la mente que tanto reivindica el autor para vivir, "porque para crear se necesita la ociosidad", añade.

"El arte está basado en estos momentos de espacios vacíos que te permiten tener ideas, esas que han creado las obras importantes, y que con tanto ruido, tráfico de información y velocidad, cada vez es más difícil tenerlos", concluye. EFE

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