Aurelio Martín

Segovia, 20 sep (EFE).- El escritor egipcio Alaa Al-Aswany, cuya novela "El edificio Yacobián" se convirtió en un fenómeno editorial en el mundo árabe en 2002, se ha mostrado hoy convencido en el Hay Festival de Segovia que gracias a la literatura, nos convertimos "en seres más humanos, sensibles y tolerantes".

En una conversación con el jefe de gobernanza de Casa Árabe, Karim Hauser, sobre "El Automóvil Club de Egipto", su última novela, el popular autor nacido en 1957, que ejerce la profesión de dentista en El Cairo, ha insistido en que "la literatura es un arte de la humanidad".

Al-Aswany, partícipe en la revolución egipcia, en 2011, situado al lado de los intelectuales de izquierda egipcios, ha relatado la carga de sentimientos y emociones de su obra, confesando que escribe porque siente cosas, porque se enamora de su novela, lo que no puede justificar con razones objetivos.

Le ha ocurrido en el caso del "Automóvil Club Egipcio", donde su padre trabajaba como abogado y lo llevaba de niño, enamorado de una época, la década de los cuarenta del siglo pasado, de lo que le contaban camareros y cocineros, muchos de los cuales habían trabajado para la familia real.

Sin embargo también ha reconocido una razón objetiva en esta novela y es el paralelismo de aquella época con el periodo entre 2000 y 2010, en las puertas de la primavera árabe, "porque son periodos donde todo el mundo sabía con certeza que iba a caer el antiguo régimen y también planteaba dudas sobre qué vendría después", ha matizado.

Aunque se haya considerado como el "peor ubicado" para analizar la obra, este autor de estilo directo y con extraordinaria capacidad para describir Egipto en su intensidad plena, ha subrayado que, en base a las críticas en países como Dinamarca, Alemania o Francia, su "Automovil club" es la novela de la Primavera Árabe, pese a discurrir en la década de 1940.

Todo porque, en su opinión, los personajes se plantean las mismas preguntas que los egipcios actualmente, como si fue buena la idea de la revolución o si están preparados para pagar el precio de la libertad.

Alaa Al-Aswany se ha referido a Egipto como un país estratificado, "porque no solo somos árabes, en cada egipcio se aprecia África, la época faraónica o muchos elementos de los imperios griego y romano", a la vez que ha realizado una proclama de "amar a los demás respetándolos, independientemente de sus diferencias".

Criado en el seno de una familia intelectual, de padre escritor, Abbas al-Aswani, en el lado más político de la conversación ha asegurado que "nuestra lucha es para liberar al pueblo egipcio de la ocupación".

Ha ironizado diciendo que entre la ocupación inglesa y los dictadores "no hay una gran diferencia, al contrario, es más convencional si es una dominación por una potencia extranjera, pero si el dictador es egipcio, hay gente que no lo ve, pero la lucha continúa, el pueblo puede llegar a ser independiente".

Para el también autor de "Chicago" y "Egipto: Las claves de una revolución inevitable", la lucha de los egipcios está vinculada con el derecho a decidir e impedir "que nadie imponga nada al pueblo", a la vez que ha asegurado que el problema no reside en el Islám, sino en la interpretación que se quiera hacer de él.

Por eso ha recordado que, en 1898, en Egipto, "se hacía una interpretación muy abierta y tolerante", donde se apoyaban los derechos de la mujer y la democracia, mientras ha vinculado actualmente a las familias reales de Arabia y países del Golfo con el wahabismo.

Al-Aswany ha considerado que las mayores mezquitas reciben apoyo wahabista y que la interpretación del Islám que realiza es "la del terrorismo, el Estado Islámico aplica el wahabismo", ha asegurado, antes de lamentar que personas que aceptan la dominación.

A su juicio, ahora, en Egipto, tras dos generaciones que han sacrificado su libertad, "los jóvenes tienen una idea que sus padres no entienden, no están satisfechos con el presidente Al-Sisi y quieren ser libres".

Con un buen humor a lo largo de toda su intervención, Al-Aswany ha concluido poniendo en duda que la psicología o la psiquiatría sean ciencias exactas porque, según ha dicho, "nadie puede decir quién está bien o quién esta mal mentalmente". EFE

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