Sevilla, 17 jul (EFE).- El delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz, ha afirmado hoy que la intervención de la Policía con la detención anoche del presunto autor de la muerte de un sacerdote evitó que éste hubiera cometido a continuación "una agresión que pudiera ser de violencia de género" contra su expareja.

En rueda de prensa, el delegado del Gobierno ha lamentado el fallecimiento anoche del vicario de la iglesia de San Isidoro y capellán del convento de San Leandro, Carlos Martínez Pérez, de 76 años, que murió en la puerta de su domicilio de Sevilla tras una brutal agresión perpetrada, al parecer, por la expareja de una sobrina suya que padece un trastorno psiquiátrico.

"La rapidísima intervención de la Policía que en minutos provocó la detención del presunto agresor seguramente ha evitado incluso una posible agresión que pudiera haber sido de violencia de género, salvando una vida", ha dicho Sanz.

El delegado ha confirmado que no existía ninguna denuncia previa contra el detenido, que permanece en dependencias policiales, y ha apostado por "investigar todas las circunstancias antes de sacar conclusiones".

"Yo no daría nada por seguro, dejaría prudentemente que la investigación aclarara en qué circunstancias se dieron los hechos", ha insistido el delegado del Gobierno al ser preguntado sobre si el presunto agresor había escapado recientemente de un centro psiquiátrico.

Sanz ha considerado que sería "precipitado" pronunciarse sobre las posibles causas del suceso y ha abogado por esperar "a la declaración del detenido y a la instrucción del juez en su momento".

"Sí parece que el detenido pudiera tener otras intenciones y que la actuación policial ha podido salvar la sinrazón de una persona en otros posibles casos que hubieran agravado aún más la situación", ha insistido.

El cuerpo del sacerdote fallecido se encuentra en el Instituto Anatómico Forense de Sevilla, y por ahora se desconoce la fecha y la hora en que se celebrarán las exequias, mientras que el presunto agresor continúa en dependencias policiales. EFE