Marcelo Nagy

Budapest, 10 jun (EFE).- "Ha Magyarországra jössz, nem veheted el a magyarok munkáját". Así, en húngaro, advierten unas pancartas colocadas por el Gobierno en las calles de Hungría a los refugiados de Oriente Medio de que no deben quitar el trabajo a los locales, una campaña denunciada por la ONU y la UE como "incitación al odio".

"Si vienes a Hungría, tendrás que respetar nuestra cultura" y "Si vienes a Hungría, tendrás que respetar nuestras leyes", son las otras dos advertencias lanzadas por el Ejecutivo conservador nacionalista del primer ministro magiar, Viktor Orbán.

El hecho de que estos mensajes estén redactados en húngaro evidencia que, en realidad, la campaña está dirigida a la opinión pública del país.

Según los analistas, Orbán quiere dar una imagen de dureza para que los votantes de su partido, el Fidesz, dejen de marcharse al ultraderechista Jobbik.

Los sondeos indican que muchos votantes están desencantados con el Fidesz, cuyas preferencias han caído hasta tal punto que el Jobbik ya le pisa los talones en las encuestas.

Con esta controvertida campaña, el Gobierno trata de tomar la iniciativa en el tema de la inmigración, un asunto en el que el Jobbik ha intensificado su discurso radical y xenófobo.

Los carteles y el aumento de los controles fronterizos con Serbia son los ejes de esta nueva política de dureza, con la que Orbán dice que quiere frenar la ola de inmigrantes que el país registró este año.

El primer ministro húngaro ha rechazado las propuestas de Bruselas de repartir entre los países de la Unión Europea (UE) a los refugiados mediante un sistema de cuotas, una idea que ha tachado incluso de "locura".

Hungría, que forma parte del espacio Schengen (libertad de movimiento sin controles fronterizos en la UE), es uno de los países que más refugiados, sobre todo kosovares, sirios e iraquíes, ha acogido en los últimos meses.

Después de enviar a unos 8 millones de hogares un cuestionario en el que se pide la opinión de los húngaros respecto a la inmigración ilegal y en los que se sugiere una vinculación entre este fenómeno y el terrorismo, el siguiente paso del Ejecutivo han sido los carteles.

"Es preocupante que haya un creciente ambiente hostil hacia los inmigrantes", asegura a Efe Ernö Simon, portavoz de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) en Budapest.

En ese contexto, recuerda que Hungría tiene obligaciones de acuerdo a la Declaración Universal de Derechos Humanos y la Convención de Ginebra sobre refugiados.

De hecho, la consulta ciudadana y los carteles en las calles ya han generado fuertes críticas dentro y fuera del país.

El Parlamento Europeo aprobó hoy una resolución en la que condena la consulta pública por establecer un "vínculo directo" entre inmigración y terrorismo.

La respuesta de la oposición de izquierdas ha sido inmediata en Hungría.

El partido opositor "Együtt" (Juntos) anunció que romperá los carteles y denunció que el Fidesz ha iniciado "una campaña de odio".

Una mezcla de rabia y humor caracterizan las reacciones, ya que más allá de lo anunciado por el Együtt, el llamado "Partido del Perro de dos Colas", una formación protesta, ha iniciado una colecta para colocar carteles con textos como "Disculpas por nuestro primer ministro".

Mientras, el Gobierno prepara un proyecto de ley para endurecer las condiciones de la inmigración, declarando a la vecina Serbia como "país tercero seguro".

De esta forma, indica el Fidesz, ningún inmigrante que llegue desde Serbia podrá ser considerado refugiado con derecho a asilo político.

"Eso sería anticonstitucional", asegura Simon, ya que Serbia no está considerado un país seguro por la UE.

Además, recuerda que la Constitución de Hungría establece que nadie puede ser expulsado a una país donde podría estar en peligro o donde lo podrían someter a tratos inhumanos o castigos.

En lo que va de año, las autoridades húngaras han retenido a unos 53.000 inmigrantes ilegales, que llegaron al país sobre todo de Kosovo, Siria, Irak y Afganistán, explica Simon.

Eso sí, la gran mayoría de los inmigrantes que no son detectados por las autoridades sigue su ruta hacia otros países, en especial Alemania, Austria y Suecia. EFE