Luis de León.

Madrid, 10 abr (EFE).- Hay un escritor muy catalán que representa la heterodoxia y la disidencia desde una visión ilustrada, escéptica, y que no se deja arrollar por el oportunismo como Josep Pla, Gaziel o Pere Gimferrer, y que el ensayista Jordi Gracia ha querido reflejar en su libro "Burgueses imperfectos".

En una entrevista con Efe acerca de su ensayo subtitulado "Heterodoxia y disidencia literaria en Cataluña: De Josep Pla a Pere Gimferrer", publicado por la editorial Fórcola, el también catedrático de literatura española de la Universidad de Barcelona, afirma que estos escritores tuvieron un alto grado de independencia e imaginación moral, aunque algo escarmentada y lúcida para disimularla".

Para Gracia, estos autores se han nutrido de fuentes españolas (e hispánicas, en general), "y sin Baroja no hay el Pla que conocemos y sin Ortega, Ferrater Mora sería otro. Lo mismo que sin Juan Ramón Jiménez tampoco Margarit sería el que es como sin Rubén Darío o Lorca Gimferrer tampoco se parecería a sí mismo (y sin la cultura española Castellet sería ágrafo, si me permites la broma)".

Entre las características de estos escritores está la desconfianza "hacia la farfolla retórica, la incredulidad ante promesas ilusas, la valentía para decir no cuando todos dicen sí y hasta la murrieria (difícil de traducir al castellano: zorrería, quizá) de rebelarse calculadamente para no ser expulsados del todo de la tribu y mantener los lazos sin someterse sumisamente a ellos".

En cuanto a su nacionalismo catalán, según Gracia, es, como todos, "bascular y más o menos excitable en función de las coyunturas".

"Tú y yo seríamos frenéticos nacionalistas catalanes en el año 1945, sin ninguna duda, como pura reacción civil y moral contra la opresión arbitraria y feroz de la dictadura", añade Gracia, "pero durante la República hubiésemos asumido que las vías de entendimiento propiciaban una rebaja de las fiebres para acentuar los acuerdos y la mutua tolerancia dentro de un plan superior".

Para Gracia fue el filósofo Ferrater Mora, "el más perspicaz y desapasionado con respecto a la ordenación territorial del Estado junto a algún otro, como Gaziel".

"Su exilio, en este sentido, fue una escuela de escepticismo ante misticismos de cualquier tipo, a la vez que lo fue contra voluntarismos sin demasiado sentido civil y social (pero muy respetables como opción individual: el sentimiento de pertenencia exclusiva a Cataluña me parece reductor y empobrecedor, pero no una villanía ni un delito)".

Preguntado si hoy día hay lectores que demandan una novela de corte nacionalista, Gracia afirma que "existe, claro que existe, en catalán y en castellano".

"Hay escritores como Empar Moliner o Francesc Serés, que son independentistas, y han sido valiosos burlones de las taras de la tribu, como lo han sido dos escritores sin asomo de patriotismo pasional, como Sergi Pàmies y Jordi Puntí, mientras que algunos van a su aire sin que su obra pierda fuerza crítica, como Eduard Màrquez.", añade.

Asimismo señala que tampoco se ha perdido al escritor catalán de lengua y origen que escribe en castellano, "aunque lo parezca bajo la presión mediática y política de una corriente que tiene dificultades para integrarlos como patrimonio propio: Vila-Matas, o Cercas, o Pérez Andújar son catalanes nativos que usan el castellano sin la menor dificultad con el catalán (ni con la literatura española, claro)".

Respecto a las relaciones entre ambas literaturas, Gracia responde que superada la muy equivocada política del PP hacia Cataluña en distintas etapas, "la ruptura de relaciones no es tal en medios universitarios o intelectuales, tampoco literarios, aunque las conveniencias oportunistas y a veces la más estricta miopía política haya intentado reducirlas al mínimo e incluso anularlas".

Pese a que unos y otros "viviésemos sin vernos, el cine premia con un montón de goyas a una película catalana, un montón de productoras televisivas trabajan para televisiones españolas, la mitad de las caras de los hombres/ mujeres del tiempo y de los presentadores de noticias radiotelevisivas son catalanes y hasta al menos dos de las próximas biografías de Cervantes serán obra de catalanes".

Durante el franquismo no hubo ninguna tolerancia singular con el catalán "sino la impotencia para controlar sus múltiples focos de resistencia progresiva que fueron conquistando sucesivas parcelas de espacio público en revistas, editoriales y periódicos".

En cuanto al proceso independentista, según Jordi Gracia, en el plano político depende del nuevo mapa político que saldrá este año.

"En el teórico y especulativo, habría que poner en marcha los mecanismos de pedagogía sobre la realidad federal que es España, para aprovechar las riquezas de todos y sin que nadie sienta opresión o desequilibrio en un reparto de poderes que incluye a cada federación y a la vez respeta el espacio de cada una de ellas", afirma.

"No parece ningún disparate, ni a años luz del Estado Autonómico actual, pero los dos nacionalismos dominantes en uno y otro lado han han fingido no tener que pactar entre ellos nada porque los dos carecían de límites a su poder: uno con su mayoría absoluta, el PP, y el otro con las calles abarrotadas", concluye. EFE