María Luisa Gaspar.

París, 18 mar (EFE).- El cineasta español Gonzalo García Pelayo llega a París y se instala a partir de hoy con su audacia y su verdad en la Galería Nacional del Jeu de Paume, histórico lugar ocupado por los impresionistas, que desde 2004 explora las vanguardias internacionales de la imagen fotográfica.

Para recibir a este hijo adoptivo de Andalucía nacido en Madrid, en 1947, presentado como posible eslabón perdido entre el arte de Luis Buñuel y Pedro Almódovar, el museo organizó hasta el próximo 6 de abril el ciclo "VIV(R)E LA VIE! Symphonie underground. Le cinéma de Gonzalo García Pelayo".

La agenda incluye los preestrenos franceses de sus seis películas y dos fines de semana especiales, uno dedicado al flamenco y otro compartido con la obra de su colega no menos heterodoxo, mentor y profesor de cine, Paulino Viota.

García Pelayo estará a menudo en la sala, en compañía de Álvaro Arroba, Alfonso Crespo, Pedro Romero y el mismo Viota, a quienes considera "de alguna manera los responsables" de que su cine comience a ser reconocido tras treinta años de olvido.

En una entrevista con Efe, a punto de desgranar su radical sinfonía "underground" en París, el autor de "Manuela" (1976), "Vivir en Sevilla" (1978) y "Frente al mar" (1978), califica de "especie de milagro" su inesperado renacer cinematográfico.

"Uno es lo que los otros piensan de ti", explica al intentar descifrar su inusual destino artístico, quien hasta hace unos meses fuese apoderado de toreros, periodista radiofónico, reconocido productor musical y, ante todo, inventor de un algoritmo con el que venció a las ruletas de los casinos de todo el mundo, de Madrid a Las Vegas, e inspiró el filme "The Pelayos" (2012) de Eduard Cortés.

Heredero de Godard, Truffaut y Rossellini, García Pelayo retomó su arte en 2013 para crear "Alegrías de Cádiz", animado por la retrospectiva que en noviembre le ofrecía el festival de cine Viennale, en Austria, un filme convertido de inmediato en su primer éxito internacional.

Entre tanto, después de rodar "Corridas de alegría" (1982) y "Rocío y José" (1983) y abandonar el cine al sentirse abandonado por él, dejó de decir que era cineasta, "ni bueno, ni malo", incluso a muchos miembros de su familia y amigos de su entorno más próximo, comenta.

Los lamentos de entonces no los tenía "cuando estaba en esa situación, porque afortunadamente había otras cosas que me interesaban", "apreciadas relativamente" y gracias a las que "yo existía", y apunta orgulloso de "haber dado poca lata" a su entorno con su pasión cinematográfica.

García Pelayo, a quien Le Monde bautizó en noviembre como el "ave fénix del cine ibérico", rubrica convencido que él no fue nadie en el cine durante treinta años, "porque los demás no pensaban que yo era alguien, y ahora empiezo a ser algo, porque hay gente que ve las películas de otra manera".

Recuerda al respecto que la crítica fue "demoledora" con su hoy aplaudida ópera prima, "Manuela", que tuvo "muchísima repercusión: no gustó a nadie y dio cientos de escritos, todos malos"; y que en su día "Vivir en Sevilla", hoy una película de culto con 240.000 visitas en Youtube, "no la entendía nadie y no le interesaba a nadie".

De ahí su convencimiento de que, "si los demás no lo ven, da igual lo que tú veas, pues las cosas existen solo en el punto de vista de los demás".

Ahora, en cambio, confiesa que le encanta escuchar lo que se dice de su cine, en particular cuando se habla de "lirismo abrupto" y de "pureza"; de la "valentía de poner sus entrañas encima de la mesa", o de la fuerza y honestidad de sus películas, "tan profundamente morales, aunque parezcan lo contrario".

"Creo que las películas tienen mucha verdad, y ese es mi único objetivo artístico", pues "la verdad es lo fundamental" y, como dicen los taurinos, el toro pone a todo el mundo en su sitio, al banderillero en banderillero, al picador en picador y al matador en matador, estima.

El gran arte "siempre está manifestando algo que es verdad", concluye el director, ocupado actualmente en la preparación de dos películas, una sobre la copla, "que es Shakespeare puro, condición humana, todo focalizado en una relación de amor, de entrega" y que él aspira a llevar "hacia lo surreal".

Y otra sobre el mundo de las niñas, continuación de las múltiples cintas rodadas estos años con sus hijos y nietos, pero "ya con película y material de calidad cinematográfica". EFE

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