Carlos Alberto Fernández

A Coruña, 1 feb (EFE).- Nacho Mirás se enfrenta al cáncer con el arma que mejor maneja: la palabra. Es periodista y en esa batalla vital que ha emprendido se apoya en las sesiones de radioterapia y quimioterapia, pero también en la 'blogoterapia', una técnica que se autorrecetó y que le ha ayudado a quitarle el tabú a una enfermedad que, hasta hace poco, era innombrable.

"En vez de autocompadecerme, me dio por escribir, echarlo todo hacia fuera, ordenar los pensamientos. Es una terapia autorrecetada que me funciona y los psicólogos de oncología me dicen que no deje de hacerlo", comenta a Efe antes de afrontar una nueva sesión en esa máquina que llama freidora y que le hace "más radiactivo que ayer, pero menos que mañana".

Dentro de ella, con los ojos tapados pero los oídos afinados, se concentra en la secuencia musical que descubrió desde el primer día.

"Los ingenieros de Siemens le han puesto sintonía a cada fogonazo. Y yo, que sé algo de música, la identifiqué", desvela.

En noviembre, Nacho Mirás convirtió su blog rabudo.com en una página que no habría querido protagonizar pero que se ha vuelto una terapia para él y para muchos de sus lectores: "Esto que hago como ejercicio propio hay mucha gente que lo agradece. Hay un 'feedback', te llegan ánimos y te dan las gracias, que es lo que necesitas en estos momentos", comenta.

Escribe "sin presión", a su "bola", sin tener una cita obligada cada día con el lector, sin la "urgencia" que impera en el periodismo -él es también profesor universitario- y que "pone en juego" la vida de los medios de comunicación y de los propios periodistas.

"Cada vez somos más hombres y mujeres orquestas por la inmediatez. Yo colapsé. Y gracias al colapso descubrieron que tenía algo en la cabeza", confiesa Nacho Mirás, que comenzó su relación con los médicos hace unos meses, cuando el tema de Asunta, la niña asesinada en las inmediaciones de Santiago de Compostela, lo "desbordó".

"Llegó un punto en que me provocaba malestar moral. Era un tema que estaba abierto todo el día", recuerda. Y a él le produjo un ataque epiléptico en el baño de su casa el 6 de octubre, un episodio que relató en su blog casi un mes después, cuando empezó a contar "los días tristes".

Acabó en el hospital, le hicieron estudios para determinar la causa y el 12 de noviembre, Nacho Mirás confesó el diagnóstico, con naturalidad, sin perder el humor: "Voy a ir directo al grano o, quizás, debería decir al tumor", escribió.

Incrementó, seguramente, ese 'rabudo' que lleva dentro desde pequeño, un adjetivo que en vez de buscarlo en el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española ("que tiene grande el rabo"), hay que encontrarlo en la segunda acepción del de la Gallega: "que tiene mal genio".

Y Nacho no parece tener mal genio, pero sí ese buen genio que se necesita para superar la piedra que se ha encontrado en el camino y que bautizó con el nombre de Casiano, que -explica en su blog- "fue un inquilino de renta antigua muy hijo de puta que le amargó la vida a mi familia y no como Benigno, que es como realmente me gustaría llamarlo".

El último día de 2013, se confirmó la mala noticia. El neurocirujano le indicó que tenía "un astrocitoma anaplásico en grado tres, un tumor malo, 'agresivo'" que lo convertía "en un paciente oncológico de tantos", pero con una diferencia: "Yo vivo empeñado en narrar lo que ha venido y lo que habrá de venir en estos textos que me sirven de desahogo".

Esa es su medicina, aunque entiende que haya gente que no la comparta: "Cada uno tiene que hacer lo que cree que tiene que hacer. Yo respeto mucho a los que quieren guardárselo. Al principio, algunos no entendían que yo lo hiciera tan visible".

Es muy probable que sus relatos del blog acaben en un libro: "Es uno de mis objetivos", dice- y, mientras tanto, sigue escribiendo una "historia de supervivencia" de la que no sabe "el final", una "pesadilla" que afronta con "miedo" -"sobre todo cuando tienes gente detrás"-, pero con optimismo -"quiero pensar que el tratamiento va a ir bien"-.

Mientras, busca un titular que ponerle a su obra. EFE

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