Hay series que nacen con vocación de consumo rápido y otras que, sin renunciar al entretenimiento, buscan dejar poso. Perdiendo el juicio pertenece, sorprendentemente, a la segunda categoría: un procedimental clásico que ha sabido construir, capítulo a capítulo, un relato emocional sostenido sobre sus personajes, y que, además, deja un importante mensaje sobre el TOC de su protagonista y cómo sobreponerse a las adversidades.
Y en el centro de todo, un triángulo protagonista que ha terminado por convertirse en el verdadero motor de la ficción, tanto en esta primera temporada como en las líneas que ya escribe el equipo de Boomerang TV de cara a su segundo acto, confirmado ya por Atresmedia. Es uno de sus creadores, Javier Holgado, quien, en declaraciones exclusivas a El Confidencial, aborda las principales líneas que vertebrarán los nuevos capítulos, desgrana la resolución del caso y el papel del TOC a lo largo de toda la ficción.
Y si algo queda claro en esta charla es que nada de lo visto en esta primera temporada es fruto del azar. Ni el caso central, ni su resolución —tan contundente como simbólica—, ni el viaje personal y profesional de Amanda. Con todo ello funcionando como un reloj, el guionista apuesta por la continuidad en la segunda temporada, tocando las mismas teclas ya conocidas, pero en esta ocasión llevando a otro de sus protagonistas al límite con el siguiente caso que entroncará toda la serie.
Amanda, en el final de 'Perdiendo el juicio'. (Antena 3/Michael Oats)
Un puzle bien armado: "Es divertido sembrar pistas"
Uno de los grandes aciertos de la temporada ha sido su estructura: una combinación de caso autoconclusivo por episodio con una investigación troncal que vertebra los diez capítulos. “Estaba todo planeado desde el principio, incluso quién era la asesina”, explica Holgado. “Teníamos claro que la temporada tenía que tener un caso troncal, que es el de la hermana, que tocase de lleno a la protagonista, y al margen de esa trama, también queríamos que cada capítulo tuviese un caso distinto que tocase diferentes géneros, no siempre el asesinato”.
Lejos de ser una improvisación a mitad de camino, la serie responde a un diseño milimétrico donde cada pieza encaja en el desenlace final. “Sabemos desde el principio quién es el asesino y cómo mata”, revela el guionista. A partir de ahí, el juego consiste en dosificar la información: “Es muy divertido ir sembrando pistas en todos los capítulos. Es como ir haciendo un puzzle que el espectador tiene que ir montando también en su casa”.
Esa estrategia evita uno de los grandes males del género —la acumulación de sospechosos sin sentido— y convierte cada episodio en una pieza útil: “Aunque haya sospechosos que vayamos descartando, teníamos muy claro que con ellos había que dar siempre información que hiciese avanzar la investigación”.
María Pujalte, en 'Perdiendo el juicio'. (Antena 3/Michael Oats)
La asesina: un giro tan narrativo como emocional
El gran golpe de la temporada llega con la revelación de la asesina: la propia jueza del caso. Un giro que no solo busca sorprender, sino cerrar el arco emocional de la protagonista. “Siempre, siempre, siempre lo tuvimos claro”, insiste Holgado. Y la razón va más allá del impacto: “Nos gustaba mucho que fuera la jueza, ya que ella era la que desencadenó el trauma de Amanda”. Ese sonido del mazo contra la mesa —“top, top, top”— no es solo un recurso sonoro, sino el detonante de una caída personal.
El enfrentamiento final, por tanto, adquiere una dimensión simbólica para la protagonista y funciona muy bien como cierre: “Es un poco como el símbolo de que ella se sobrepone a sus miedos al enfrentarse a la jueza por la que tuvo que dejar la profesión”.
Aunque el giro pueda leerse en clave de denuncia social —una jueza corrupta—, el propio creador rebaja esa intención: “No estaba en nuestro ánimo hacer crítica social, nos servía más por la cosa del trauma de Amanda y por dar una super sorpresa”.
Amanda, protagonista de 'Perdiendo el juicio'. (Antena 3)
Amanda: del colapso a la reconstrucción
Pero al margen del caso central de la temporada, si hay un eje claro en la serie, ese es el viaje de Amanda. Su TOC no es un gimmick narrativo, sino el corazón del personaje. “Le destroza la vida, pero también consigue rehacerla gracias a él”, resume Holgado.
La primera mitad de la temporada muestra el impacto del trauma: la incapacidad para trabajar, la ruptura sentimental, el aislamiento. Pero el relato evita caer en la caricatura: “Queríamos que no fuese algo que definiera al personaje, que está presente, sí, pero no que marcase y definiese su día a día”.
De hecho, la serie da un giro interesante al convertir esa condición en una herramienta: su obsesión por el detalle se transforma en una ventaja profesional. “Amanda utiliza esa observación, es algo que precisamente le ayuda a dar con la clave para resolver los casos”. Desde un blister mal ordenado hasta un libro fuera de lugar, su mirada se convierte en el hilo que desenreda los misterios.
El mensaje lanzado con todo esto, según el guionista, es claro: “Siempre podemos darle la vuelta a las adversidades, y eso es algo que queríamos mostrar, sobre lo que sentíamos que debíamos hacer hincapie”.
El triángulo protagonista de 'Perdiendo el juicio'. (Antena 3)
El triángulo: entre la risa, el pasado y la incertidumbre
Pero si algo ha enganchado al público es el triángulo formado por Amanda, Gabriel y César. Tres vértices con funciones muy distintas a nivel de escritura. Gabriel representa el presente imperfecto: un abogado “caradura” y “trilero”, pero con fondo noble. “Es el que le da la oportunidad que no le da nadie”, señala Holgado. Con él, Amanda aprende que “en el sitio más cutre puede haber una gran persona”.
César, en cambio, es el pasado: la vida que pudo ser antes del colapso. “Simboliza este pasado en el que ella pudo ser feliz y que su trastorno rompió”. Es refugio, estabilidad, pero también una herida abierta.
El espectador, admite el propio creador, se inclina por Gabriel: “Simpatiza más porque es el gracioso, con el que te ríes”. Pero la serie no ofrece respuestas fáciles. El final deja a Amanda en suspensión, sin una elección clara entre ambos. Y no parece que eso vaya a cambiar pronto. “Vamos a estirar el triángulo”, adelanta Holgado. La referencia no es casual: “En las series clásicas, la tensión se estiraba todo lo que se podía”. La indecisión, por tanto, no es un defecto, sino una estrategia.
El grupo, reunido en el final de 'Perdiendo el juicio'. (Antena 3/Michael Oats)
El tercer socio invisible, as en la manga
El desenlace de la temporada cierra el caso principal, pero deja el tablero listo para continuar. La imagen final —Amanda como socia del bufete— estaba prevista desde el inicio. Incluso el nombre original de la serie escondía este destino: el bufete “T.O.C.”. “Queríamos que al final Gabriel se quedase, haciendo social a Amanda para continuar en esa línea de equipo”, explica Holgado. Una forma de consolidar el grupo y garantizar la continuidad narrativa.
Además, la serie se guarda ases en la manga, como ese tercer socio aún invisible: “Lo queremos guardar como un elemento sorpresa, con una trama de varios capítulos, pero aún no sabemos si lo incluiremos en la segunda temporada o nos lo reservaremos de cara a una hipotética tercera”, confiesa el guionista.
Algunos de los secundarios de 'Perdiendo el juicio'. (Antena 3/Michael Oats)
Segunda temporada: mismo ADN, nuevos conflictos
De cara al futuro, la hoja de ruta está clara: mantener la estructura que ha funcionado. “Va a haber otro misterio que vertebre toda la temporada y en cada capítulo habrá un caso nuevo”. Pero hay una pista clave: el nuevo caso volverá a golpear de cerca a Amanda. “Otro personaje muy cercano a ella se va a ver implicado. Uno de nuestros personajes principales va a sufrir el misterio”.
Además, se profundizará en su pasado: “Sabremos más cosas de Amanda que no sabíamos hasta ahora”. Es decir, la serie seguirá apostando por el equilibrio entre lo episódico y lo emocional.
Los secundarios también ganarán peso —relaciones, historias personales, regresos inesperados— en un universo que busca expandirse sin perder cohesión, con algunos de los personajes episódicos reapareciendo puntualmente. Si algo funciona, mejor no tocarlo, parece ser la máxima del equipo, y en este sentido la primera temporada ha funcionado muy bien a nivel de audiencias, por lo que la continuidad será la marca de la casa en este esperado segundo año.
Gabriel, en 'Perdiendo el juicio'. (Antena 3)
El regreso del procedimental en familia
Quizá el mayor logro de Perdiendo el juicio sea haber recuperado algo que parecía perdido: la televisión compartida. “Nos gusta mucho que la gente la ve en familia, se sientan todos a verla juntos”, destaca Holgado, quien además subraya que, en un panorama dominado por el consumo individual y acelerado de las plataformas, la serie reivindica el valor del episodio semanal, del comentario entre semana, del recuerdo sostenido en el tiempo.
Con un final sólido, personajes en evolución y algunos hilos abiertos, la ficción no solo cierra una primera temporada redonda: demuestra que el procedimental, bien ejecutado, sigue teniendo mucho que decir. Y, sobre todo, mucho que hacer sentir.
Hay series que nacen con vocación de consumo rápido y otras que, sin renunciar al entretenimiento, buscan dejar poso. Perdiendo el juicio pertenece, sorprendentemente, a la segunda categoría: un procedimental clásico que ha sabido construir, capítulo a capítulo, un relato emocional sostenido sobre sus personajes, y que, además, deja un importante mensaje sobre el TOC de su protagonista y cómo sobreponerse a las adversidades.