Jacobo Delgado, guionista: "Nos falta cultura democrática para crear series políticas"
Ha sido el guardián de las palabras de la familia Alcántara en televisión, pero también un ficcionador incómodo con espíritu analítico por el "empobrecimiento" de la ficción patria
Jacobo Delgado es mucho más que un guionista y escritor; es uno de los arquitectos de nuestra memoria televisiva. Su tinta dio vida a los personajes de Cuéntame cómo pasó y hoy continúa trazando historias, negro sobre blanco, en su novela La hija del juez.
La histórica familia Alcántara lleva el sello de este escritor pacense. 23 años dedicados a revisitar nuestra historia reciente en boca de unos personajes que ya forman parte del imaginario popular y televisivo. También tiñó de servicio público el repaso que hizo en la serie HIT, rompiendo tabúes sobre la adolescencia y la educación desde la cadena pública.
Delgado es un cronista de la Transición española con una capacidad casi quirúrgica para documentar nuestro ayer, convirtiendo la nostalgia en un análisis social profundo, tanto en televisión como ahora en su faceta literaria con La hija del juez. Más allá de su versatilidad para saltar de la escaleta al papel, el guionista no esconde su escepticismo ante el auge de las plataformas o el arrinconamiento de la ficción nacional en el horario de máxima audiencia.
"En plataformas hay que subrayar la información porque el espectador tiene el móvil en la mano"
PREGUNTA: Llevas décadas poniendo palabras en boca de los Alcántara. ¿Escribir La hija del juez ha sido una liberación de los corsés de la escaleta o un ejercicio de venganza creativa contra todo lo que no te cupo en Cuéntame?
RESPUESTA: Escribir literatura es muy distinto a hacer guiones, porque tienes completa libertad. No tienes que hacer un presupuesto, localizaciones, equipo ni director; estás tú solo. Ha sido un trabajo muy distinto que no relaciono de esa manera con la serie. Cuéntameha sido una parte muy importante de mi vida, de mi formación, y que me sirvió para documentarme bien sobre esa época que traslado en la misma novela.
P: Novelar una intentona golpista en el 83 y diseccionar la Transición en el clima político actual parece una invitación al conflicto. ¿Sientes que tocar esos años es hoy un "campo de minas" donde la polarización puede acabar distorsionando la fidelidad de tu historia?
R: En la novela narro una ficticia intentona golpista del año 83, que está basada en otras que realmente sí existieron, o varias. Varios elementos de esas tramas los incluyo a mi conveniencia en esta del año 83. ¿Valentía? Yo he escrito algo que me convenciera a mí. Intento no pensar demasiado en la recepción. Está claro que si el libro cae en manos de una persona de cierta ideología, pues tal vez no le guste. He intentado ser libre. Intento serlo siempre y mucho más en la literatura.
Tampoco me da miedo que la polarización manche la historia, porque, de hecho, en la novela intento reivindicar o mostrar una cara B de la Transición. No busco la polémica, pero si la generara, bienvenida sea. Es una época de la que se habla mucho, que a veces se romantiza en exceso, que nos ha dado unos años muy buenos de historia en España, pero que estuvo llena de luces y, sobre todo, de muchísimas sombras. Me parecía importante hacer referencia a esa época.
P: ¿Es más fácil escribir sobre el 23F en una novela que proponer una trama sobre la España de 2026 en TVE? ¿Sientes que el contexto político actual embarra la creatividad en la pública?
R: No te falta razón. Yo creo que en España, tanto en cine como en televisión, se han tratado mucho los años de la transición, la dictadura o la guerra civil, pero en cuanto a la actualidad política, trasladada al territorio de la ficción, envidio mucho el mundo anglosajón. Ahí verás muchas series y películas donde se habla de la política de hoy día. Donde el protagonista es un ministro, un presidente, un asesor; son corruptos o no, y se trata desde diferentes ópticas.
Eso en España es muy complicado, pero no en la televisión pública, sino en cualquier medio o plataforma. De hecho, tengo el afán de escribir cualquier día una serie sobre política. Pero en España nos falta un poco de cultura democrática para fabular sobre la política sin el temor a las grandes siglas: si te fijas en ellos, si les conviene o si les haces daño.
P: ¿Qué tipo de trama política escribirías?
R: A mí me interesa mucho el tema de la comunicación política. Las asesorías o las maneras de trasladar a la sociedad con técnicas diversas, los mensajes que los políticos quieren trasladar. Es una manera oblicua de tratar la política, algo diferente. Me gustaría desarrollar en un futuro una ficción de este tipo.
P: Como guionista de la casa, ¿se siente el aliento de la política en la nuca al escribir? ¿Es esta novela el lugar donde has dicho todo lo que el 'libro de estilo' o la sensibilidad política de una cadena no te permitiría?
R: Yo no soy guionista de la casa, aunque he estado muchos años trabajando en una serie que se emitía en Televisión Española, que es Cuéntame cómo pasó. Esta cuestión me la han hecho de muchísimas maneras y he de decir que pongo mi palabra de que esta serie ha atravesado diferentes administraciones, de diferentes colores; empezó en el año 2001 con José María Aznar en el Gobierno y ha terminado en el 2023, con Pedro Sánchez en el poder, y entremedias José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy.
En estos 23 años no nos ha llegado a los guionistas ni una sola indicación, ni molestia, ni malestar, ni comentarios sobre las tramas que escribíamos. En absoluto se ha ido adaptando a los diferentes gobiernos y lo puedo decir, porque he estado dentro desde el día 1 hasta el último. Jamás nos ha llegado desde la televisión pública una indicación de lo que teníamos que contar.
P: Siempre ha planeado la duda de si la serie terminó porque el contexto político del país se volvió demasiado incómodo para trasladarlo a la ficción. ¿Se agotó el relato por una cuestión de sensibilidad social o fue el nuevo escenario audiovisual el que dictó la sentencia?
R: Yo creo que Cuéntame acaba porque TVE empieza una etapa en la que el escenario audiovisual ha cambiado mucho con el crecimiento de las plataformas, y Televisión Española apuesta menos por la ficción. No hay nada más que ver la parrilla ahora. A veces, en el mejor de los casos, hay una serie semanal en prime time, aunque, afortunadamente, todavía hay series diarias… Es decir, no creo que el final de Cuéntame tuviese que ver con la ideología del momento, sino que la serie, o cualquier otra, ya no entraba en los planes de Televisión Española.
"La época dorada de la ficción ya pasó. Lo que tenemos ahora es una precariedad donde las productoras ya no pueden mantener ni a sus plantillas"
P: Ana Duato ha soltado la bomba: dos capítulos especiales para el 25 aniversario. Como guionista que ha moldeado el alma de esa familia, ¿este regreso es un acto de justicia poética o una respuesta a que a la televisión en abierto le cuesta horrores crear nuevos mitos fuera de San Genaro?
R: Yo poco puedo decir de estos dos especiales. Me remito un poco a lo que ha dicho Ana Duato. Yo creo que Cuéntame es una serie muy importante, quizá una de las más importantes de España. Va mucho más allá de la ficción o de ser un producto audiovisual, siendo patrimonio cultural de todos los españoles.
Que de alguna manera se estire el fenómeno y que se hagan algunos capítulos, a mí me parece bien. No me parece una venganza, sino un pequeño homenaje a una ficción tan importante que ha moldeado a tantas generaciones de españoles.
P: ¿Cómo se afronta el reto de reabrir una serie con un final tan redondo y generacional sin caer en el puro fan service o en el parche de programación? Estamos viendo movimientos similares, aunque con códigos distintos, en proyectos como el regreso de Aida.
R: Al no estar dentro del proyecto, no sé cómo lo van a hacer. Yo creo que Aida y Cuéntame son casos muy únicos. No es habitual que una serie haya durado tanto tiempo ni que luego reaparezca como el Guadiana. Cada una la adapta de una manera.
En el caso de Aida, aunque todavía no he visto la película, las referencias que me llegan son muy positivas. Me consta que han realizado un ejercicio de honestidad intelectual muy interesante, analizando desde la perspectiva actual dónde residen hoy los límites del humor. Es una propuesta original que aporta valor al legado de la serie. Habrá que ver ahora qué camino deciden tomar con el universo de Cuéntame.
P: Hay quien dice que el espectador está saturado de la España de los 80. Tú apuestas por ello en papel y pantalla. ¿Es falta de imaginación de la industria o es que no hemos cerrado las heridas que Matilde Liébana intenta sanar en tu novela?
R: Para mí los 80 es una época muy importante porque es mi infancia. Mi educación sentimental tiene relación directa con esa década y también con los 90. Creo que la visión del pasado reciente la veo muy necesaria. Ahora que se habla de que todo pasado fue mejor, que ahora vivimos peor, de los problemas que hay… Y una de las tesis que defiendo en la novela es que nada de eso, que seguramente vivimos en el mejor momento.
Los 80 fueron años de explosión de libertad, después de 40 años muy duros de dictadura, de luz, color, Malasaña y películas de Pedro Almodóvar, pero también fue una época muy gris de violencia política, de terrorismo, drogadicción, delincuencia en las calles –y entonces no había inmigración y la delincuencia era infinita-.
"Apostar por ficciones de otros países y no por series patrias nos empobrece"
P: En la era de Netflix, ¿hay hueco para el análisis social o estamos condenados a que los guiones los dicte un Excel de tendencias? ¿Es la novela el último refugio del guionista con voz propia?
R: La gente que trabajamos en guion tenemos un paso muy claro y sencillo a la novela, porque estamos acostumbrados a montar mucho con pocas palabras y un ritmo de trabajo bastante alto. Hemos conectado bastante bien con el espectador, sobre todo, durante las últimas décadas.
Sobre la manera de narrar ahora, es cierto que está cambiando. En las plataformas, no siempre, pero, a veces, inciden en que repitas la información, porque el espectador ve los capítulos con el móvil en una mano y el iPad en la otra mano. Es decir, tienes que ser muy claro o subrayar ciertas cosas para que no se pierda el hilo. Cada época tiene sus problemas. Yo empecé en esto cuando se hablaba de la señora de Cuenca, que se hacía ficción como si la señora de Cuenca fuese el mito de la ignorancia. Y era lo mismo, repetir información y ser claro, pero siempre encontrabas como creador la manera de meter tu cuchara y las dificultades narrativas y retos.
P: La ficción española parece desterrada a la tarde o a plataformas. En el prime time de las generalistas, la ficción nacional es más bien escasa. ¿Habéis tirado tirado la toalla los guionistas o las cadenas ya no confían en el talento patrio frente al bajo coste de los realities?
R: Más que los guionistas, quienes han tirado la toalla quizá sean los directivos y los que deciden. Creo que es una cuestión de rendimiento económico. Hacer ficción es más caro que el entretenimiento. Hoy día, se reparte la tarta entre muchos operadores, no como hace años cuando éramos solo tres.
Yo creo que la ficción así volverá. La televisión generalista intenta competir con la plataforma o el evento. Por ejemplo, se plantean dos especiales sobre la serie Cuéntame, pero no se hace una temporada completa de 20 capítulos como antes. Volverá, porque, frente al nicho, hay una necesidad de serie generalista y familiar que ahora mismo no se estila, pero preveo que se hará y lo veremos más pronto que tarde.
Fundamentalmente, porque las plataformas no terminan de cubrir esa demanda de contenido compartido. En un momento en el que cada miembro del hogar se refugia en su propia pantalla individual, creo que existe un anhelo real, tanto en padres como en hijos, por recuperar esa experiencia de ver la televisión en familia. Es una querencia que el streaming ha descuidado y que la televisión generalista debería volver a reclamar.
P: Lo que está claro es que, en la época actual, la ficción extranjera ha tomado el control del mando...
R: Con todo el respeto a las ficciones de otros países, creo que nos empobrece no apostar por la ficción patria. Además, creo que dota de un prestigio a la cadena que lo emite que no le ofrecen otros productos. El primero que haga una serie y lo pete, creo que marcará el camino de las demás cadenas. Ahora mismo no se ha dado, pero volverá como en los 90 y los 2000.
P: En aquella época, nuestra ficción incluso llegó a convivir con las de producción ajena. ¿Están obligando a la serie patria a producir con los patrones de las extranjeras?
R: Lo que nos ha cambiado la manera de escribir son las plataformas. Cuando empecé en esto, los capítulos duraban 70-80 minutos, incluso 90 minutos. Una cosa muy española que no pasa en ningún otro país, que duran unos 45 minutos, en función de la publicidad. Yo creo que fue una mala praxis de los directivos de las televisiones de los 90, que creían que alargando un capítulo de una serie rellenaban los minutos de prime time y les salían las cuentas.
Ahora, también, quienes han pedido capítulos más cortos son las plataformas. Parece que lo que importa verdaderamente es el impacto. Que haya cuatro o diez capítulos, e incluso con capítulos de 30 minutos. Lo que quieren son visionados y, cuantos más, mejor.
Esto a la industria le ha sentado fatal, bajo mi opinión, porque, aunque pudiera parecer que vivimos en una época dorada de la ficción, yo creo que no es así, porque esa época ya pasó hace cinco o seis años. Las productoras pequeñas o los guionistas, cuando conseguían un éxito, sabían que tenían trabajo para cuatro o cinco años. Ahora tienes que vender una serie cada año y eso ha generado mayor precariedad en el sector en todos los ámbitos, incluso provocando que las productoras pequeñas vayan desapareciendo o siendo absorbidas por las grandes internacionales. Ya no existen esas productoras que hacían al año una serie y mantenían una plantilla de 30 fijos y 100 eventuales.
P: Otro boom que parece dilatarse en el tiempo es el del true crime…
R: Son modas. Cuando se hizo Urgencias, la serie americana, lo petó, e hicieron versiones de todo tipo o series médicas parecidas. Ahora el true crime creo que entra muy bien en el consumo de las plataformas, porque ves capítulos que casi siempre son autoconclusivos, cortos y que son muy espectaculares. Se ve fácil.
P: Con HIT demostraste que se podía hacer una ficción incómoda y de servicio público. ¿Por qué ese modelo no ha permeado más? ¿Nos da miedo que la ficción sea demasiado realista para un público que solo quiere evadirse con el fango político de los programas de actualidad?
R: HIT fue una serie que funcionó muy bien, aunque la programación de la última temporada creo que fue un poco incomprensible. Se tardó muchísimo en emitir. Fueron tres temporadas en una época en la que ya las series no tenían muchas temporadas. Si acabó, no fue por nada incómodo ni ideológico, sino porque la cadena apostaba ya por otros productos que no eran ficción. Resultó difícil programarla y, cuando lo hicieron, ya había pasado mucho tiempo desde la temporada 2 y contribuyó a su fin.
A mí no me da miedo que una serie sea demasiado real para el público; de hecho, HIT existió y otras series que han abordado temas muy difíciles. Yo creo que identifica a una televisión, y más a la pública. Abordar con rigor la temática que está en la calle y que nos preocupa como, por ejemplo, la vivienda, la educación, la política o la corrupción nos hacen mejores como creadores y como espectadores también.
Jacobo Delgado es mucho más que un guionista y escritor; es uno de los arquitectos de nuestra memoria televisiva. Su tinta dio vida a los personajes de Cuéntame cómo pasó y hoy continúa trazando historias, negro sobre blanco, en su novela La hija del juez.