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Nach Solís, guionista de 'Respira' (Netflix): "El público juvenil ha desaparecido de la tele"
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Nach Solís, guionista de 'Respira' (Netflix): "El público juvenil ha desaparecido de la tele"

De colgar la bata blanca a liderar la sala de máquinas de la ficción de Netflix: Nach Solís analiza la crisis de una televisión generalista que ha dejado de mirar a la calle para mirar al bolsillo

Foto: Nach Solís, guionista.
Nach Solís, guionista.

Hay quien dice que escribir es, en cierto modo, una forma de sanar. Nach Solís lo sabe bien: tras años lidiando con diagnósticos irreversibles en oncología, este guionista se ha convertido en una de las firmas más lúcidas y necesarias de nuestra ficción actual, saltando del éxito íntimo de París 70 al fenómeno global de Respira (Netflix) y la nominación al Goya por Sexo a los 70.

No es un intruso, aunque él mismo confiese haber sentido algún recelo inicial en una industria que suele ser endogámica. Solís aporta a la sala de guion algo que no se enseña en ninguna escuela de cine: una lejía narrativa cargada de humanidad y la experiencia de quien ha mirado a la vida y a la muerte sin filtros. Hablamos con él sobre la crisis de la ficción en prime time, el miedo de las generalistas a la política y la responsabilidad de dar voz a quienes el sistema prefiere dejar en la sala de espera.

"La receta para la ficción patria es una dosis de realidad sin filtros"

PREGUNTA: Nach, vienes de rozar el cielo con París 70 y ahora estás en el radar por proyectos que exploran tabúes como Sexo a los 70. ¿El Goya es el título que valida a un médico que jugaba a ser guionista o sientes que la industria todavía te mira como a un intruso con mucha suerte?

RESPUESTA: Creo que ni una cosa ni la otra. París 70 me puso en un sitio muy interesante, pero no sentí que fuera algo que me validara como guionista. Venía de muchos años de numerosos laboratorios, mercados y residencias donde ya empezaba a forjarme un nombre. Sí que es cierto que ayudó a mi carrera. Entré en el equipo de Respira gracias a que escribí París 70 y funcionó. Y, encima, era médico (risas).

Ahora, sinceramente, no me siento como un intruso. Al inicio, como empecé algo más tarde y me puse a estudiar la diplomatura en el Instituto del Cine y el máster de guion en la ECAM, hubo alguna persona en la que noté cierto recelo. Al fin y al cabo, en la profesión de guionista la mayoría viene de otros sitios: unos han estudiado Comunicación o Periodismo, pero también me encuentro con amigos que son ingenieros y son guionistas de éxito.

P: ¿Es esto un valor añadido a la hora de escribir?

R: Completamente, lo veo como un valor añadido. Creo que a los productores les resulta llamativo e interesante que vengamos de otros lugares por la experiencia propia que te da todo eso. Es una experiencia de vida que, más allá de que seas médico o arquitecto, es un diferencial. En mi caso, que he sido tantos años médico, creo que se nota en las historias que cuento y en cómo escribo; es más humano.

P: ¿Qué es más difícil, darle una mala noticia a un paciente o convencer a un ejecutivo de Netflix de que una trama social no es demasiado política para su algoritmo?

R: Es más difícil dar una mala noticia porque, al fin y al cabo, estás hablando con una persona a la que le vas a dar un mal pronóstico, y más siendo oncólogo. Lo otro, al final, cuando estás intentando vender un proyecto, una serie o una trama, siempre hay cabida para la negociación. Se le da otra vuelta, nos vemos otro día, nos volvemos a reunir… Pero con una mala noticia no hay negociación que valga.

P: Has pasado de dar diagnósticos irreversibles a escribir giros de guion que deciden el destino de personajes muy queridos. ¿Se siente uno más poderoso con el fonendoscopio o con la tecla de borrar frente a un personaje que ya no encaja en la tercera temporada?

R: En España no creo que se pueda sentir ningún médico poderoso. Se está viendo con las huelgas. Y como guionista, tampoco (risas). Pero es cierto que son dos profesiones que se parecen en algo. En cierta manera, salvan vidas.

Un médico salva vidas o lo intenta, un guionista también. Todos tenemos muchos problemas, seas quien seas y vengas de donde vengas, y el hecho de que llegues de noche a tu casa y puedas olvidar durante dos horas tus problemas porque estás viendo la comedia más boba o la serie con el tema menos social que haya, te salva. Esas dos horas que esa persona se ha evadido de sus problemas le pueden salvar el día o incluso la vida. Tienes el poder de cambiar la vida de las personas.

P: En Respira se palpa esa tensión entre el orden del hospital y el caos del sistema. Como médico que ha vivido el colapso, ¿cuánta lejía narrativa has tenido que aplicar para que la cruda realidad de la sanidad sea digerible para un público que busca evasión antes de dormir?

R: En esta serie se mezcla un componente social muy grande y se ha buscado retratar esta realidad del sistema sanitario en España. Con licencias, pero encontré cosas que vivía en el día a día: urgencias colapsadas, médicos que no pueden más, que llevan 36 horas sin dormir ni un solo minuto y tienen que meterse a operar.

Pero como guionista también hay que buscar el equilibrio para que la realidad no sea tan dura, porque el espectador que lo va a consumir como entretenimiento antes de irse a dormir puede desengancharse. Es una balanza complicada, pero creo que se ha conseguido. Varias cosas que ocurrieron en la segunda temporada, como el tema de la privatización o las mamografías —que se ha visto luego en Andalucía—, se hablaban en Respira. Nos han llegado a preguntar si vemos el futuro o si somos los nuevos Simpson. La realidad es que estamos contando lo que está ocurriendo, aunque nunca se haya tratado así en la ficción española.

"Defender la sanidad pública no es ser panfletario, es denunciar que empresas ajenas a la salud manejen la vida de los pacientes"

P: Respira ha sido acusada de ser un panfleto político a favor de la sanidad pública. Como guionista y como médico, ¿es posible escribir sobre lo que importa en este país sin que te tachen de embarrar el debate o de servir a una ideología?

R: Tacharte de algo siempre te van a tachar, y más con lo polarizada que está ahora la conversación política y social. Pero siempre voy a decir que yo, que he trabajado tanto en la sanidad pública como en la privada, defenderé la sanidad pública. Es uno de los grandes logros de nuestra democracia.

Quien tache de panfleto una serie que está poniendo sobre la mesa el peligro de que empresas privadas —y puede que no sanitarias— manejen la vida de pacientes, no lo veo panfletario, sino algo que se quiere denunciar y de lo que hay que hablar. Esto sirve para debatir, dialogar y analizar el sistema público español, al igual que el privado, que también tiene sus cosas.

Foto: blanca-suarez-manu-rios-segunda-temporada-respira-netflix-cortar-parar

P: La renovación por una tercera temporada de Respira confirma que el público quiere verse reflejado en sus miserias sanitarias. Sin embargo, ¿cómo se gestiona la presión de saber que tus guiones ahora dependen más de los datos de retención de Netflix que de la relevancia social del mensaje?

R: De la tercera temporada aún no puedo contar nada, pero sí de la experiencia de cuando entré en la serie, que venía de haberse escrito la primera. En mi caso nunca he sentido presión ni obligación de hablar de ningún tema, aunque las cadenas y plataformas siempre opinan, como ha ocurrido siempre. Es cierto que en las series que se alargan y alargan, lo que inicialmente se pretendía en una primera temporada puede diluirse.

Puede ser que el público que conectó al principio ya no conecte con lo que se cuente en la quinta, por ejemplo. Claramente, puede que haya series que por el afán de alargar, porque están funcionando bien por números, acaben perdiendo su esencia. Es un riesgo que hay que correr.

"Programar en abierto hoy es un deporte de riesgo: si una serie no funciona, llega a las plataformas sentenciada"

P: Atresmedia y Mediaset han encontrado en Turquía un bálsamo barato y eficaz. ¿Se está volviendo miedosa nuestra televisión generalista al delegar el prime time a ficciones extranjeras mientras relega el talento español a la sobremesa?

R: No creo que no se esté dando oportunidad al talento de aquí. Esto pasa también en el cine. A mí me han llamado para adaptar alguna serie turca, que luego no ha terminado saliendo, pero miras que funciona en otros países y se intenta replicar.

Quizá es que ha cambiado la manera de ver la televisión. Yo mismo la he cambiado. No me siento en el sofá y, como antes, miro a ver qué serie toca hoy. Ahora eso ha cambiado, sobre todo a raíz de la pandemia. Queremos ver la serie cuando nos apetece. De hecho, muchas de las series que ahora están en abierto han pasado antes por una plataforma. Se ha interiorizado que las series de prime time no son para ver semanalmente, sino cuando quieras.

P: Parece que la generalista tiene pánico a crear rechazo con temáticas sociales potentes. ¿Crees que hay un complejo de inferioridad en nuestras cadenas que las lleva a pensar que el espectador prefiere un melodrama otomano antes que una serie que le hable de su propio hospital de barrio?

R: Aparte de que ha cambiado la manera de ver las series, una serie de éxito de ahora la ven muchísimos menos telespectadores que antes. Eso estaría cancelado en la segunda emisión. Entiendo que con lo que cuesta hacer la serie —los años, el tiempo, el dinero, el trabajo y el esfuerzo—, programar una serie en abierto corres el riesgo de que no funcione y la tengas que retirar. Por eso entiendo que hayan escogido el modelo actual de presentarlas primero en una plataforma.

También entiendo que prefieran apostar más por formatos de entretenimiento, política, concursos o realities porque son más baratos. El riesgo ahora no está tanto en las series de prime time, sino en las de plataformas, que es donde se puede hablar de esas historias de cercanía.

P: Hoy, Telecinco apenas sobrevive con Pura Sangre o Antena 3, con Perdiendo el juicio en prime time. ¿Sientes que los guionistas estáis escribiendo para un público que ya no ve la tele con mando a distancia, sino con una tablet, y que eso está matando la conversación social en directo que generaban los grandes estrenos?

R: Sí. En general, notamos que escribimos para un público muy diferente. Para empezar, el público juvenil ha desaparecido y no le interesan las series. Hay que intentar recuperarlo, como ocurre con los largometrajes. Por el tipo de historias que yo escribo, normalmente son mujeres de más de 50 años, y escribo superfeliz para ellas, porque son las mujeres que sostienen las series, el cine y la cultura.

"El éxito de las series verticales en TikTok nos obliga a hacer autocrítica: hemos perdido el lenguaje de los más jóvenes"

Pero también habría que hacer un poco de autocrítica y ver qué ha pasado con ese público que antes sí se sentaba a ver la televisión y ahora no. Intentos de series juveniles no funcionan. Creo que han nacido en un mundo en el que no saben lo que era esperar semana tras semana para saber si Eva y Marcos acababan juntos en Los Serrano, por ejemplo. Han nacido con un móvil en la mano, con la inmediatez. No se van a sentar ni a buscar en una plataforma. Quieren ver cosas al instante, por eso está teniendo un auge tremendo las series verticales –que son series para ver en formato de móvil, con duración corta, de unos 2 a 5 minutos, con 60 capítulos que lo ves en dos tandas de una hora–.

Ahí sí se van a encontrar a ese público. Hablan en un lenguaje que ellos usan en redes sociales como TikTok. Igual se escriban las series de toda la vida, pero para un público más adulto con estas series verticales. Tengo la esperanza y el deseo de que a través de ver las series de otra manera, haya una gran parte de ese público que empiece a cogerle el gusanillo a ver series de más duración, de toda la vida.

P: Estás dentro del equipo que fue nominado al Goya por Sexo a los 70, un tema que rompe tabúes sobre la anatomía y el deseo en la vejez. ¿Es más difícil convencer a la Academia de que los mayores tienen libido o convencer a un jefe de contenidos de que una serie de médicos no tiene por qué ser siempre un desfile de modelos en bata blanca?

R: Lo primero, aclarar que estoy dentro del equipo de la serie Sexo a los 70, pero no estuve en la escritura del guion del cortometraje, que es obra de Vanesa Romero y Raúl Ruano. Convencer a los académicos no es tarea fácil, sobre todo con cortos tan maravillosos con los que compites. Pero llegar hasta aquí no ha sido fácil porque el corto es una comedia, y en los grandes premios suele ser un género muy olvidado. ¡Escribir comedia y que sea buena siempre es mucho más difícil que hacer llorar! Y lo digo yo que soy un experto en melodramas de los que arrancan lagrimitas.

Y, encima, aquí, en este caso se ha juntado que ellas hablaban de un tema tabú como es el deseo en la tercera edad. Nos escandalizamos porque tendemos a infantilizar a nuestros mayores. Es como si nos diera vergüenza pensar que también tienen relaciones íntimas. Por eso ha sido más difícil, pero lo han conseguido porque tienen un corto maravilloso. Me da pena que no se hayan llevado el Goya, pero la nominación ya es algo importante. Además, supone todo un impulso ahora que estamos desarrollando una serie. En la noche de los Goya no pararon de preguntarnos por la serie, eso quiere decir que hay interés por seguir hablando de este tema. Espero que tanto el corto como esta serie ayuden a romper con este tabú.

Foto: estos-son-los-ganadores-de-los-premios-goya-2026-la-lista-completa

P: ¿Qué otros tabúes llevarías a la pantalla? Por el contrario, ¿qué está sobreexplotado?

R: De hecho, ahora estoy escribiendo sobre uno que no puedo contar porque no quiero que me lo pisen (risas). Creo que faltan muchísimas cosas de las que hablar. Los guionistas tenemos la oportunidad de dar voz a personas que no la tienen. En cuanto a lo que está más trillado, cuando hice París 70 pensaba que no iba a funcionar porque el Alzheimer es un tema muy recurrente. Pero no es el tema, es cómo lo tratas. Fue la novedad porque se contaba desde el prisma del cuidador, no del paciente.

P: ¿Por qué hemos normalizado que para ver una serie española de calidad, con temas que nos duelen como la sanidad, tengamos que pagar una suscripción? ¿Se ha vuelto la ficción nacional un producto de lujo?

R: Lo que creo que es un lujo es poder ver todas las series que se estrenan al año. Si tienes una sola plataforma o una suscripción con anuncios, creo que es asequible. Pero cuando quieres ver más y necesitas diez plataformas, uno no puede permitirse pagar 40€ al mes. En ese sentido, sí puede ser un producto de lujo verlo todo.

P: Si mañana te dieran el prime time de una generalista con presupuesto ilimitado, pero una condición: nada de temas "naftalínicos" ni política... ¿sabrías escribir algo o sentirías que te están pidiendo que dejes de ser guionista?

R: ¡No! Si me interesara mucho el proyecto, aceptaría. Es un reto. Como vengo del mundo del cortometraje, me he entrenado muy bien en contar historias con pocos elementos. Berlanga lo hacía muy bien; se saltaba la censura y hablaba de temas políticamente incorrectos a base de ingenio. Ahí está el subtexto y tu ingenio como escritor. Lo intentaría.

P: Si tuvieras que recetarle algo a la ficción generalista española para que recupere el pulso frente al "bálsamo turco", ¿sería una dosis de realidad sin filtros o un tratamiento de choque para perder el miedo a la política?

R: La dosis de realidad siempre es buena. El tratamiento de choque, si quieres concienciar al espectador, quizá hay que entrar poco a poco. Porque llegas a millones de personas y no todos tienen los mismos gustos. La receta sería ir entrando poco a poco, con una dosis de realidad y abriendo el melón paso a paso.

Hay quien dice que escribir es, en cierto modo, una forma de sanar. Nach Solís lo sabe bien: tras años lidiando con diagnósticos irreversibles en oncología, este guionista se ha convertido en una de las firmas más lúcidas y necesarias de nuestra ficción actual, saltando del éxito íntimo de París 70 al fenómeno global de Respira (Netflix) y la nominación al Goya por Sexo a los 70.

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