María Castro, una de las actrices más queridas de la televisión española, ha recorrido un fascinante camino, desde su recordado papel de Jessica en Sin tetas no hay paraíso hasta su completa consolidación como el ama de llaves venida a menos, Pía Adarre, en La Promesa. A lo largo de su trayectoria, la intérprete gallega ha demostrado una versatilidad que la ha llevado a conquistar al público televisivo.
Su salto a la fama llegó en 2008 con Sin tetas no hay paraíso, donde interpretó a Jessica, una mujer carismática y ambiciosa, cuya ambición le lleva a practicar la prostitución de manera ocasional. La serie fue un fenómeno televisivo, logrando grandes audiencias y catapultando a Castro al reconocimiento nacional. Este papel no solo le abrió las puertas a nuevos proyectos, sino que también evidenció su capacidad para transmitir emociones complejas y conectar con el público.
Pero antes de la ficción protagonizada por Miguel Ángel Silvestre y Amaia Salamanca, apareció en varias producciones serializadas de la Televisión de Galicia, como Avenida de América, y la exitosa Pratos combinados. Sus primeras andanzas en la televisión nacional fueron con personajes escuetos en ficciones como Los Serrano, donde apareció en un episodio, o la miniserie Una bala para el Rey.
Los que crecieron a comienzos del nuevo milenio la recordarán por su papel de Lucía en SMS, Sin miedo a soñar, donde ya coincidió con su compañera de reparto en Sin tetas, Amaia Salamanca, y con otros intérpretes de renombre como Mario Casas, Yon González o Guillermo Barrientos. Por su parte, Sin tetas era un remake de una serie colombiana, y terminó de lanzar a su trío de atractivos intérpretes protagonistas al estrellato.
Amaia Salamanca, Miguel Ángel Silvestre y María Castro, en la promoción de 'Sin tetas no hay paraíso'. (RTVE)
Enlazó un trabajo con otro
Tras su éxito en Sin tetas no hay paraíso, su primer papel protagonista en una serie llegó de la mano de Antena 3 en 2013, con Vive cantando. Castro continuó su carrera con personajes destacados en producciones como Tierra de lobos, donde encarnó a Elena Valdés, y Seis hermanas, en la que dio vida a Francisca Silva. Estas series, ambientadas en épocas muy diferentes, permitieron a la actriz explorar registros variados, desde el drama romántico hasta los dilemas familiares, consolidando su reputación como una intérprete de gran profundidad.
A ello le siguió la participación en la séptima temporada de Amar es para siempre, con el personaje de Natalia, y recientemente ha aparecido en la comedia de Netflix, Machos Alfa.
Además de su presencia en televisión, María Castro ha explorado otros formatos, como el teatro, el cine y el doblaje, demostrando su capacidad para adaptarse a diferentes disciplinas artísticas. En el cine, ha dado voz al personaje de Jilguero en Memorias de un hombre en pijama, pero también ha aparecido en otros largometrajes como Combustión, Pancho, el perro millonario, El juego de las llaves o Mamá, no enredes.
El regreso a los grandes titulares llegó con su papel de Pía Adarre en La Promesa. La serie, ambientada en una lujosa finca a principios del siglo XX, que ha capturado a los espectadores gracias a sus intrigas y un reparto brillante en cada episodio. Pía, el personaje de Castro, se ha convertido en una de las favoritas por su fortaleza, humanidad y el peso emocional que aporta a su trama, y después de alguna que otra muerte y resurrección, ha regresado al palacio como una posible amenaza para el personaje de Petra Arcos (Marga Martínez).
María Castro, una de las actrices más queridas de la televisión española, ha recorrido un fascinante camino, desde su recordado papel de Jessica en Sin tetas no hay paraíso hasta su completa consolidación como el ama de llaves venida a menos, Pía Adarre, en La Promesa. A lo largo de su trayectoria, la intérprete gallega ha demostrado una versatilidad que la ha llevado a conquistar al público televisivo.