En el barrio de Steve Urkel los blancos brillaban por su ausencia
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OPINIÓN DE 'LA TELETIPA'

En el barrio de Steve Urkel los blancos brillaban por su ausencia

Para avanzar deberíamos dejar a los clásicos en paz, verlos siempre entendiendo su contexto y procurar reflejar con la mayor veracidad posible la diversidad de la sociedad del siglo XXI

placeholder Foto: Steve Uker, personaje interpretado por Jaleel White en 'Cosas de casa'.
Steve Uker, personaje interpretado por Jaleel White en 'Cosas de casa'.

Como escribió Fernando Savater en su 'Diccionario del ciudadano', "la antropología nos dice que el hombre es una variedad del chimpancé que logró hacerse mucho más inteligente de lo que un mono suele ser gracias a que aprendió a cambiar de aires, mudarse de casa y conocer mundo. Ser humano significa emigrar: todos somos emigrantes, o hijos de emigrantes, o nietos o tataranietos de emigrantes […] Hay ciertas perversiones de la inteligencia humana contra las que lo único que se puede hacer es educar a los más pequeños para que les resulten odiosas desde sus primeros años. Y de estas perversiones quizá sea el racismo la más repugnante de todas".

Yo me atrevería a añadir que la televisión y el cine tienen mucha responsabilidad y mucho camino que recorrer en la formación y la educación de la sociedad de la que habla el maestro. No nos engañemos, después de las leyes, los reales decretos, los políticos, etcétera, si hay alguien que puede hacer algo para normalizar ciertas batallas sociales es la televisión. Que una serie cuente con personajes de diversas razas o de diferente condición sexual, en definitiva, que refleje la sociedad tal y como es, sin dejarse a nadie en el camino, es el primer paso para llegar a la meta de la normalización.

placeholder Imagen promocional de la serie 'Cosas de casa'.
Imagen promocional de la serie 'Cosas de casa'.

Lo que no es de recibo es que cada vez que salta la espita y arde la llama del racismo, tengamos que leer y escuchar declaraciones como la de Marta Kauffman, creadora de 'Friends', que a raíz del asesinato de George Floyd ha declarado que se siente "apenada por la falta de diversidad racial que hay en el elenco principal de la serie". Lo hecho, hecho está.

"Dejemos descansar a los clásicos. Ocupemos nuestro tiempo en educar a la sociedad en la igualdad y la pluralidad"

Dejemos las lamentaciones y avancemos. Porque si nos dedicamos a sacar a las cosas de contexto, que levante la mano quien no se ha reído, quien no ha visto series como 'El príncipe de Bel-Air', "La hora de Bill Cosby', 'Cosas de casa', 'Cosas de hermanas', 'Empire' o 'Black.Ish' o muchas otras. Todas y cada una de esas series, hoy clásicos de la televisión, estaban protagonizadas por actores y actrices afroamericanos.

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Imagen promocional de 'El príncipe de Bel-Air'.

En aquellos barrios donde vivía Will Smith, Bill Cosby y Steve Urkel los blancos brillaban por su ausencia. La serie protagonizada por Bill Cosby fue de las primeras, fue todo un éxito internacional que se supone normalizaba las familias afroamericanas. La de Will Smith ha sido la serie que más veces se ha emitido en canales abiertos de nuestro país… Así podría enumerar un sinfín de series de éxito que se supone pretendían normalizar las vivencias de familias de color. Lo cierto es que el resultado, cuanto menos, resulta extraño. ¿Eso no es racismo? ¿No trasmiten de manera subliminar que unos no se juntan con los otros?

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Imagen de la serie 'Empire'.

Si queremos buscarle tres pies al gato podemos empezar y no terminar jamás. Entiendo que para avanzar deberíamos dejar de regodearnos en el pasado, dejar a los clásicos en paz, verlos siempre entendiendo su contexto y procurar reflejar con la mayor veracidad posible la diversidad de la sociedad del siglo XXI.

Lo cierto es que hoy, todavía hay muchas series y largometrajes (les invito a pasar por el catálogo de Netflix, por ejemplo) interpretadas únicamente por afroamericanos, como si fueran un público específico y diferente. Sin duda, esto rechina en la mirada del espectador puesto que no son historias reales.

La vida es diversidad y el que esté libre que tire la primera piedra. El racismo no es algo ajeno, algo que sufren al otro lado del charco. El racismo está tan presente tanto allí como aquí. El racismo rezuma en la indolencia que mostramos ante la inmigración que nos llega en pateras, el rechazo que nos provocan los centro de menores o cuando insultamos al prójimo llamándole gitano, maricón o bollera. Dejemos descansar a los clásicos. Ocupemos nuestro tiempo en educar a la sociedad en la igualdad y la pluralidad. Sostengo que la tele tiene mucho que decir y que hacer. Si algo echo de menos es esa variedad racial, también en las series españolas del siglo XXI.

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