Hablar de Paz Herrera es hablar de una de las mayores gestas que ha dado la historia de Pasapalabra. No solo dejó huella al llevarse un bote de 1.310.000 euros, el más alto alcanzado por una mujer hasta la aparición de Rosa Rodríguez, sino que dejó también una forma de competir que todavía hoy sigue siendo referencia para los concursantes que se enfrentan cada tarde al rosco.
Más de una década después de aquel recordado triunfo, la cántabra reaparece para repasar su trayectoria televisiva y analizar cómo ha evolucionado el formato. Lo hace con la claridad de quien conoce el concurso desde dentro y sin esquivar ningún tema: desde la presión del rosco hasta los cambios que ha experimentado el programa en los últimos años.
Herrera, que reconoce que "no contaba con ganar el bote", pone el foco en uno de los elementos clave del concurso: la gestión del riesgo. "Para ganar hay que echarle cara", afirma, en una reflexión que conecta directamente con los duelos actuales que siguen enganchando a la audiencia.
"El rosco está tan medido que ambos concursantes suelen tener el mismo nivel"
Su experiencia también le permite desmontar algunas de las polémicas habituales que siempre persiguen al programa. Desde las dudas sobre la validez de respuestas hasta las críticas en redes sociales, la exconcursante es tajante al defender la transparencia del formato: "No hay ni gota de trampa". Con la perspectiva que dan los años, Paz Herrera no solo reivindica su hazaña, sino que también ofrece una mirada privilegiada sobre lo que significa realmente enfrentarse a Pasapalabra: un concurso donde el conocimiento es fundamental, pero donde la cabeza —y los nervios— juegan un papel decisivo.
Paz Herrera, exconcursante histórica de 'Pasapalabra'. (EFE/Javier G. Paradelo)
PREGUNTA: En mayo se cumple un año desde el final de El cazador, aunque mucha gente cree que sigue adelante debido a las reposiciones de La 2. ¿Cómo recibisteis la noticia de que el formato no seguía adelante?
RESPUESTA: Con sentimientos muy encontrados porque yo llevaba dos años muy agobiada, fatal. Mis padres tienen demencia senil, así que pasaba la semana en Madrid y me venía a Cantabria los fines de semana. Realmente, estaba deseando que terminara para poder centrarme un poco. Actualmente, están en una residencia, donde están fenomenal, al lado de mi casa y los veo todos los días. Y ahora que ya se me resolvió esa situación, resulta que se acabó el programa. La verdad es que se echan muchísimo de menos las grabaciones porque teníamos muy buen ambiente de trabajo, lo pasábamos muy bien.
P: Fueron seis años intensos. Grabasteis más de 1.250 entregas entre la versión original, la de famosos y la nocturna de prime time.
R: Fue un trabajo arduo, pero lo llevamos muy bien. Cuando empezamos, yo siempre fui pesimista. Ya sabes cómo funciona la televisión: haces una temporada y nunca sabes si habrá continuidad. La primera etapa, que coincidió con la pandemia, fue un año desastroso, con audiencias flojas. No dejaba de pensar que en una privada ya habrían cancelado el concurso, pero TVE tuvo paciencia. Poco a poco, la cosa fue mejorando y, luego, con el tándem de La promesa, hicimos unos números fabulosos para la tarde; unas audiencias que no se habían visto en años.
Pasamos unas temporadas muy buenas, pero luego empezaron los cambios. Yo soy partidaria de que cuando las cosas van bien, no las cambies. Pero llegó gente con ideas nuevas, hicieron ajustes, cambiaron horarios y ahí empezamos a pinchar. Para mí no fueron buenas decisiones, pero lo seguimos haciendo con alegría hasta el final. Curiosamente, la optimista en la última temporada era yo.
P: ¿Pensabas que El cazador seguiría con una nueva temporada?
R: Yo pensaba que sí, que al menos otra temporada haríamos, porque, además, era la primera producida directamente por ITV Studios Iberia. Nathalie García (CEO de la productora) vino con muchas ganas, se habían hecho inversiones en el plató, en los camerinos… y pensaba: "Esto no es para cuatro días". Y al final se acabó. Pero terminamos muy bien, con buena sintonía.
Era un formato en el que yo no confiaba demasiado al principio. Pensaba: "Esto a los ingleses les funciona porque son más duros, pero aquí no puedes insultar a un concursante". Allí los chasers son muy agresivos. Incluso al principio teníamos un supervisor extranjero que nos decía que no sonriéramos, que el cazador estaba para machacar. Pensaba que eso aquí no funcionaría. Con el paso del tiempo, lo llevamos a nuestro terreno, con humor, con personalidad propia... Creo que hubo un gran trabajo de guion para diferenciar a cada cazador, y lo pasamos estupendamente bien.
"Para ganar el bote tienes que echarle cara, arriesgar. A mí me parecía que Manu no arriesgaba”
P: En su día, Antena 3 estuvo interesada en ese formato. ¿No crees que sería ideal para recolocar a las grandes leyendas de Pasapalabra?
R: Yo sabía que el programa interesaba porque a mí El cazador me lo habían ofrecido un año y pico antes de que se anunciara por parte de otra productora. Y me sorprendió la propuesta porque no había oído hablar del programa, pero no cuajó y no salió adelante. Querían grabar un piloto y, de repente, se fue al traste.
Nunca más volví a saber del proyecto hasta que un día me llamó Olga Flórez -productora ejecutiva de Telecinco en Pasapalabra- y me dijo que había pensado en mí. Me conocía de mis etapas en el concurso. Pero ya entonces el concurso era para Televisión Española. Según tengo entendido, fue la primera cadena a la que se lo ofrecieron y, al final, salió adelante.
Paz Herrera, ante el rosco que le dio el bote de 'Pasapalabra'. (Mediaset)
P: Tras probar suerte en Saber y ganar, te lanzaste a Pasapalabra. ¿Supuso ese concurso un antes y un después en tu vida?
R: Sí, desde luego. Es incomparable la audiencia que ve Pasapalabra con la de Saber y ganar, pero a mí me vino bien llegar rodada y conocer cómo funcionaban las cosas en televisión. Pasapalabra es el concurso más popular, pero Saber y ganar tiene prestigio, ese toque de distinción... Algo que me sorprendió mucho fue lo de la popularidad, eso de que te miren en todas partes y te reconozcan.
En los concursos influyen muchos factores: los conocimientos, pero también la suerte, los nervios, la edad… Hay gente joven que tiene que estudiar cosas que otros hemos vivido. Y luego está la tranquilidad: yo tengo la ventaja de que no me pongo nerviosa. He visto concursantes que sabían muchísimo, pero al encenderse las cámaras se bloqueaban.
P: Tu entrada a la televisión fue a través del concurso de Jordi Hurtado en 1997, hace ya casi 30 años. Primero estuviste en 5 entregas y luego, con motivo de sus 3.000 programas, participaste en otros 7, aunque tu etapa más gloriosa tuvo lugar en fin de semana (25 findes).
R: Saber y ganar empezó sus emisiones en el 97 y yo fui concursante el primer año. Ni siquiera existía la prueba final del reto, que si la superas te reenganchas al día siguiente. Yo estuve al principio, cuando en la prueba de La pregunta caliente el último que quedaba se iba para casa. Para mi sorpresa, aguanté cinco programas porque cuando llegué había dos chicos que llevaban ya muchos programas. Yo era la tercera en discordia. Pensé que me iría el primer día y, al final, me mantuve cinco.
Al año siguiente, había otro concurso en La 2, llamado Quatro y presentado por Paco Vegara, que también se grababa en San Cugat. Era superdivertido, como jugar al Tres en raya, y como era por parejas y fui con mi hermana. Ganamos un millón y pico de pesetas de aquellos tiempos. Así que yo ahí vi un filón: vas, te pagan el viaje, te lo pasas bien y a lo mejor ganas dinero. ¿Qué más se puede pedir, no? Hay personas que lo pasan fatal porque se ponen muy nerviosas y yo tenía a mí favor que soy tranquila. No me pongo nerviosa, así que empecé a apuntarme a todo lo que veía que podría tener alguna posibilidad.
Paz Herrera, en 'Saber y ganar fin de semana'. (RTVE)
P: Y como el tiempo no pasa en balde, tu llegada a Pasapalabra (Telecinco) fue también muy importante. Te llevaste un bote de 1.310.000 euros (27/05/2014), aunque Hacienda se llevó también un buen pellizco.
R: Sí, fue el año en que más se pagó, un 54%. Pero yo, como ha dicho Rosa, que encima la han criticado por ello, es un dinero que sirve para colaborar con el buen funcionamiento del Estado. No nos damos cuenta de todo lo que tenemos de manera gratuita, gracias a los impuestos. Las cosas hay que pagarlas. Necesitamos carreteras, necesitamos colegios, necesitamos hospitales,... y todo eso hay que pagarlo y quien más tiene más tiene que contribuir, lógicamente. No es que estés enormemente feliz de pagar el 50% en impuestos, pero si hay que pagarlo, pues, se paga.
"He visto concursantes que sabían muchísimo, pero al encenderse las cámaras se bloqueaban"
P: Tuviste que llevar peluca durante un tiempo tras resolver El rosco. Eso tuvo que ser gracioso... ¿a quién se le ocurrió esa brillante idea de rapar entonces a los ganadores?
R: Aquello fue en la etapa de Telecinco, pero no siempre se hizo. Surgió como una broma con un chico anterior que había ganado el bote. "A ti no te pelearíamos (si lo ganas) porque eres una chica", llegó a decirme Christian Gálvez. ¿Perdona? Dame otra razón. Tampoco es que tuviera un interés especial en pelarme, pero no acepté la excusa del género. Yo tengo mucho pelo y me da mucho calor, así que cuando llega el buen tiempo voy a la peluquería y me pelo mucho. Me crece enseguida, de modo que tampoco me importaba demasiado que me rapasen. Pero, claro, llamaba muchísimo la atención.
Se grabó el programa y tuvimos la mala puntería de que justo después se hizo un parón porque la cadena tenía ya muchísimos programas en la nevera. Tardó un mes y medio en emitirse. En medio, me hice un viaje a Nueva York, que era el premio que había ganado en Navidades y que me permitió reengancharme al concurso. Así que fui con peluca. Pensaba: "En el aeropuerto, con todos los controles que hacen, como se den cuenta que llevo peluca... vamos a tener un lío". La idea era quitarme la peluca una vez en Nueva York, pero resulta que estaba llena de españoles por todas partes. Afortunadamente, en aquel entonces las redes sociales no eran como ahora...
P: Hace menos de dos meses, después de 307 entregas, Rosa Rodríguez completó el rosco y se embolsó los 2,7 millones de euros del bote. ¿Qué te ha parecido como concursante?
R: Rosa es una crack y también Manu. Cualquiera de los dos se merecía un montón ganar porque se lo han trabajado muchísimo, pero yo tenía el pálpito de que si alguno de los dos ganaba sería Rosa. Te lo digo como lo siento... A Manu le faltaba un plus de valentía. Me daba la impresión de que jugaba a empatar, porque la mayor parte de las veces dependía de él, porque siempre se quedaba con más tiempo. Y para ganar el bote tienes que echarle cara, o sea, arriesgar como Rosa. A mí me parecía que Manu no arriesgaba.
Además, si tienes una rival tan fuerte como Rosa, procura mandarla cuantas más veces a La silla azul, para ver si en alguna de esas ocasiones cae eliminada. Está bien el compañerismo, pero, al final, es una adversaria muy fuerte que acabó por llevarse el bote. Rosa se parece más a mí jugando. Soltaba la primera idea que se le venía a la cabeza y, por eso, cometía también más errores.
"Yo tengo la ventaja de que no me pongo nerviosa. Hay gente que se pone muy nerviosa y eso influye muchísimo"
Yo, por ejemplo, la respuesta última de Rosa no la sabía, pero tampoco sabía otra palabra ("Escampavía"), que hacía referencia a un barco de vela, pequeño, que sirve de explorador a una embarcación más grande. La gente solo se acuerda de la última respuesta que le dio el bote, pero el rosco tiene 25 definiciones...
Rosa Rodríguez, tras ganar el bote de 'Pasapalabra'. (Atresmedia)
P: ¿Entiendes que Rosa haya sido tan atacada en redes sociales... y que haya espectadores que incluso hayan cargado contra el programa por validar su última respuesta?
R: La gente habla con una facilidad... sin saber nada. Aunque tú no lo oigas bien por el murmullo del público, de los aplausos o de lo que sea, el presentador tiene un pinganillo y oye perfectamente todo lo que se dice. Si el programa ha dado por válida la respuesta es porque era buena. No sé qué dudas puede haber ahí.
De verdad, Pasapalabra es que es un concurso que no tiene nada de tramposo. Yo estuve muchísimo tiempo allí y me imagino que cuando cambió de Telecinco a Antena 3 siguió igual porque el equipo que lo hace es exactamente el mismo. Allí no hay ni gota de trampa, ni de preferencia. El problema, ahora, son las redes sociales y que todo el mundo, amparado en un anonimato, se permite decir las barbaridades que quiere.
P: ¿Y sobre la dificultad de los roscos tienes algo que decir? ¿Te parece que hay diferencias reseñables entre unos y otros?
R: Los roscos son parecidísimos. Yo, cuando veo Pasapalabra, sigo haciendo esa prueba y normalmente acierto el mismo número de respuestas en los dos roscos, porque tienen las mismas dificultades. Están supermedidos, que, la verdad, no sé cómo lo pueden hacer. Y lo mismo sucedía cuando yo concursaba. Yo en plató me concentraba mucho en mi rosco y no escuchaba las preguntas del otro, pero, luego, en casa, solía hacer el rosco de mi rival para ponerme a prueba.
Y, como digo, normalmente sacaba los mismos aciertos en ambos roscos, porque son muy, muy, muy similares. Puede ser que una de las difíciles tú la sepas, porque sea un tema que te apasiona, y otra, en cambio, a priori más fácil, la acabes fallando porque sea una materia que no controles. Muchas de las críticas no tienen sentido. Algunos incluso decían que Roberto le ponía siempre a Rosa las preguntas fáciles. Para empezar, el presentador no pone las preguntas, él solo lee las cuestiones que formula gente experta en esas cosas.
P: ¿Qué te llevó a ti a apuntarte al casting del programa?
R: Cuando me apunté al casting de Pasapalabra fue exactamente por las mismas razones que cuando me apunté al de Saber y ganar, que era que el trabajo había caído. Yo soy arquitecto y el trabajo va y viene. Hemos tenido temporadas de muchísimo trabajo y otras de casi nada. Cuando fui a Saber y ganar era porque había muy poco trabajo y tuve más tiempo para ver la tele. El concurso empezó en febrero del 97. En aquel entonces, yo iba respondiendo al ritmo de los concursantes que estaban allí y por eso me apunté. Al final, gané casi medio millón de pesetas, que para la época era bastante. ¡Ostras! Me lo pasé bien y encima gané dinero.
"Los roscos son parecidísimos. Normalmente acierto el mismo número de respuestas en los dos roscos"
Después vino una temporada con bastante trabajo y ni me acordé de los concursos. Me apunté a Pasapalabra después de la gran crisis de la construcción. Siempre dijeron que yo era arquitecto en paro y no estaba en paro. Yo era autónoma hasta el año pasado, ahora estoy jubilada. El primer día dije que era arquitecto de obras paradas, porque había muy poco trabajo, y se malinterpretó. Había sucedido lo de la burbuja inmobiliaria. Pero, en realidad, todavía mantenía mi despacho abierto. No estaba en paro y cumplía con todas mis obligaciones de autónoma.
En las temporadas que había más trabajo, no me acordaba de los concursos, porque no tenía ni tiempo para ver la televisión y después, cuando había menos trabajo, ojeaba a ver qué concurso había para ir a divertirme y sacarme un pico. En la primera etapa de Pasapalabra fueron 54 programas, aunque en la etapa más importante participé en 87. El primer año me di más que por satisfecha: gané 62.400 euros. La verdad es que no contaba con ganar el bote porque yo veía que la gente se preparaba mucho luchar por ese premio. Lo de ponerme a hincar codos nunca ha sido lo mío. Yo iba con lo que sabía y si acaso reforzándolo un poco.
P: Tengo entendido que no fuiste sola al casting...
R: Fuimos al casting mi hermana y yo, pero estuve a nada de no ir porque nos convocaron al casting en Bilbao. Dije que no iba porque ir a un casting para que después a lo mejor ni te cojan es, de entrada, gastar dinero. Al final, fuimos porque mi cuñado se cogió fiesta y fuimos a pasar el día a Bilbao. Y nos cogieron a las dos para Pasapalabra.
Cuando llamaron a mi hermana Ana y fue a concursar estaba Lilit [Manukyan], mi compañera cazadora, que llevaba veintitantos programas. Sabía de antemano con quién iba a jugar porque entonces no había Silla azul y cada día se iba uno. Como grababa el primer programa del primer día de la semana, ya le habían dicho que su rival sería ella.
"No sé ni para qué voy, porque contra esta chica...", llegó a decir. Pero fue, empató el primer programa y al segundo ganó a Lilit. Sin embargo, al tercer día le ganaron a ella. Es algo que suele pasar cuando ganas a alguien que lleva mucho: al siguiente día te relajas de tal manera que acabas perdiendo. Total que me quitó a Lilit de en medio. Si me hubiese tocado a mí a Lilit... igual mi carrera hubiese sido de un solo programa en Pasapalabra.
Paz Herrera, con su hermana Ana, en 'Pasapalabra en familia'. (Mediaset)
P: En tu trayectoria hay dos etapas de Pasapalabra: una con 54 programas y otra, la importante, con 87. ¿Qué destacarías de cada una de ellas?
R: En mi primera etapa estuve 54 programas, sí. Entonces, no había Silla azul, por eso cuando yo veo esas permanencias tan largas siempre digo que hay que diferenciar. Para mantenerse en el concurso en aquella época no podías perder nunca. Si perdías en El rosco, te ibas a casa y entraba otro concursante. Te diré que es algo que me gustaba más que ahora. Por mucho cariño que llegues a cogerles, dos años con los mismos concursantes no me termina de convencer. Al final, ya sabes lo que van a hacer, cómo van a jugar y cómo va a acabar la cosa. Permanecer durante 54 programas fue algo fenomenal.
Luego, me reengancharon después del programa especial de Nochebuena. Aquella segunda vez fueron 87 programas y creo que todavía debe ser el récord: 87 victorias seguidas, sin empates. David Leo, por ejemplo, tuvo una permanencia de 109 programas [con 5 empates y una derrota]. En su etapa ya había Silla azul, y me parece que no fue a la repesca hasta el programa 99. O sea, que en permanencia real yo creo que tiene el récord David y en permanencia con victorias continuadas, lo tengo yo con 87. Son ya cosas que yo rebusco... Tenía el récord de la mujer que más dinero había ganado, pero ahora también me superó Rosa y, la verdad, me alegro mucho.
"La gente habla y critica con una facilidad... sin saber nada. El problema, ahora, son las redes sociales"
P: Por vuestros números en Pasapalabra, os tenemos a David y a ti como el rey y la reina del programa. Vuestras estadísticas son realmente increíbles...
R: Christian me llamaba siempre por el nombre del tipo este de baloncesto que llevaba el número 23, Michael Jordan. Acababa muchos roscos con 23 aciertos. La primera vez que participé en Pasapalabra me quedé cuatro veces a una del bote y, luego, en la segunda etapa de 87 programas, me quedé 13 veces con 24 aciertos. Las diez primeras me dio igual, pero las últimas ocasiones sabía la respuesta, pero no me vino o me ofusqué en la palabra.
Me acuerdo una vez, que la última palabra era "ungular", que incluso producción del programa había llamado a mi familia para prevenirla. "¿Estáis preparados? Porque vais a entrar por teléfono... porque va a ganar el bote hoy". ¿Cómo era? Perteneciente o relativo a la uña. Casualmente, dos o tres días antes, yo había contestado "ungulados" a otra pregunta ("Animales que tienen uñas o pezuñas") y pensarían que sabría la respuesta de sobra.
Cuando me preguntaron "Perteneciente o relativo a la uña", a mí se me metió en la cabeza que era una respuesta que contenía la Ñ. Eso es por la manía que tenemos todos los concursantes de no volver a escuchar bien la pregunta entera. En la segunda y tercera vuelta pasamos rápidamente para no malgastar segundos. Si hubiera escuchado bien la segunda vez... Yo estaba buscando algo como uñal, uñero... y creo que, al final, dije uñal y nada más decirlo Christian dijo que no, que era con la letra U. Respondí entonces ungular, pero ya era tarde. Ese día, por la noche, lloré en el hotel lo que no está escrito porque yo lloro una vez cada 10 años, pero me dura horas.
Me hice a la idea de que no iba a ganar el bote, pero ya tenía más de 100.000 euros acumulados y otros 60.000 euros de la primera vez. Había ganado un montón de dinero en Pasapalabra. Decidí que a partir de ese momento me iba a divertir como nunca. Y, al final, acabé ganando el bote.
P: En tu etapa no había repesca, la llamada Silla azul. Cómo recuerdas esas tardes. Hoy día se dice que una mala tarde puede suponer tu eliminación, pero entonces, antes de 2015, la cosa era todavía más terrible.
R: La silla azul es la que permite que las mismas personas se alarguen tantísimo tiempo concursando. A mí particularmente no me hace mucha gracia. Por un lado, sí, te permite conocer más a los concursantes e incluso les coges cariño, pero antes, no sé, como que había más variedad de concursantes. No me gusta que se alarguen tanto los duelos y que pregunten cosas tan difíciles para no dar el bote y así vaya engordando.
Es totalmente lo que parece: se hace engordar el bote porque parece que levanta mayor interés. No obstante, la audiencia de Pasapalabra también era enorme cuando los botes se daban más a menudo y eran mucho más pequeños. Lo que sucede ahora me parece ya muy exagerado.
P: En el año 2008, Pasapalabra llegó a entregar hasta 12 botes en Telecinco. Algo impensable hoy día.
R: Y ahora se da un bote cada dos años... El primer año que concursé mi acumulado llegó a superar al dinero de muchos botes. Antes se daban botes de 30.000, de 40.000, de 50.000 euros... y el mérito era el mismo. Tenías que atinar y estar ahí, aguantando la presión, para acertar las 25 definiciones. La gente lo apreciaba igualmente. Supongo que lo de ahora responde a políticas de empresa.
"Es lo que parece: se hace engordar el bote porque así levanta mayor interés"
P: ¿Cómo recuerdas en aquellas etapas las grabaciones? ¿Se paraba también el programa para hacer todo tipo de comprobaciones?
R: Yo era especialista en decir lo que no estaba previsto, así que sí, tenían que detener la grabación. Recuerdo que en el primer programa me preguntaron, con la C, por la campana de forma casi cilíndrica que llevan las reses para hacerse sonar y ser localizadas. Yo dije "campano" y Christian no la dio por válida.
En Pasapalabra, siempre nos advierten al principio que cuando te digan "no" a una respuesta, no hay que poner caras raras, porque lo van a comprobar. Tienes que estar quieto porque sino resulta difícil para ellos tener que reenganchar después la grabación en el mismo segundo. Christian nos hacía un gesto con la mano, como de espera, para indicarnos que iban a comprobar las respuestas que no tenían recogidas. Dirán lo que quieran -le dije yo a Christian-, pero las vacas de mi abuela tuvieron siempre campano. Y efectivamente, el diccionario recoge el uso de esa palabra en Cantabria.
Otra cosa es que sean localismos que no vienen en el diccionario. Pero si yo contestaba algo a la primera, normalmente valía, porque es una palabra que sé que está en uso y que está vigente. En casi todos los programas, tenían que comprobar alguna respuesta que yo daba automáticamente y que no la tenían en la lista. Es cierto que cuando llevas dos, tres o cuatro vueltas, a veces, una suele decir cualquier cosa para ver si cuela en alguna respuesta, pero eso ya era diferente.
En aquella etapa, estaba Mariam Guillén de regidora y recuerdo un día, que había cierta prisa en la grabación, y se le oyó decir por un micrófono: "No sé ni para qué comprobáis nada, ¡si lo dice Paz es que vale!".
P: Me parece que también rompisteis un récord con un selfie. Recuérdame ese tema, ¿qué pasó?
R: Así es. Sucedió el día que yo gané el bote. Cada vez que algún concursante ganaba el bote, Christian solía hacer un selfie con todos los que estábamos ese día en plató. La foto de mi bote fue la más retuiteada ese año, en 2014. Teníamos ese récord en España, seguidos por un gol de fútbol muy importante de algún partido. Eso tiene mérito... Al final, refleja un poco el interés que había y la repercusión que despierta el programa.
P: Fuiste, además, la primera ganadora de Botemasters, la primera liga que el programa llevó a cabo entre los mejores concursantes.
R: Sí, eso me dio mucha satisfacción. Aunque las redes no eran como ahora, también había comentarios del tipo: 'Claro, es que le ponen rivales flojos'. Y yo pensaba: 'Perdona, ¿qué sabrás tú?'. Había gente muy válida que, de repente, allí no daba una porque se ponía muy nerviosa. O gente que no había estado nunca en televisión y la situación le superaba. Sin embargo, en Botemasters todos estábamos al mismo nivel: todos habíamos ganado un bote. Y, oye, ganar a compañeros que también lo habían conseguido… eso sí que me produjo una gran satisfacción.
P: Por cierto, durante tu etapa, incluso TVE achacó a Pasapalabra la pérdida de audiencia que sufrió la segunda edición del Telediario. ¿Cómo te sentó aquello?
R: Sí, de hecho, yo guardo un recorte del acta de sesiones del Congreso de cuando Telecinco, por primera vez, superó a TVE en el Telediario 2. Sucedió cuando yo estaba concursando en Pasapalabra. Fue algo muy curioso porque, en la comparecencia de control, el entonces director de informativos de RTVE puso como excusa que había una señora en Pasapalabra que llamaba mucho la atención. Había un efecto arrastre porque Telecinco fue muy hábil programando y el concurso acababa siempre sobre las 21:05 horas. Arrastraba audiencia al informativo porque, en ese momento, si te ibas a La 1 ya te habías perdido los titulares y la primera noticia. Así que la gente optaba por quedarse con el informativo de Telecinco. La audiencia subió muchísimo.
Llegué a buscar el acta del Congreso para ver si me nombraba, pero no. Dijo algo así como que el concurso de Telecinco tenía un gran atractivo por "esa señora que sabe tanto" y que por eso la gente se quedaba a ver Pasapalabra hasta el final y luego ya ni cambiaba de canal.
"Pasapalabra es que es un concurso que no tiene nada de tramposo"
Paz Herrera, 'La Profesora' de 'El cazador'. (RTVE)
P: ¿Volverías a Pasapalabra? Si se diera el caso, ¿aceptarías también volver a dar vida a La Profesora en El cazador?
R: Sí, El cazador lo echo de menos, pero está todavía muy reciente. Llevo más de medio año sin mirar nada. Yo no estudio, ni me preparo listas ni nada específico, pero es verdad que, estando en El cazador, tenía una responsabilidad y estaba muy al día de todo. Me miraba los periódicos, estaba un poco pendiente de cómo iba la liga, me iba enterando... pero desde que acabó el programa tengo la mente en blanco. No sé, ahora mismo tendría que volver a ponerla en marcha porque ha sido un relajo total.
En El cazador muchísimas preguntas eran de actualidad, de cosas que salían en prensa y, ahora mismo, eso lo tengo completamente abandonado. No es que no mire mucho la prensa, es que no miro nada. Con las noticias que tenemos últimamente es casi mejor no mirarlas.
La gente que ha pasado por Pasapalabra me entenderá... Cuando estás allí parece que eres más lista. Al estar concentrada, te salen las cosas automáticamente, pero, luego, te relajas y no te acuerdas de nada. Por eso, procuro ver Pasapalabra y hacer los dos roscos a la vez desde casa. El otro día, estaba muy contenta porque supe una más que el concursante que ganó. Dije: "Bueno, todavía estoy en forma". Es un buen termómetro para saber si los conocimientos siguen ahí.
P: Paz, ¿en qué momento te encuentras ahora? ¿A qué dedicas el tiempo libre?
R: Mi problema fundamental, de toda la vida, es la dispersión. Ya en la universidad, un profesor me decía que podría llegar a ser alguien muy importante siempre y cuando concentrara todos los esfuerzos en la misma dirección...
Tengo 80 cosas empezadas y no termino ninguna. No sé si también será porque soy Aries, que somos de empezar muchas cosas. Por ejemplo, pinto a la acuarela y tengo un cuadro a medias… Hace un tiempo intenté arreglar un portarretratos dorado al que se le había caído el pan de oro y acabé con más pan de oro en las manos que en el marco.
Me encantan las plantas, la jardinería, los pájaros, las mariposas… En fin, que no me dan los días para nada. Tengo cientos de cosas empezadas, de lo más variopintas, y no termino nada. Y al final del día pienso que no he hecho lo principal que tenía que hacer. Es una anarquía total. Pero, bueno, también tiene su parte bonita: tener ganas de hacer cosas, de probar… Dicen que envejeces cuando pierdes el interés por las cosas, y yo tengo todo lo contrario: demasiados intereses.
Hablar de Paz Herrera es hablar de una de las mayores gestas que ha dado la historia de Pasapalabra. No solo dejó huella al llevarse un bote de 1.310.000 euros, el más alto alcanzado por una mujer hasta la aparición de Rosa Rodríguez, sino que dejó también una forma de competir que todavía hoy sigue siendo referencia para los concursantes que se enfrentan cada tarde al rosco.