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El llamamiento de Jordi Évole para "salvar" el paso por cines de 'Sidosa' se le vuelve en contra: todos critican lo mismo
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El llamamiento de Jordi Évole para "salvar" el paso por cines de 'Sidosa' se le vuelve en contra: todos critican lo mismo

Numerosos seguidores no han terminado de entender la apropiación del término que da título a la película, cargando duramente contra el presentador

Foto: Jordi Évole. (La Sexta)
Jordi Évole. (La Sexta)

El estreno de Sidosa ha llegado precedido de una combinación poco habitual en el circuito del cine social: mensaje de denuncia, estrategia de exhibición limitada y una intensa polémica en redes sociales incluso antes de su llegada a las salas.

El documental, impulsado en Atresmedia por Jordi Évole junto a Eduardo Casanova, aborda la convivencia del propio Casanova con el VIH desde su adolescencia y busca, según sus autores, poner el foco en el estigma social que todavía persiste en torno a la enfermedad. Sin embargo, el debate ha trascendido rápidamente el contenido de la pieza para situarse en su estrategia de distribución… y, especialmente, en su título.

En un mensaje publicado en redes sociales, Évole explicó que la película se estrenará el jueves 23 de abril en unas 60 salas de España, pero únicamente durante esa jornada, en lo que las distribuidoras han planteado como un pase especial.

El periodista reconocía su sorpresa por la decisión de limitar la exhibición inicial, condicionada a la preventa de entradas. “Solo si esa preventa crece entre el lunes y el miércoles, las salas programarán más días la película”, señalaba, animando directamente al público a apoyar el estreno. Un modelo poco habitual en el circuito comercial que ha generado dudas sobre la viabilidad del lanzamiento en salas, especialmente tratándose de un documental de corte social.

El título, en el centro de la polémica

Más allá de la estrategia de exhibición, buena parte del debate en redes se ha concentrado en el propio nombre del proyecto: Sidosa. Évole defendía en su mensaje que el título responde a una “provocación” destinada a reapropiarse de un insulto históricamente vinculado al VIH y al sida, en línea con otras estrategias culturales de resignificación del lenguaje.

Sin embargo, ese planteamiento ha generado una fuerte división entre usuarios, con numerosos de ellos, sobre todo mujeres, cuestionando tanto la elección del término como su enfoque. Entre las reacciones más repetidas, se encuentran críticas que consideran el título innecesariamente provocador o incluso ofensivo al ir en femenino y no en masculino. Otros usuarios, en cambio, defienden el proyecto y subrayan la importancia de visibilizar el estigma que aún rodea al VIH en pleno siglo XXI.

El mensaje de Évole ha desatado una conversación fragmentada en plataformas digitales, donde conviven apoyos explícitos con críticas duras al proyecto y a sus autores. Algunos usuarios han cuestionado directamente la estrategia de promoción y la timing del anuncio, mientras otros han puesto en duda el interés del público o la viabilidad comercial del documental, recuperando las bajas recaudaciones de otras películas de Casanova. También han surgido mensajes de apoyo que destacan el valor social del proyecto y animan a acudir al estreno como gesto de respaldo a su mensaje.

Pero uno de los puntos más llamativos del debate ha sido la incomprensión del propio título. Parte de las reacciones se han centrado en la elección del femenino “Sidosa”, con usuarios que manifiestan confusión o rechazo hacia su formulación, sin entrar en el contexto simbólico que defienden los autores. Para muchas espectadoras, refuerza la misoginia en el lenguaje.

placeholder Parte del cartel de 'Sidosa'. (Atresmedia)
Parte del cartel de 'Sidosa'. (Atresmedia)

Un proyecto entre la denuncia y la estrategia

Más allá del ruido en redes, Sidosa se sitúa en esa franja donde el documental deja de ser solo contenido audiovisual para convertirse también en un acto de posicionamiento. La decisión de donar parte de los beneficios a asociaciones vinculadas al VIH refuerza el componente social del proyecto, mientras que su modelo de estreno limitado introduce un elemento de incertidumbre en su recorrido comercial.

En un contexto donde la atención del público se dispersa y la conversación digital condiciona cada lanzamiento, el caso de Sidosa confirma una tendencia cada vez más habitual: el estreno ya no empieza en la sala, sino en el debate previo. Y en este caso, ese debate ha llegado antes incluso de que se enciendan los proyectores. Quién sabe, quizá el revuelo originado por este tuit logre precisamente el efecto esperado: que el ruido se traducza en visibilidad, y esa visibilidad en compra de entradas.

El estreno de Sidosa ha llegado precedido de una combinación poco habitual en el circuito del cine social: mensaje de denuncia, estrategia de exhibición limitada y una intensa polémica en redes sociales incluso antes de su llegada a las salas.

Jordi Évole
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