Santiago Segura y Pedro Almodóvar han coincidido estas semanas en cartelera, pero también —y sobre todo— en titulares. La prensa ha establecido una rivalidad entre dos de los nombres más reconocibles del cine español, una supuesta tensión que ha ido creciendo al calor de la promoción de sus últimas películas, hasta el punto de convertirse en relato mediático. Este jueves, 9 de abril, durante su visita a La revuelta, el director y actor madrileño quiso poner freno a esa narrativa… aunque no evitó dejar algunos dardos sobre la mesa.
Invitado para promocionar Torrente, presidente, ya convertida en la sexta película española más taquillera de la historia en apenas unas semanas, Segura rebajó el tono desde el primer momento. “Lo que no me ha gustado han sido algunos titulares que decían: Santiago Segura destroza a Almodóvar. La gente utiliza todo para enemistar. Es feo, porque además él es conocidísimo en todo el mundo, es marca España, tiene todos los premios y reconocimientos habidos y por haber, Oscar incluido. Además, sus recaudaciones son espectaculares en todo el mundo. Es que la comparación es absurda, ¡ni que fuera esto lucha libre!”, lamentó, en referencia al ruido generado en torno a su coincidencia en cines con Amarga Navidad, la última obra de Pedro Almodóvar.
Lejos de alimentar el enfrentamiento, el cineasta defendió la convivencia de ambos modelos: “No la puedes comparar con la recaudación de una película que tiene como propósito la carcajada y la risa, un cine más comercial”. Incluso fue más allá al valorar el trabajo de su “rival”: “He visto la película de Almodóvar y me ha gustado mucho, en la línea de las últimas, muy introspectiva. Además, de las tres últimas que ha hecho, ha sido su mejor estreno”.
Sin embargo, ese intento de enfriar la polémica convivió con una descripción mucho menos diplomática de su relación personal. “No tenemos trato. Me gustaría ser amigo suyo, porque parece muy brillante y tiene mucha conversación”, admitió Segura, antes de matizar: “Los intercambios que hemos tenido siempre han sido tensos. Me decía 'niño, no hagáis tanta recaudación. Lo mío, además, es worldwide”. Una distancia que, según él mismo reconoce, no ha cambiado con el tiempo: “No tengo noticias de si ha visto esta película, no me ha felicitado por Torrente, presidente”, señaló, en contraste con el gesto que sí tuvo Juan Antonio Bayona: “Me emocionó porque es un tío al que admiro”.
El momento más comentado de la entrevista llegó al recordar un episodio concreto que ilustra esa falta de sintonía: “Un día, saliendo de los Cines Ideal, me dijo, después de yo haber adelgazado mucho tras Torrente, ‘no te queda bien. Los que sois feos, estáis igual de feos gordos que delgados”, relató entre risas. Una anécdota que remató con una frase que resume años de encuentros puntuales: “Cada vez que me ha visto, me ha masacrado”.
Más allá del tono anecdótico, las palabras de Segura reflejan una relación marcada por el respeto profesional, pero sin conexión personal. Dos formas de entender el cine —la comedia popular frente a la propuesta de autor— que conviven en la industria… y ahora también en la taquilla. “Para mí es bonito y hay que hacer que convivan películas distintas en las salas, que haya diversidad”, defendió.
Así, entre elogios, matices y algún que otro “tirito”, Segura dibujó en La revuelta una realidad más compleja que la del simple enfrentamiento: la de dos figuras clave del cine español que, sin ser enemigos, tampoco han encontrado nunca el punto de encuentro. Y todo ello, con la maquinaria promocional en marcha y las salas como escenario compartido.
Santiago Segura y Pedro Almodóvar han coincidido estas semanas en cartelera, pero también —y sobre todo— en titulares. La prensa ha establecido una rivalidad entre dos de los nombres más reconocibles del cine español, una supuesta tensión que ha ido creciendo al calor de la promoción de sus últimas películas, hasta el punto de convertirse en relato mediático. Este jueves, 9 de abril, durante su visita a La revuelta, el director y actor madrileño quiso poner freno a esa narrativa… aunque no evitó dejar algunos dardos sobre la mesa.