El movimiento de Mediaset Italia con Supervivientes abre inevitablemente el debate en España. Su apuesta supone un auténtico golpe en la mesa que invita a pensar en un posible cambio de rumbo dentro del universo de los realities, con la mirada puesta incluso en recuperar algunas de las claves que marcaron los orígenes del género. Una reflexión que ahora queda en el tejado de Telecinco y de Cuarzo Producciones, llamadas a decidir si siguen ese mismo camino o exploran nuevas fórmulas con una visión más amplia del formato.
El exitoso reality de aventura, tal y como lo conocemos, podría tener los días contados. Nuestros vecinos más cercanos tienen previsto cambiar el modelo de producción con La isla de los famosos, dejando de lado el directo para embutir todo su contenido y emitirlo en versión 'modo cine'. Una fórmula que viste canas en Estados Unidos con Survivor (CBS), del que han bebido con éxito otros países como Australia (Network 10), Francia (TF1), Reino Unido (ITV) o Brasil (TV Globo). El panorama internacional hace de España la excepción.
El espectador español corre el riesgo de pasar de juez soberano a testigo mudo de la aventura
Apostar por la fórmula del Supervivientes enlatado no sería algo histórico en España. La primera adaptación que España llevó a cabo del formato Survivor, bajo la producción de Globomedia, fue precisamente grabada en el año 2000. Su presentador no fue otro que Juanma López Iturriaga, que se trasladó junto a los concursantes a Panamá. La aventura, titulada Expedición Robinson, se prolongó durante 46 días. Al año siguiente, la cadena repitió la receta, con salto a las Islas Seychelles y duplicando los días de rodaje. Además, Telecinco introdujo, por primera vez, el plató con la participación de Paco Lobatón.
No sería hasta el año 2003, con su salto a la parrilla de Antena 3, cuando el formato puso en marcha el modelo que hoy día conocemos. De hecho, fue la cadena de Atresmedia la primera que apostó por famosos como concursantes. Esta nueva adaptación del formato, en riguroso directo, se lanzó bajo la marca de La isla de los famosos (La selva de los famosos y Aventura en África).
A lo largo de estas más de dos décadas, en España entregamos el poder total a los telespectadores. Son ellos quienes fiscalizan a los concursantes, decidiendo su futuro en la isla y a quién entregan el premio final del reality. Una consolidada costumbre que empieza a notar fisuras en los últimos años y que obliga a poner sobre la mesa los pros y contras de replicar ese otro molde o modelo que ya explotan las televisiones de medio mundo.
Los pros: la eficiencia de la televisión de laboratorio
1- Costes y logística. La optimización de las dos principales preocupaciones a la hora de conformar esta producción tan extrema y exigente podría ser la clave de bóveda del proyecto. La fórmula de enlatado rezuma reducción financiera por cualquier rincón; suprimiría el elevado coste de las conexiones por satélite en cada emisión, además de disminuir la necesidad de profesionales desplazados hasta la isla.
Atajar a seis semanas la producción de un concurso que se prolonga hasta 3 meses en el tiempo aportaría también viabilidad económica. Un ejemplo de manifiesta actualidad en la propia Telecinco es el reciente éxito Casados a primera vista o el fenómeno de La isla de las tentaciones. Un ahorro tan eficaz que origina el encargo de varias temporadas en el mismo paquete de contratación, tan goloso para los anunciantes como para los fieles seguidores del formato que disfrutan por partida doble.
2- Narrativa de cine. El modelo internacional al que acaba de abrazarse Italia aplasta por completo el tedioso relleno de contenido en las galas. El ritmo de una narrativa que va directamente al grano, construyendo la aventura y las tramas sin los consabidos tiempos muertos del directo, empaqueta un producto con calidad y seguridad suprema.
Una absoluta trituradora para las maratonianas galas que se extienden hasta las dos de la madrugada. El telespectador dejaría de consumir migajas que buscan completar las horas de directo para devorar la chicha y la sustancia recién llegada desde miles de kilómetros de distancia. Una edición que sumerge al que lo disfruta como quien se sienta sin pestañear en una butaca de cine.
3- Casting de mayor nivel. La supresión de la improvisación y sus inseparables errores del directo impactan de lleno en quienes conforman el plantel de concursantes. No es un secreto a voces que muchas celebridades declinen formar parte de una aventura en la que la naturalidad los condena a perder el control de su imagen. El formato grabado los empaqueta con etiqueta de frágil.
Aquí la repercusión mediática y el compromiso con el proyecto pasa el filtro de la edición. Un conglomerado de seguridad previa que tranquiliza a muchos VIP que de otra manera serían inalcanzables para verlos sobrevivir y competir en las playas de Honduras y otros lugares del mundo. Una pátina de despreocupación barnizada a su vez con la pérdida de la soberanía del público, que premia y, sobre todo, castiga sin piedad, sin atender a cuestiones del propio reality.
4- Blindaje de marcas. En la era del dominio de la publicidad en televisión conviene controlar los daños que a menudo se ocasionan los propios formatos con un modelo emitido en crudo. Los episodios inapropiados que se contemplan en riguroso directo estarían completamente a salvo en la limpieza que conlleva la fórmula del enlatado.
Los sonoros escándalos que suceden cada vez más a menudo en realities como Supervivientes o Gran Hermano chocan frontalmente con los intereses de los anunciantes que sujetan su producción. El blindaje a las marcas que empaquetan estas retransmisiones también supondría el alivio para quien las produce y saca a escena sin impurezas incómodas ni polémicas.
Los contras: el adiós a la aventura en directo
1- El fin de la fiscalización popular. En nuestro país, la audiencia soberana no actúa como mera observadora; es la jueza suprema. Adoptar el modelo enlatado que plantea ahora Mediaset Italia para L'Isola Dei Famosi trae consigo la eliminación del preciado televoto con el que se libera y condena en tiempo real el devenir de los protagonistas. Un reclamo tan preciado como comprometido para un público criado con el poder de la justicia en sus manos.
Supondría a la vez la ruptura del contrato emocional que empareja al televidente español con un género tan viciado con el control en nuestra televisión desde prinicpios de los 2000. La dictadura del que premia y, sobre todo, del que castiga desde el sofá, quedaría suplantada por la embutida dinámica del concurso y de las decisiones de sus máximos protagonistas sobre el terreno.
2- La sombra de la manipulación. Si en el directo ya planea la duda, en un producto enlatado la sospecha de guionización y blanqueamiento se vuelve estructural. Sin la transparencia del tiempo real, el reality pierde su esencia de la aclamada transparencia que exige el televidente para convertirse en una ficción con personas reales.
Las teorías de la conspiración sobre los favoritismos por parte de la cadena y productora gobernarían desde los hogares españoles. ¿Cómo creer en una expulsión si el editor tiene el poder de omitir las virtudes de uno y amplificar los defectos del otro durante meses? Si ahora imploran explicaciones y severas consecuencias, con el modelo internacional la denuncia popular se dispara.
3- Retroalimentación en apuros. El ecosistema de programación en España, concretamente el de Mediaset, es completamente circular. Desde hace décadas, la telerrealidad nutre la mañana, tarde y noche de la parrilla de Telecinco; un contratiempo ocurrido en Honduras empapa de contenido y conexiones en directo los diferentes programas de su parrilla. Si se enlata, la chicha queda envuelta y preparada exclusivamente para su consumo semanal.
Dejarían de tener sentido emisiones con el pretexto de la 'última hora' desde la isla, coberturas en varios días de la semana interactuando con los concursantes o incluso cebando los cada vez más recurrentes abandonos voluntarios. El reiterado empeño de sus presentadores por proteger a su rostro estrella terminaría forzando un giro de guion inevitable tras su paso por la sala de máquinas.
4- La vulnerabildad del spoiler. Revolucionarios formatos como La isla de las tentaciones -o el caso reciente de la filtración del desenlace de DecoMasters (TVE) antes de su emisión- sirven de ejemplo. Un producto empaquetado y previamente manoseado por quienes lo hacen y participan está expuesto a filtraciones. El portazo al directo daría paso a un contrato de confidencialidad que obligaría a endurecer sus condiciones para evitar fugas de información comprometida.
Sin embargo, en la era de las redes sociales imposibilita la impermeabilidad de contenidos tan golosos como resultados de las expulsiones, abandonos o el propio ganador del reality. Otra contrariedad que se da de bruces contra el modelo internacional empaquetado que sí surtió efecto en nuestra televisión de los años 2000, cuando TikTok o X (antes Twitter) era un proyecto lejano y los chivatazos no dominaban el algoritmo.
La paradoja de Telecinco: una cadena que vive de la actualidad inmediata ante el reto de programar un 'reality' que ya ha ocurrido
La viabilidad
Sin embargo, al margen del abanico de posibilidades que ensalzarían y apremiarían romper con el directo para enlatar la vida en vivo está la incostestable realidad en la que descansa el modelo de televisión que maneja Telecinco. Editar un producto como Supervivientes obligaría a la cadena a reordenar su forma de hablarle al televidente; se encontraría con una parrilla bulímica de contenido que desnudaría por delante y por detrás su jornada de máxima audiencia.
El modelo de Traitors, El conquistador o La isla de las tentaciones ha servido como banco de pruebas y ha demostrado ser un éxito de eficiencia. Al salir de un laboratorio, Mediaset ha logrado jugar con las dosis a su antojo: llegó a inocular hasta tres noches semanales, ajustando la duración de las entregas para potenciar su access prime time o, por el contrario, adelantando el cierre de la emisión para no condenar al espectador a las dos de la madrugada.
"Nosotros queremos seguir haciendo el reality como lo hacemos, con tres días a la semana, en directo"
Si España decide seguir los pasos de Italia, no solo restauraría la forma de producir un programa, sino que tendría que reinventar por completo su modelo de televisión transversal. El dilema está servido: ¿priorizar el ahorro y la conciliación horaria del espectador o mantener viva la llama de un directo que, pese a sus costes y riesgos, sigue siendo el último gran evento de la televisión lineal? Sus responsables ya han encontrado respuesta.
La postura de Mediaset España
Pese a que el espejo italiano tienta por su eficiencia, los responsables de la versión española mantienen, al menos de cara a la galería, una defensa férrea del modelo tradicional. Jaime Guerra, director de la división de producción de contenidos de Mediaset, es tajante: "Nosotros queremos seguir haciendo el reality como lo hacemos, con tres días a la semana, en directo". Para la cadena, el 'vivo' no es una carga logística, sino un valor diferencial: "Creemos que es un plus para el programa", sentencia.
Esta apuesta por el directo va también emparejada a una ubicación caribeña que ya nos hace únicos. Mientras Italia busca nuevos horizontes para abaratar costes, Juan Ramón Gonzalo, director general de Cuarzo Producciones, enfría las expectativas de una mudanza inminente. Aunque admite que "un cambio de localización le podría venir bien", encontrar un ecosistema que soporte una operativa de directo es una misión casi imposible.
"Logísticamente, Honduras es un sitio relativamente cómodo, con un hotel cerca de las playas y un lugar paradisíaco donde están totalmente aislados. Encontrar algo así en el mundo es muy complicado, y más para hacerlo en directo", explica Gonzalo. El productor descarta tajantemente destinos en Asia o África debido a la tiranía del huso horario: las horas de sol en esos continentes harían inviable la conexión con el prime time español, obligando, ahí sí, a renunciar al directo por el que aboga Guerra.
Más allá de la logística y la luz, existe un factor humano y de compromiso que el espectador a veces olvida. "Tenemos un compromiso con las comunidades garífunas de Honduras; ya son parte de nuestra familia", confiesa el director de Cuarzo. Abandonar los Cayos Cochinos no es solo una decisión de producción, sino un "sopesar muchas cosas" que, por ahora, mantiene el sello de identidad de Supervivientes intacto. "Estamos muy bien cuidados y el escenario es muy difícil de superar", concluye.
El movimiento de Mediaset Italia con Supervivientes abre inevitablemente el debate en España. Su apuesta supone un auténtico golpe en la mesa que invita a pensar en un posible cambio de rumbo dentro del universo de los realities, con la mirada puesta incluso en recuperar algunas de las claves que marcaron los orígenes del género. Una reflexión que ahora queda en el tejado de Telecinco y de Cuarzo Producciones, llamadas a decidir si siguen ese mismo camino o exploran nuevas fórmulas con una visión más amplia del formato.