Acostumbrado a moverse en los márgenes del misterio y la actualidad, Iker Jiménez ha decidido esta vez poner el foco en algo mucho más cotidiano y quizá más inquietante, como es el efecto que las redes sociales están teniendo en las personas. Lo ha hecho en su newsletter personal, en una reflexión pausada, que conecta con una preocupación muy presente en la calle.
"En mitad de este tiempo que nos toca vivir... hablaba, me escribía vía WhatsApp más bien, con un buen amigo", arranca el presentador de Cuatro. Ese amigo, cuenta, "estaba alucinado de cómo le atacaban otras personas a las que también conozco". Es algo que "no acababa de entender". Y ahí es donde Jiménez intenta poner palabras a un fenómeno que, según él, lleva tiempo observando.
"Las redes, los dos factores clave de las redes, estaban afectando -para bien, y en algunos casos para mal- las mentes de muchas personas", escribe. No habla desde una superioridad moral; al contrario, reconoce que tampoco se siente ajeno al fenómeno. "Yo observo, seguro que tampoco soy ajeno a todo esto, con cierta atención, sobre todo, cuando enfoco en personas que conozco o he conocido".
"La existencia se convierte en una especie de segunda ansiedad por recibir esa droga del aplauso digital"
A partir de ahí, estructura su reflexión en lo que denomina "las dos grandes leyes de las redes". La primera tiene que ver con la recompensa inmediata. "La Ansiedad Mental que producen los likes, la variación de estos, las visitas, el impacto. La sensación de que a mayor barbaridad -cierta o no- el eco es mayor. El sujeto acaba atrapado en esa madeja dopamínica de querer superarse siempre. Va en la naturaleza. Pero... como todo en sobredosis puede causar problemas".
Iker Jiménez, en 'El cierre' del programa 'Cuarto milenio'. (Mediaset)
No es una crítica frontal, sino una advertencia. Habla de dopamina, de necesidad de impacto, de esa escalada constante por llamar más la atención que ayer. Una carrera que no siempre tiene freno. Y que, según su visión, puede alterar comportamientos.
La segunda ley apunta al aplauso incondicional. "Los seguidores. Los fans. Los acérrimos defensores". A su juicio, "eso está muy bien, pero hay fans de cualquier cosa. El sujeto se siente aupado, glorificado, con la razón. Porque lee sobre todo a quienes le dan la razón. Y siempre hay. Da igual lo que digas o aportes".
Aquí el presentador pone el acento en la burbuja, en esa sensación de tener siempre respaldo y de recibir validación constante. Y añade una consecuencia directa: "Entonces, la existencia se convierte en una especie de segunda ansiedad por contentar, por recibir esa droga del aplauso digital".
Para Jiménez, el verdadero riesgo aparece cuando ambas dinámicas se combinan. "La conjunción de ambas leyes es peligrosa. Yo veo a algunos amigos, que lo fueron, a quienes no reconozco". La frase, quizá la más contundente de todo el texto, no necesita demasiada interpretación. Habla de cambios, de distancias, de transformaciones que no siempre son fáciles de asumir.
Y, sin embargo, vuelve a incluirse en la ecuación. "Y como digo, seguro que no soy ajeno a todo esto. Pero observo y analizo. Pacientemente". No se sitúa fuera del tablero, más bien se reconoce como parte del mismo juego, aunque intenta mirarlo con perspectiva.
La reflexión no es un alegato contra las redes. Tampoco una defensa. Es más bien una radiografía personal, escrita desde la experiencia y la observación. ¿Cuánto de lo que somos sigue siendo nuestro y cuánto responde al eco —o al aplauso— que recibimos al otro lado?
Acostumbrado a moverse en los márgenes del misterio y la actualidad, Iker Jiménez ha decidido esta vez poner el foco en algo mucho más cotidiano y quizá más inquietante, como es el efecto que las redes sociales están teniendo en las personas. Lo ha hecho en su newsletter personal, en una reflexión pausada, que conecta con una preocupación muy presente en la calle.