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Manu Sánchez señala en 'Lo de Évole' la censura en la televisión nacional: "Me daban listas de a quién no podía nombrar"
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HABLA DEL 'VETO' EN CANAL SUR

Manu Sánchez señala en 'Lo de Évole' la censura en la televisión nacional: "Me daban listas de a quién no podía nombrar"

El humorista sevillano explica a Jordi Évole su rechazo a triunfar fuera de Andalucía si el precio es neutralizar su acento o aceptar vetos políticos

Foto: Manu Sánchez, en 'Lo de Évole'. (Atresmedia)
Manu Sánchez, en 'Lo de Évole'. (Atresmedia)

Esta entrega de Lo de Évole ha servido para que Manu Sánchez termine de dinamitar los puentes con la industria televisiva madrileña. En un ejercicio de honestidad brutal sobre las tablas del Cartuja Center, el humorista ha despejado la eterna duda de por qué su éxito masivo no termina de cruzar Despeñaperros con la misma fuerza. Lejos de la frustración, Sánchez ha planteado una reflexión que es, en sí misma, una proclama de soberanía cultural: para él, intentar conquistar el mercado nacional bajo ciertas condiciones no es una meta, sino una cuestión de ego que no está dispuesto a alimentar.

"Cuando se traduce lo andaluz a lo nacional es para hacerlo pasar de culto a vulgar, y yo no pago ese precio"

"Es como si a Amancio Ortega le tocara el Euromillón; no es que no lo quiera, pero no le hace ninguna falta", atinó a decir para explicar su situación de privilegio en una comunidad de casi 9 millones de habitantes. Para el sevillano, Andalucía es una nación con entidad suficiente para colmar cualquier aspiración profesional. De hecho, afeó con retranca que se vea como un fracaso no salir de la región, comparándolo con la indiferencia que puede sentir el propio Évole por no ser una estrella en Portugal o Colombia. La frontera, según Manu, es puramente política.

Pero el verdadero hachazo llegó al hablar de la "traducción" de lo andaluz al resto de España. Sánchez denunció que, a menudo, salir de su tierra implica una obligación implícita de modular el acento para no parecer "vulgar" ante el espectador de la capital. "Cuando se traducen las cosas de lo nacional al andaluz es para hacerlo pasar de culto a vulgar, y yo no estoy dispuesto a pagar ese precio", sentenció, dejando claro que prefiere las "almóndigas" de su abuela a la pulcritud impostada de un plató de Madrid. Si el éxito llega, será sin fallarle a su gente, dice.

Ese recelo hacia la televisión nacional tiene un origen con nombres y apellidos. A preguntas de Évole sobre quién le caía peor del medio, el humorista apuntó directamente a los despachos. Reveló que, en sus intentos por saltar a la red nacional, se topó con muros de censura infranqueables. "Me han sentado antes y me han dicho que cogiera papel y lápiz: de Juan Carlos I di lo que quieras, de Felipe VI ni nombrarlo; de Rajoy lo que quieras, de Soraya ni una palabra", confesó, confirmando que las listas negras que sospechaba eran una realidad asfixiante.

Incluso en su propia tierra, el camino no ha sido de rosas. Manu recordó cómo la directiva de Canal Sur en tiempos de Susana Díaz le cerró las puertas pese a la afinidad ideológica, una situación que solo cambió con la llegada de Juanma Moreno a San Telmo. El humorista recordó que, aunque le han pedido proyectos ambiciosos como un late night, su sobredosis de realidad y su negativa a pasar por el aro de los escándalos políticos suelen asustar a quienes manejan los presupuestos de una cadena pública.

Foto: lo-de-evole-manu-sanchez-gambas-derecha-yate

La charla concluyó con un deseo compartido que Jordi Évole no tardó en recoger: un gran formato en Televisión Española donde no se le obligue a renunciar a su identidad. "Ojalá sea en TVE y ojalá no me hagan renunciar a Andalucía", remató Sánchez. Con esta entrega, el programa de La Sexta no solo ha retratado a un humorista, sino a un activista del acento que ha decidido que su dignidad profesional y su "socialismo de yates y gambas" no se negocian en ningún despacho de la capital.

Esta entrega de Lo de Évole ha servido para que Manu Sánchez termine de dinamitar los puentes con la industria televisiva madrileña. En un ejercicio de honestidad brutal sobre las tablas del Cartuja Center, el humorista ha despejado la eterna duda de por qué su éxito masivo no termina de cruzar Despeñaperros con la misma fuerza. Lejos de la frustración, Sánchez ha planteado una reflexión que es, en sí misma, una proclama de soberanía cultural: para él, intentar conquistar el mercado nacional bajo ciertas condiciones no es una meta, sino una cuestión de ego que no está dispuesto a alimentar.

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