Se podría decir que la vida de Orestes Barbero cambió al participar en Pasapalabra. Aunque el joven burgalés aterrizó en el concurso del rosco con solo 19 años, fue en su tercera etapa, cuando el público descubrió el gran talento de Barbero. Durante año y medio, el concursante acumuló un total de 215.400 euros y, tras 360 programas, quedó fuera de juego al ver cómo Rafa Castaño se llevaba el bote.
Con el reciente triunfo de Rosa Rodríguez, se repite un mismo patrón en las tres últimas victorias del bote de Pasapalabra: el ganador no ha sido el concursante que más tiempo llevaba en el concurso, sino en el que se unía a la batalla más tarde. Rosa llegó al formato 130 programas después que Manu Pascual, pero fue ella quien se llevó el bote; algo similar le sucedió a Moisés Laguardia con Óscar Díaz y a Orestes Barbero con Rafa Castaño.
En este contexto, Barbero lanza una advertencia a los responsables de Pasapalabra: "Tendrían que tener más cuidado con el primer concursante, el que hace crecer el bote, ya que acaba más cansado y nervioso cuando llega el segundo. El segundo siempre llega más fresco. Eso es lo que pasó con Rafa y conmigo. Yo llevaba 137 programas y estaba que me subía por las paredes, cuando, de repente, Rafa llegó mucho más fresco", declara Orestes Barbero en una entrevista exclusiva para El Confi TV.
El burgalés dedicó cientos de horas de estudio a sacar las preguntas más complejas de El rosco, esas que son imprescindibles para completar las 25 palabras, pero, a veces, rozaban el "absurdo": "Una cosa es que te pregunten por un arquitecto importante, por un lago de Sudamérica o por un filósofo de Japón, que son cosas que puedes llegar a saber con mucho estudio; pero es muy distinto que te pregunten por el apellido del pintor de la verja amarilla que está en una ciudad perdida de Estados Unidos… Es que eso es como preguntar por la nada. Eso da un poco de pena porque no te permite enseñar lo que sabes", señala Babero, añadiendo que no son simples preguntas de cultura general.
Rafa y Orestes, concursantes de Pasapalabra. (Atresmedia)
A pesar de que Orestes Barbero no consiguió completar El rosco, se llevó un buen "pellizco". Eso sí, el burgalés considera que podría haber recibido una cantidad económica mayor: "Para estar un año y medio allí, y en comparación con el dinero que aportan otros formatos, tampoco fue tanto", declara Barbero, que defiende que "es hora de que suban los premios"
"Llevan con el mismo premio desde el año 2.000 y el IPC ha subido casi el doble. Es que tendrían que duplicar los premios prácticamente. Es verdad que se meten mucho dinero en el bolsillo, pero es un gesto que no cuesta nada y demuestran un poco de proporcionalidad", comenta Barbero sobre el estado de Pasapalabra.
En la actualidad, el joven cursa un doctorado que compagina con otras aventuras televisivas, como su reciente paso por El cazador. Para el burgalés, el concurso de TVE fue su mejor experiencia como concursante, ya que pudo "responder a preguntas de cultura general abarcable y que se encuentran dentro de tu bagaje de verdad": "En El cazador he podido convertir mi habilidad en una dedicación y he podido compaginarlo con otras cosas sin tanta presión", afirma Barbero.
PREGUNTA. ¿Qué te llamó a presentarte a Pasapalabra tan joven?
RESPUESTA. Empecé a toparme con el concurso a los 17 años, cuando iba a ver a mi tía. Me enganché porque veía que sacaba casi todas. Sentí que tenía como un talento natural para esto. Así que hice el casting y con 19 años me llamaron. Pasapalabra se canceló en Telecinco por un tema judicial sabido, pero lo que pude amasar en esa etapa me ayudó para pagarme la carrera de Filosofía y estar esos años fuera de casa. Después, en la etapa en Antena 3, he ganado un buen colchón de vida que me permite hacer un doctorado.
P. En tu última etapa en Pasapalabra, estuviste un año y medio hasta que Rafa Castaño ganó el bote. ¿Cómo se hace para aguantar esa presión tanto tiempo?
R. Eso lo peor, porque no es un trabajo normal en el que desempeñas tu rendimiento y te vas. Pasapalabra es una especie de atmósfera nerviosa que te persigue a todos lados. Grabas lunes y martes, pero de martes a domingo tienes una sensación continua de que tu condición de concursante te sigue allá donde vas. Eso es lo que peor se lleva. Cuando no estaba grabando, estaba con el sexto sentido de recabar cualquier cosa que pudiese valerme para ganar el programa.
Orestes Barbero, concursante de 'Pasapalabra'. (Atresmedia)
P. Hay una parte de El rosco que se puede responder con el diccionario, pero también hay una parte de cultura general mucho más compleja de sacar. ¿Cómo se prepara eso?
En Pasapalabra, tienes un rendimiento y una regularidad asegurados con una buena base, pero siempre te queda el fleco de los "absurdos", y eso sí que no depende de ti. En otros tiempos, siempre ha habido esa rumorología de que en El rosco siempre ponen dos preguntas que son imposibles. Antes eran muy complicadas, pero con una gran cultura y estudiando podía sonar la flauta. Sin embargo, desde los últimos años, es directamente absurdo. Pasapalabra juega con que para el gran público todo suena igual de complicado, pero cuando estás ahí, es un abismo insalvable.
Hay un límite que no depende de ti, por lo que tienes que estar demostrando continuamente que te lo mereces. Hasta que, un día, deciden dar la oportunidad de que el juego se complete y puedes jugar por todo. Empiezan a poner preguntas que al gran público le siguen sonando igual de extrañas, pero a ti se te ilumina el camino y piensas 'Aleluya'. Cuando eso pasa, puedes llegar a abarcarlo con tu cultura y tu estudio.
Entre 2012 y 2018, hubo una familia de concursantes que era gente muy culta, a la que se le unía una gran habilidad para el programa. Además, tenían ese punto de estudio que les hacía más competentes. El rosco era un objetivo asequible con esfuerzo, pero el problema es que con el planteamiento que tienen ahora de las preguntas absurdas, no te permiten marcar la diferencia hasta que levantan la veda. Por lo que cuentan los concursantes clásicos de Pasapalabra, no han abierto ningún rosco en estos años. Lo que denota el gran nivel que tiene Rosa.
P. Aun así, durante ese año y medio, disfrutaste del equipo de Pasapalabra, ¿no?
R. Nosotros estamos muy a gusto en Pasapalabra por la ilusión de cada día, de cada rosco. Eso no lo quita nadie. Estar con Roberto Leal es una garantía de tranquilidad. Es alguien con quien puedes hablar en las buenas y en las malas. Sabe disfrutar mirando en el fondo de cada persona y queriéndola bien. Como compañero, te da una paz que da gusto. Esto es algo que por suerte me ha pasado con todos los presentadores con los que he estado, también con Christian Gálvez en Telecinco y con Rodrigo Vázquez en El cazador.
Orestes Barbero junto a Roberto Leal en 'Pasapalabra: Noche de campeones'. (Atresmedia)
P. Prácticamente te conviertes en un personaje famoso cuando sales en Pasapalabra. ¿Cuándo se rebaja ese reconocimiento?
R. En mi caso, se ha rebajado la efusividad de la gente. Ahora, hay personas que vienen a hablarme con mucha amabilidad, mientras que antes era una tromba de gente. En mi caso, ese halo de reconocimiento todavía no ha bajado porque de Pasapalabra pasé a El cazador. Ahora lo vivo con más tranquilidad. Lo bueno del reconocimiento es que te abre puertas.
P. Al ser un programa tan visto y seguido como es Pasapalabra, ¿recibís críticas cuando estáis en el concurso?
R. En la vida real no hay nada de eso. Tú estás disfrutando y haciendo un papel que es terapéutico para la sociedad. Todos los concursos tienen ese rato de compañía en el que la gente se olvida de sus problemas. Luego están las personas que ponen comentarios negativos en redes. Ahora que Pasapalabra apuesta por tener a dos concursantes durante mucho tiempo, algunos telespectadores se acaban creando en su cabeza una especie de dicotomía artificial que no se vive entre nosotros. En un programa que tiene que ser de contenido cultural, acaban metiendo una especie de análisis de rasgos de tu personalidad que en muchos casos son arbitrarios.
P. Has participado en Pasapalabra y en El cazador, ¿te gustaría pasar por otros concursos?
R. Me haría ilusión participar en Saber y ganar, Atrapa un millón o Quien quiere ser millonario, y al mismo tiempo compaginarlo con mi doctorado. Lo que me gustaría es que vuelva El cazador, sea en TVE o en otra cadena. El cazador es como mi dedicación definitiva porque me permite hacer profesión de una cosa que se me da genial, que es responder preguntas y respuestas de cultura general y, al mismo tiempo, puedo tener espacio para desarrollar mi vocación cultural.
P. En los concursos de televisión se puede ganar mucho dinero. ¿Nunca has pensado en intentar hacer fortuna participando en estos formatos?, ¿o no es tan fácil como parece?
R. Se puede, pero siempre que no dependas de ello. Al final, no puedes obviar que es un juego. Puedes hacerlo muy bien, pero también puedes tener mala suerte, o que ese día estés menos acertado y falles una tontería. Te puedes ir con cero euros, por lo que es importante tener salvaguardada tu carrera personal al margen de esto.
Orestes Barbero, uno de los sabios de 'El cazador'. (RTVE)
P. ¿Volverías a participar en Pasapalabra?
R. Me encanta la esencia del formato. La ilusión de cada rosco me fascina y tengo olfato para las palabras, pero está el inconveniente de la sobreexposición social. Además, ahora la sucesión de concursantes es mucho más lenta por la política que tienen de grandes trayectorias, por lo que lo veo complicado a corto plazo.
De cara a dentro de muchos años, habrá que ver cómo está el panorama, si siguen como hasta ahora o si Pasapalabra vuelve a ser más humano y tiene ese punto ilusionante en el que el concurso depende de tus aptitudes. Ahora tengo más flexibilidad, pero puede que en un futuro esté trabajando con un horario fijo, algo que sería más difícil. Nunca digas de esta agua no beberé y es posible que vuelva a Pasapalabra. Es un formato que va a estar en nuestras vidas muchísimo tiempo más por la alegría que da a tantos hogares cada tarde.
P. Cuando dejaste el programa, hubo un cierto revuelo porque decidiste optar por el silencio y alejarte una temporada de los medios, ¿por qué fue?
R. A medida que mi concurso avanzaba en Pasapalabra, en lugar de tener el bote más accesible, pasaba más bien lo contrario. Era una especie de asíntota en la que nunca lo conseguías. Después de estar así año y medio, junto con la carga de la sobrexposición fuera del programa, estaba tan saturado que lo único que quería era evitar toda atención a lo que tuviese que ver con Pasapalabra. Fue lo mejor que pude hacer porque yo ya no estaba en el programa, ya no tenía nada que ver.
Tanto Rafa como yo decidimos hacer bomba de humo cuando se entregó el bote. Al final, nosotros no somos personas que tienen ese erotismo con la fama, es más bien al revés. Somos personas modestas, que amamos la cultura. La fama es algo que nos persigue sin que lo hayamos buscado, no es ningún premio para nosotros.
P. ¿En qué ha cambiado tu vida estos años? ¿A qué te dedicas ahora?
R. Estoy haciendo un doctorado sobre filosofía antigua y Aristóteles. Está siendo una aventura profundísima. En gran parte, lo puedo hacer gracias a lo que gané en Pasapalabra. También tengo la mira puesta en fundaciones culturales o en dar clases de bachillerato. Mi vida es tranquila, pero muy productiva. Hay una perfecta unión entre satisfacción intelectual, rendimiento y una vida social bonita y plena. Me gusta estar en contacto con la naturaleza y poder hacer alguna escapada por nuestro país, que vale mucho la pena visitarlo.
Se podría decir que la vida de Orestes Barbero cambió al participar en Pasapalabra. Aunque el joven burgalés aterrizó en el concurso del rosco con solo 19 años, fue en su tercera etapa, cuando el público descubrió el gran talento de Barbero. Durante año y medio, el concursante acumuló un total de 215.400 euros y, tras 360 programas, quedó fuera de juego al ver cómo Rafa Castaño se llevaba el bote.