Se esperaba tenso, pero no tanto como para volver a indignar a Sandra Barneda. El encuentro entre Sandra y Juanpi en el set de La isla de las tentaciones ha sido una auténtica bomba de relojería. Ni las indicaciones o amenazas de abandono de la presentadora evitaron el caos.
Era uno de los reencuentros más esperados de la temporada, 4 meses después de su explosiva hoguera final. Pese a terminar de manera cordial, lo vivido nuevamente ante las cámaras evidenció el inexistente respeto que se tiene la pareja, a juzgar por la retahíla de insultos que se han dedicado el uno al otro.
Fue Sandra la primera en brincar del sofá para ir en busca de Juanpi a la sala de visionado. Los chillidos se escuchaban desde donde aguardaba la presentadora, aturdida por la repentina salida de tono de la concursante y suplicando un silencio que nunca llegó. La joven confesó alterarse al escuchar a su ex comentar detalles de su entrevista.
La calma era imposible, sobre todo cuando fue a él quien le tocó salir a escena. Poco después de arrancar la charla, Sandra irrumpía ante las cámaras, dejando a Barneda completamente perpleja. El toque de atención del rostro de Telecinco por haber salido sin su llamada no la hizo moderar su actitud.
"Un insulto más y...", insistía la presentadora, completamente desbordada. De hecho, la discusión entre los dos era tan acalorada que incluso olvidaron la presencia de Barneda: "Me da la sensación de que molesto... Porque, si no, me voy...". Otro amago de abandono, como terminó haciendo en las últimas hogueras en la isla.
La guerra abierta entre los exnovios era tal que fue complejo mantener el debate y, sobre todo, entender la razón de este odio manifiesto. Barneda afeó a ambos el comportamiento y "espectáculo" innecesario que estaban dando, con especial mención a los chillidos desorbitados en plena grabación del programa.
Se esperaba tenso, pero no tanto como para volver a indignar a Sandra Barneda. El encuentro entre Sandra y Juanpi en el set de La isla de las tentaciones ha sido una auténtica bomba de relojería. Ni las indicaciones o amenazas de abandono de la presentadora evitaron el caos.