Iker Jiménez aprovechó este domingo el cierre de Cuarto milenio para compartir con los espectadores el mensaje claro que se puede extraer tras repasar su trayectoria profesional. A su juicio, es necesario creer en las ideas propias y no dejarse paralizar por la opinión ajena, especialmente en un contexto dominado por el juicio constante del entorno y del "espejo digital".
Jiménez comenzó agradeciendo el apoyo del público, al que atribuyó un año "absolutamente increíble", pese a no haber sido fácil. Enmarcó su discurso en estas fechas de balances y deseos, y reconoció que, aunque no es de apuntar cosas en una agenda, había querido anotar una idea que le rondaba la cabeza mientras sonaban los acordes de Shine On You Crazy Diamond.
El presentador dio paso a lo que definió como un "consejo de colega, de viejo colega", avalado por los muchos años compartidos con su audiencia: que cada cual crea en su proyecto y se lo marque de objetivo si de verdad es suyo.
"Me dijeron que no tenía crédito, que no era un periodista político ni podía ser respetado"
El núcleo de su reflexión quedó resumido en una frase que repitió de forma literal: "No haga usted mucho caso de lo que le dicen". Para Jiménez, vivimos en "un mundo donde parece que la opinión de los demás importa más que nunca, donde el espejo digital donde nos miramos importa muchísimo", y donde el crédito o descrédito dependen del entorno digital. Frente a eso, confesó su gran secreto: "Mi filosofía es no haber hecho nunca mucho caso" a esas voces externas.
Iker Jiménez, en el programa de 'CM' de este domingo. (Mediaset)
Para explicarlo, repasó cronológicamente los rechazos y advertencias que recibió desde que empezó en la radio con 17 años, una edad en la que —recordó— "uno no tiene formado el córtex todavía" y es fácil venirse abajo. Dijo haber escuchado desde el principio que sus temas eran "basura" o "marginalidad", vinculados a "brujas y videntes", y evocó sus primeros pasos por emisoras de radio locales. Frente a ese entorno, entonces analógico, hoy digital, defendió que no hizo caso: "Si no haces caso a lo cercano en ocasiones, ¿vas a hacer caso a quien no conoces?".
Según su relato, el mensaje era recurrente: debía hacer "cosas serias" y otro tipo de periodismo, como deportes, economía o política, y abandonar el misterio. Al llegar a la Cadena SER, con millones de oyentes y gran prestigio, la advertencia fue aún más clara. "Me dijeron de inmediato que eso no iba a funcionar, que como mucho duraría un verano". Un pronóstico que, subrayó con ironía, se prolongó durante 15 temporadas: "No está mal el verano".
También se detuvo en la publicación de su primer libro, Enigmas sin resolver (1999), que pasó un año guardado en un cajón y fue rechazado por varias editoriales. "Me dijeron que no valía para nada y que me dedicase a otra cosa", recordó. Uno de aquellos editores, contó, acabaría llamándole para admitir su error tras el éxito del libro. Para Jiménez, el episodio reforzó una idea que atraviesa todo su discurso: no atender a quienes, desde posiciones de autoridad, desacreditan un proyecto en el que uno cree.
Iker Jiménez. (Mediaset)
Ese mismo patrón se repitió, según su versión, con su salto a la televisión en Cuatro. "Nada que funcione en la radio funciona en la tele", le dijeron, sin intención alguna de animar. Veinte años después, señaló, sigue al frente del mismo programa, sin cambios de cadena, día, ni presentador. Lo presentó no como una reivindicación personal, sino como argumento de su tesis central.
Citó también decisiones más recientes y controvertidas, como la marcha a YouTube durante la pandemia para no poner en riesgo al equipo. Aseguró que entonces recibió mensajes que calificaban la decisión de "locura", sin recorrido ni comprensión posible. Sin embargo, reivindicó el impacto de aquella etapa desde casa como uno de los momentos de mayor seguimiento del programa. Algo similar relató sobre su cobertura de la dana, cuando decidió desplazarse "donde no había nadie" porque, a su juicio, ahí debía estar la noticia. Según explicó, entonces se le auguró el final profesional e incluso la cancelación de sus programas. "Y aquí estamos".
Jiménez abordó igualmente la evolución de Horizonte hacia la actualidad política, pese a quienes dudaban de su credibilidad por su pasado en el misterio. "Me dijeron que no tenía crédito, que no era un periodista político ni podía ser respetado", recordó, antes de zanjar el asunto con una frase elíptica: "Ya saben lo que ha pasado con Horizonte".
El cierre de su intervención volvió al espectador. No como un ejercicio de autoafirmación, sino como lo que él mismo definió como una "carta de deseos" para quien esté pensando en dar un paso vital o profesional. Reconoció que las ideas diferentes suelen exigir más trabajo y no admiten atajos, pero defendió que "en lo normal ya hay mucha gente" y que "lo anormal es mucho mejor".
'El cierre' del programa 'Cuarto milenio'. (YouTube)
"¿Saben cuál es mi deseo?", preguntó antes de despedirse. Que quien tenga una idea no haga caso al entorno que la desacredita de forma permanente y la intente si su corazón se lo pide. Un mensaje cerrado con un tono íntimo y directo, fiel al estilo que ha convertido El cierre en uno de los sellos personales de Iker Jiménez: "A mí me sirvió, a ti a lo mejor también".
Iker Jiménez aprovechó este domingo el cierre de Cuarto milenio para compartir con los espectadores el mensaje claro que se puede extraer tras repasar su trayectoria profesional. A su juicio, es necesario creer en las ideas propias y no dejarse paralizar por la opinión ajena, especialmente en un contexto dominado por el juicio constante del entorno y del "espejo digital".