Este lunes, 24 de noviembre, María Patiño ha protagonizado una reflexión sincera sobre los resultados de su programa No somos nadie en Ten, asumiendo un alto grado de exigencia personal y señalando lo que considera una crisis más amplia en los programas del corazón.
Con honestidad, la presentadora reconoció que aspira a unas cifras mucho más altas que las que el formato consigue en la actualidad, casi siempre incapaz de superar la barrera psicológica del 2% de cuota de pantalla: “Quiero un 4% cada tarde que estoy aquí, y me conocéis, porque se ha llegado a hacer un cuatro”. Esa cifra ha sido para ella un punto de referencia constante, una meta ambiciosa en el contexto de una cadena pequeña como TEN.
Su autocrítica no se limitó a lo que considera bajos datos de audiencia, sino que fue mucho más allá, abordando también lo que siente una repetición temática a la que ya le cuesta sacar jugo: “Siento que soy una hemeroteca andante y recupero una y otra vez lo mismo”.
Acto seguido, Patiño aún dio un paso más al admitir su inseguridad sobre qué ofrecer como alternativa: “No sé exactamente qué aportar”. Por si fuera poco, la presentadora insistió en que rechaza el discurso fácil: “Criticar sin dar alternativas no me gusta”. Para ella, el valor del programa reside precisamente en ofrecer algo distinto, no en caer en la reiteración del mismo contenido rosa, algo en lo que desde la productora en la que trabaja siempre han sido expertos, innovando en fondo y forma en Aquí hay tomate, Sálvame o Ni que fuéramos.
María Patiño, en 'No somos nadie'. (Ten)
Patiño habla de la crisis de un género televisivo
La periodista no esconde su preocupación por el estado del género en el que lleva décadas como claro referente, llevando su análisis mucho más allá del plató de No somos nadie: “Yo es que sí que creo que hay una crisis en los programas de corazón”. Según Patiño, el problema no es solo de audiencia, sino de planteamiento: los formatos de crónica social han perdido su chispa, frente a otros programas de entretenimiento que siguen arrasando con cifras de otra época, como ella menciona refiriéndose a La ruleta de la suerte.
“No hay programas del mundo del corazón que se disparen”, analiza, una situación que, a su juicio, refleja un estancamiento en el tratamiento y la producción de historias para este tipo de televisión. El ejemplo más claro para ella es ¡De viernes!, formato que considera que, pese a su elevado presupuesto, no termina de brillar. Esta aseveración dinamitó el programa, con Kiko Matamoros y David Valldeperas haciéndole ver que lograr un 14% durante varias semanas consecutivas es todo un éxito, sobre todo teniendo en cuenta que Telecinco sufre para llegar al 9% de cuota de pantalla.
El 4%, ¿un objetivo realista?
Es especialmente significativo que Patiño invoque el 4 % como su marca ideal, dado que el canal Ten es una cadena modesta cuya media histórica es muy inferior. Precisamente, el programa registró uno de sus récords históricos cuando alcanzó un 2,3 % de share con 168.000 espectadores. Ese hito no es trivial: supuso una mejora del 90,7 % sobre la media de Ten. El 4% hace referencia a una de las mejores épocas del espacio en sus inicios, bajo la marca Ni que fuéramos. Era otro tiempo. Tenían otros colaboradores.
Teniendo en cuenta queNo somos nadie se suele mover en el 1,7 % de cuota de pantalla, coronándose además con el título de programa más visto del canal en número de espectadores, el objetivo de doblar su audiencia no parece del todo realista. La cadena promedió solo un 1% en octubre. Aunque lograse despuntar con sucesos importantes en la crónica social, o en caso de que uno de sus colaboradores se viese envuelto en algún hecho especialmente noticioso, alcanzar el 4% se presenta como un objetivo bastante utópico a día de hoy. Mucho más si se tiene en cuenta la falta de colaboradores de renombre tras la reciente salida de Belén Esteban para grabar Top Chef: dulces y famosos, una notable ausencia que no ha sido cubierta con un perfil de similar atractivo para el gran público.
María Patiño, en 'No somos nadie'. (Ten)
La autocrítica que refleja presión real
La reflexión de Patiño no es solo un ejercicio retórico: partiendo de su exigente ambición, pone sobre la mesa la tensión entre producir un contenido accesible y, al mismo tiempo, innovador con el que aspirar a cifras mucho más altas de las que muchos programas similares en cadenas pequeñas consiguen. Su autoconfianza para pedir un 4 % es un síntoma de que ve potencial para crecer, pero también de que no se conforma con resultados modestos.
Aunque admite su autoexigencia, María Patiño se muestra también con ilusión por liderar este programa: “Yo estoy feliz aquí”, subrayó en todo momento. La periodista cree en el equipo, en el proyecto y en la capacidad del programa para mejorar. Su llamado a la innovación —no solo a la crítica— refleja una visión madura de su rol: no solo como presentadora, sino como una figura que quiere impulsar el género desde dentro. Y el mejor resumen de la situación lo terminó ofreciendo el director del programa para cerrar esta cuestión: "Haremos un 4% cuando tú, María, traigas una gran exclusiva que no tenga nadie". "Así es", sentenció ella, dejando claro que se echa el programa completamente a las espaldas, una vez más.
Este lunes, 24 de noviembre, María Patiño ha protagonizado una reflexión sincera sobre los resultados de su programa No somos nadie en Ten, asumiendo un alto grado de exigencia personal y señalando lo que considera una crisis más amplia en los programas del corazón.