Con cerca de un millón de seguidores en sus redes sociales y vídeos que superan los dos millones de reproducciones, Claudia Nicolasa se ha convertido en una de las voces más influyentes del fenómeno La isla de las tentaciones gracias a sus análisis psicológicos. Lo que empezó casi como una petición insistente de su comunidad terminó transformándose en un espacio de divulgación psicológica sin precedentes en redes sociales. “Tuve que hacer un ejercicio de humildad. Yo tenía muchos prejuicios sobre los realities… y descubrí que era una joya psicológica”, confiesa en esta entrevista en exclusiva para EL CONFI TV.
Porque para ella, La isla no es un simple entretenimiento: es un escaparate amplificado de dinámicas que ve en consulta todos los días. “Dependencia, evitación, celos, patrones repetitivos… Está todo condensado”, explica. Sus seguidores coinciden: muchos han pasado de ver el programa “por morbo” a usarlo como una herramienta para entender mejor sus relaciones. Otros, admite, ven la edición solo para poder aplicar lo que aprenden en sus análisis.
Su proceso de trabajo es exhaustivo: ve cada gala con un documento abierto, registra segundo a segundo cada gesto relevante y dedica más de 15 horas a elaborar un solo vídeo. Todo desde una premisa innegociable: no juzgar ni patologizar a nadie. “No analizo a los concursantes como individuos; analizo las dinámicas”, aclara. Esa ética es también la que le ha permitido ganarse el respeto de muchos participantes —y de sus familias—, que le escriben en privado para agradecerle perspectiva o incluso para pedir ayuda.
En esta edición, asegura, se han vuelto a repetir patrones muy reconocibles. Habla de comportamientos contradictorios en perfiles como el de Claudia , de parejas “aceleradas” como la de Nieves y Lorenzo, o de otras que destacan por su madurez: “Siempre hay una que representa el contraste”. Y mientras sus análisis siguen viralizándose, ella mantiene la misma misión desde el primer día: convertir un reality ardiente en un auténtico “simulador emocional” donde aprender a leerse a uno mismo.
Sandra Barneda, en 'La isla de las tentaciones'. (Telecinco)
PREGUNTA: Llevas varias temporadas comentando La isla de las tentaciones en redes sociales, analizando y explicando comportamientos desde el punto de vista psicológico. ¿Cómo surgió la idea? ¿Tuviste reparos a la hora de lanzarte a abordar un programa tan controvertido?
RESPUESTA: La idea, curiosamente, no surgió de mí, sino de mi comunidad. Yo llevaba años analizando personajes de ficción —series, películas, incluso figuras históricas—, pero jamás se me había pasado por la cabeza analizar realities. Primero, porque nunca he sido consumidora de ese tipo de formatos; y segundo, porque tenía muchos prejuicios sobre ellos.
Durante la primera edición de La isla de las tentaciones, mis seguidores insistían una y otra vez en que lo analizara. Y yo me negaba constantemente, precisamente porque no consumía realities. De hecho, nunca he visto la primera edición. Cuando anunciaron la segunda temporada y la insistencia era diaria, decidí dar una oportunidad al programa. Lo vi en directo en Twitch con mis seguidores… y ahí tuve que hacer un ejercicio de humildad y pedirles disculpas: me di cuenta de que era una joya psicológica.
Mucha gente ha pasado de ver el programa "por morbo" a mirarlo como una especie de máster acelerado en relaciones
Lo que encontré no fue “televisión polémica”, sino un escaparate brutal de conflictos emocionales que veo todos los días en consulta: dinámica de apego, dependencia, evitación, celos, inseguridad, vacío, patrones repetitivos… Todo condensado, externalizado y amplificado. Ahí entendí que tenía en mis manos una herramienta potentísima para divulgar psicología a través de ejemplos reales y muy reconocibles.
Gracias a esa decisión, mucha gente me ha descubierto y ha pasado de ver el programa “por morbo” a mirarlo como una especie de máster acelerado en relaciones. Y también ocurre al revés: hay personas que ven La isla solo para poder seguir mis análisis y aplicar lo que aprenden a su vida. Siempre digo que es como cuando tienes que darle una pastilla a tu mascota y la envuelves en una loncha de queso: usar un formato tan viral y aparentemente banal me permite hacer llegar la psicología a personas que quizá, en un primer momento, nunca se habrían acercado a ella.
P: Mucho se ha debatido sobre la toxicidad de exponer cierto tipo de relaciones en televisión, mucho más en un programa tan seguido por los jóvenes. ¿Te parece peligroso el mensaje que pueda calar entre la audiencia? ¿Parte precisamente de ahí el trabajo de pedagogía que haces en redes sobre el programa?
R: Es un debate complejo, porque cualquier producto de entretenimiento —series, películas, novelas, realities— se basa en historias dramáticas, intensas, exageradas. El ser humano siempre ha tenido una atracción natural por lo extremo y lo llamativo. No es algo nuevo ni exclusivo de La isla de las tentaciones.
Por eso, creo que centrar el debate en si habría que censurar estos programas o juzgar a quienes los ven no es realmente constructivo. Si tienen tanto éxito, es por algo. Desde un punto de vista psicológico, nuestra mente obtiene una mezcla de necesidad y placer al observar conflictos ajenos. Nos aporta una sensación de control y predictibilidad ver representadas situaciones que nos dan miedo —como la infidelidad, el rechazo o la pérdida— y preguntarnos internamente: ¿Cómo reaccionaría yo? ¿Qué haría en su lugar? ¿Cómo detectaría esto? ¿Sería capaz de gestionarlo?
Consumimos estas historias porque nos permiten vivir, de forma segura y a distancia, experiencias que nos angustian, que nos preocupan o que incluso nos generan curiosidad. Es una especie de simulador emocional. Por eso, más que demonizar el formato o criticar a quien lo ve, creo que es mucho más valioso equilibrar la balanza. Aportar una visión crítica, respetuosa y pedagógica que ayude a contextualizar lo que aparece en pantalla.
Y ahí es donde entra mi trabajo: acompañar a quienes ven el programa para que, además de entretenerse, aprendan a identificar patrones, señales de alerta, dinámicas de apego o comportamientos que quizá tengan normalizados en su vida. Para mí es un reto muy bonito porque me permite usar un contenido viral para hacer divulgación ética y de calidad. Y estoy orgullosa de poder ofrecer esa mirada complementaria que transforma un simple reality en una herramienta de autoconocimiento.
@claudianicolasa DEPENDENCIA EN PAREJA ❤️? ? En La Isla de las Tentaciones 9, Almudena cuenta que cuando conoció a Darío no tenía amigos ni mundo propio, y él confiesa que ese apego tan intenso llegó a abrumarle. Es un caso muy común: cuando toda tu satisfacción y tu bienestar dependen de la pareja, la relación acaba convirtiéndose en el centro de todo. Aunque sea una historia bonita, esa dinámica termina generando dependencia emocional, ansiedad y desgaste. Porque si no tienes nada más que te ilusione fuera de la relación, cualquier distancia se vive como abandono, y eso no solo te duele a ti —también puede asfixiar al otro. #laisladelastentaciones#laisladelastentaciones9#darioyalmudena#psicologia#dependenciaemocional♬ Last Hope (Over Slowed + Reverb) - Steve Ralph
P: Cuéntanos un poco cómo abordas cada programa: ¿Cuánto tiempo le dedicas? ¿Cómo seleccionar qué fragmentos, disputas o parejas desgranar? ¿Lo haces en función de temas que no hayas abordado antes? ¿De la popularidad de la pareja? ¿De lo llamativo o problemático de la situación?
R: Para mí, analizar cada programa es casi un trabajo de investigación. Los episodios duran alrededor de dos horas y media, y los veo siempre con un documento abierto en el ordenador. Voy anotando el minuto y el segundo exactos de cada frase, gesto o interacción que considero relevante. A partir de ahí elaboro el guion, siempre con una premisa clara: no juzgar a las personas, no analizar a los concursantes como individuos y, por supuesto, no emitir etiquetas diagnósticas. Mi objetivo no es analizar “quién lo hace”, sino qué dinámicas psicológicas hay detrás de lo que dicen o viven.
Luego empieza la parte más artesanal: escribir el guion, grabar y editar. Un solo vídeo de YouTube puede llevarme fácilmente más de 15 horas. Prefiero dedicar el tiempo que haga falta para que cada análisis sea realmente útil, respetuoso y claro. Además, en ese proceso hay una figura absolutamente clave: mi editora. Ella era seguidora del canal antes de trabajar conmigo y, en 2021, me escribió un correo ofreciéndose para editar mis vídeos. Desde entonces trabajamos juntas y es una pieza fundamental. Comparte mi pasión por la psicología, entiende mis análisis, y pone un nivel de dedicación enorme en cada detalle: seleccionar las frases exactas, escoger la escena adecuada, buscar el guiño o el meme perfecto, rescatar imágenes de ediciones pasadas para hacer referencias cruzadas… Le pone una pasión increíble y eso el espectador lo percibe sin duda.
A la hora de seleccionar qué fragmentos analizar, nunca me guío por lo más viral o por lo más escandaloso, sino por lo que considero que va a aportar más al espectador: patrones de apego, dinámicas de poder, dependencia emocional, límites, mecanismos de defensa… Escenas que, más allá del entretenimiento, puedan ayudar a entender relaciones reales.
Mucha gente me escribe diciendo que mis vídeos les han ayudado a entender qué falló en relaciones anteriores
Algo interesante de mi proceso es que al comienzo de cada edición publico un análisis inicial de todas las parejas. No solo explico las dinámicas que detecto en su forma de vincularse, sino que hago predicciones fundamentadas sobre lo que creo que ocurrirá: si habrá infidelidad, con quién, por qué, si habrá ruptura, reconciliación, conflicto, cómo lo gestionará cada uno… Y lo cierto es que, edición tras edición, esas predicciones suelen cumplirse con bastante precisión. Eso demuestra hasta qué punto los patrones relacionales son coherentes y previsibles cuando sabes leerlos.
A veces es todo un reto porque muchos participantes comparten problemáticas similares y podría resultar repetitivo. Pero la psicología es inmensamente amplia, y un mismo suceso puede explicarse desde muchas perspectivas distintas. Ahí está también parte de mi trabajo: aportar siempre una capa más de profundidad, para que incluso quienes llevan ocho ediciones viéndome sigan aprendiendo algo nuevo sin caer en explicaciones superficiales.
P: En los debates del programa cuentan con una psicóloga para explicar un poco las relaciones de los protagonistas y su toma de decisiones, ¿consideras suficiente su trabajo o crees que podría resultar más pedagógico un programa paralelo junto a los protagonistas para darles herramientas en sus relaciones? En el late night tras el programa, por ejemplo.
R: La verdad es que no puedo valorar en profundidad el trabajo que se hace en los debates porque, sinceramente, me resulta muy difícil verlos. Lo he intentado un par de veces, pero me cuesta mucho seguirlos con tantos gritos, interrupciones, enfrentamientos y turnos de palabra solapados. En La Isla como tal, todo ocurre de forma más humana y progresiva: vemos procesos emocionales, reacciones espontáneas y conversaciones que se desarrollan con su propio ritmo. Y ahí, para mí, es mucho más fácil analizar lo que está pasando.
En cambio, en el debate siento que el formato es más estridente, más de señalar, acusar y reaccionar, y eso a nivel psicológico no me permite profundizar ni observar nada con claridad. Por ese motivo, no he llegado a ver en acción a la psicóloga que participa en el programa. Lo que sí tengo claro es que, si lleva ahí tantos años, es porque hace bien su trabajo y aporta aquello que el formato del debate permite. Cada espacio tiene sus límites y sus posibilidades, y estoy segura de que dentro de ese contexto ella cumple su función con profesionalidad.
Las protagonistas de 'La isla de las tentaciones 9'. (Teleicno)
P: En tu caso, utilizas tus redes sociales para hacer esa pedagogía y llegar precisamente al público más joven, más activo en redes sociales, al menos a priori ¿Cómo es el feedback que recibes?
R: Curiosamente, aunque mucha gente piensa que mi contenido está dirigido sobre todo a un público muy joven, la realidad es que mi audiencia es bastante amplia. La mayoría de quienes me siguen tienen entre 24 y 36 años, y me siguen prácticamente por igual hombres y mujeres. No tengo un público “adolescente” como tal, aunque por supuesto también los hay.
En mi Academia Online de Psicología, Mindhunt Academy, ocurre algo parecido: tenemos alumnos de más de 60 años y también estudiantes menores de edad que se han apuntado con permiso de sus padres. Para mí esto es precioso, porque significa que la psicología, cuando se explica de forma cercana y útil, puede conectar con personas de cualquier edad.
Me emociona especialmente recibir mensajes de concursantes del programa —y de sus familiares— agradeciéndome mis explicaciones
En cuanto a los análisis de La isla de las tentaciones, no hay un perfil concreto de espectador que me siga, pero sí hay un patrón en el tipo de mensajes que recibo: mucha gente me escribe diciendo que mis vídeos les han ayudado a entender qué falló en relaciones anteriores, a identificar patrones que repetían, a leer mejor a las personas, a resolver conflictos o a elegir pareja de forma más consciente. Y eso para mí es el mayor indicador de que lo que hago tiene sentido.
Además, algo que me emociona especialmente es que también recibo mensajes de concursantes del programa —y de familiares de concursantes— agradeciéndome mis explicaciones. Algunos me cuentan que mis vídeos les han hecho comprender cosas que no entendían de sí mismos, que les han dado perspectiva o incluso que han decidido iniciar terapia después de verse reflejados en mis análisis.
El feedback en general es muy positivo, y creo que eso demuestra que se puede usar un formato tan viral como este para aportar algo realmente valioso.
P: De todos los participantes que han pasado por el reality, ¿cuál te ha "dado más trabajo" a la hora de explicar su actitud? ¿Cuál crees que necesitan más pasar por una terapia de pareja? ¿Ha habido alguno que te llamara la atención por contraste, es decir, por la madurez que ha demostrado en un programa de estas características?
R: Generalmente, los participantes que más trabajo me llevan a la hora de explicar su comportamiento son aquellos cuya actitud resulta más impredecible o ambivalente. Personas que en un momento dicen estar destrozadas, culpables, dolidas, convencidas de que no quieren perder a su pareja… y, al rato, están dejándose llevar por la tentación o actuando de una forma que parece completamente opuesta a lo que acaban de expresar.
Casos recientes podrían ser Montoya o Marietta. Son perfiles que generan muchos interrogantes en los espectadores, y ante la incomprensión es habitual que el público recurra al juicio rápido: “son unos falsos, unos hipócritas, están actuando”. Pero la psicología nos ofrece una mirada mucho más rica: todos los comportamientos tienen una lógica detrás, incluso los aparentemente contradictorios. La inestabilidad emocional, los mecanismos de defensa, el miedo, la impulsividad, la búsqueda de validación… todo eso puede convivir en una misma persona y generar conductas que desde fuera parecen incoherentes, pero desde dentro son expresión de un conflicto real.
En cada edición siempre hay una pareja que destaca por madurez, estabilidad y capacidad para actuar como un equipo y no como rivales
Respecto a qué parejas creo que deberían acudir a terapia… sinceramente, la grandísima mayoría. La isla no deja de ser un laboratorio emocional que pone a prueba las heridas, los patrones y las inseguridades de cada uno. Y trabajar eso en un espacio terapéutico suele ser necesario, no porque estén “mal”, sino porque el programa expone vulnerabilidades muy profundas.
Dicho esto, en cada edición siempre hay una pareja que destaca por madurez, estabilidad y capacidad para actuar como un equipo en lugar de como rivales. Recuerdo, por ejemplo, a Ana y Borja, o a Sandra y Darío, que tenían una comunicación más consciente y un vínculo más construido. Y en esta edición, probablemente la pareja que representa ese contraste sea Darío y Almudena, que muestran más reflexión y más estabilidad emocional que la media del programa.
@claudianicolasa ¿Te habías fijado en esto? ? Este año, en La isla de las tentaciones 9 han prohibido cualquier tipo de despedida a las parejas antes de separarse. Ni abrazos, ni besos, ni unas últimas palabras. Nada. Y no es casualidad. Es manipulación emocional… y te explico por qué. Cuando una pareja se toca, se abraza o se mira a los ojos antes de separarse, liberan oxitocina, la hormona del vínculo. Eso genera calma, seguridad y conexión. El cuerpo entiende: “Estamos separados, pero estamos bien.” Si impides ese contacto, ocurre justo lo contrario: ? El sistema nervioso entra en alarma ? Aumenta la ansiedad y la obsesión ? El vínculo queda menos protegido ? Los conflictos a distancia duelen el triple Por eso no es lo mismo discutir en persona que discutir separados: sin oxitocina, somos más vulnerables a la inseguridad, la desconfianza y el impulso. ¿Y qué consigue el programa? Personas desreguladas emocionalmente, más reactivas, más vulnerables al deseo y al drama. Justo lo que necesitan para que todo explote. #laisladelastentaciones#laisladelastentaciones9#psicologia#dependenciaemocional#manipulacion♬ son original - Hugo Mannier - IFSI
P: Con el paso del tiempo, ¿alguno de ellos se ha puesto en contacto contigo, bien para recriminarte algo o bien para ponerse en tus manos para solucionar conflictos?
R: Sí, con el paso de los años se han puesto en contacto conmigo bastantes concursantes. Algunos han compartido mis vídeos en sus redes, otros me han escrito para darme las gracias, y también he recibido muchos mensajes en privado —siempre pidiendo confidencialidad— con dudas, preguntas o incluso pidiéndome consejo sobre cómo gestionar lo que están viviendo.
Curiosamente, también me han escrito muchas madres de concursantes. Algunas para agradecerme que mis análisis les hayan ayudado a entender lo que estaban viendo en pantalla, y otras preocupadas por cómo podía estar su hijo o hija psicológicamente. Y también hay exconcursantes que me piden que les recomiende un psicólogo, porque lo que viven en el programa y lo que ocurre después puede ser muy intenso emocionalmente.
Hay que tener en cuenta que muchos participantes, al salir de la isla —y especialmente cuando se emite la edición— se enfrentan a situaciones muy duras: traumas derivados de infidelidades, rupturas, conflictos, pero también la exposición mediática, el hate en redes, el impacto de pasar de ser anónimos a ser muy reconocidos en cuestión de días… Es una experiencia que puede ser emocionalmente devastadora.
Utilizo lo que ha ocurrido como ejemplo para explicar conceptos generales
En cada edición suele haber tres o cuatro concursantes que me escriben o que comparten mi contenido. Solo he tenido un caso en el que una participante se molestó conmigo, y fue un malentendido: escuchó el término “neuroticismo” —que es un rasgo de personalidad completamente normal y no implica nada patológico— y pensó que era un insulto. Le expliqué su significado, pero aun así retiré el vídeo. Para mí es fundamental que todo lo que hago se haga desde el respeto, la sensibilidad y la ética. Si algo incomoda a alguien, lo retiro sin problema.Mi objetivo siempre ha sido doble: que los espectadores aprendan a entenderse mejor a sí mismos… y que los propios concursantes puedan encontrar respuestas, alivio y comprensión en medio de una experiencia que, aunque televisiva, es profundamente humana.
P: Además de La isla de las tentaciones, también has puesto el foco en otros programas o famosos. ¿Qué personajes o perfiles te resultan más interesantes y por qué?
R: Aunque a veces analizo casos de actualidad o situaciones relacionadas con personajes conocidos, lo cierto es que donde realmente disfruto —y donde más libertad tengo— es analizando personajes de ficción: películas, series, documentales narrativos… En la ficción puedo permitirme explicar absolutamente todo: utilizar etiquetas diagnósticas, hablar de rasgos concretos, profundizar en mecanismos internos… porque no estoy analizando a una persona real, sino un personaje creado para contar una historia.
Cuando se trata de personas reales, sean concursantes de realities o famosos, soy extremadamente cuidadosa. Evito analizar su personalidad, su historia vital o su mundo interno porque no tengo acceso a esa información clínica y porque sería poco ético hacerlo. En su lugar, utilizo lo que ha ocurrido como ejemplo para explicar conceptos generales.
Por ejemplo si una pareja famosa rompe y la polémica gira en torno a la diferencia de edad, no analizo a la pareja, sino que explico qué dice la psicología sobre las relaciones con grandes diferencias generacionales. Si una figura pública habla de un conflicto familiar, no analizo a la familia, sino que explico dinámicas familiares conflictivas desde un punto de vista general.Intento aprovechar el interés natural que generan ciertos sucesos para enganchar a la audiencia —porque en redes sociales ese gancho es necesario—, pero siempre llevando el foco a la explicación psicológica, y no a la persona real. Lo hago por respeto, por ética y también por cautela: la divulgación no debería vulnerar la intimidad ni la dignidad de nadie.
Los protagonistas de 'La isla de las tentaciones'. (Telecinco)
P: Cualquiera que siga tus análisis sabe lo que aportas tú al programa, pero... ¿qué te está aportando el programa a ti? Además de exposición, ¿te ha salido más trabajo desde entonces?
R: Respecto a lo que La isla de las tentaciones me ha aportado a mí, lo cierto es que ha sido muchísimo. Por un lado, me ha dado una exposición enorme y me ha permitido llegar a una audiencia a la que quizá no habría llegado de otra manera. Pero, sobre todo, me ha ayudado a posicionarme como una referente en psicología de pareja y en análisis psicológicos aplicados a la vida real, especialmente en redes sociales, donde el lenguaje tiene que ser didáctico, accesible y riguroso a la vez.
No sabría decir si todas las oportunidades profesionales que han surgido vienen exclusivamente de analizar el programa, porque también he crecido mucho con otros contenidos y formatos. Pero sí puedo afirmar que La isla ha sido —y sigue siendo— un pilar muy importante en mi carrera y en mi identidad como divulgadora.
La isla de las tentaciones
Además, hay algo que recuerdo con muchísimo cariño: durante los primeros años me conectaba con mis seguidores para ver los capítulos en directo. Era un espacio más íntimo, divertido y cercano, donde comentábamos juntos, hacíamos bromas y vivíamos el programa como una pequeña comunidad. Por falta de tiempo ya no puedo hacerlo, pero son momentos que echo mucho de menos, porque fueron muy especiales y crearon un vínculo precioso con mi audiencia.
En definitiva, La isla de las tentaciones me ha dado alcance, aprendizaje, una comunidad fiel y la oportunidad de demostrar que se puede convertir un contenido viral en una herramienta pedagógica. Y también estoy muy agradecida a mis seguidores, porque fueron ellos quienes insistieron en que le diera una oportunidad. Si hoy estoy donde estoy, es en parte gracias a ellos y gracias a este programa.
P: ¿Cómo valoras la relación entre Nieves y Lorenzo, protagonistas de la expulsión disciplinaria la pasada semana? ¿Y la decisión de ella de irse finalmente con él, pese a sus dudas y quejas?
R: En el caso de Nieves y Lorenzo lo que hemos visto es algo muy representativo de muchas parejas jóvenes: se quieren mucho, pero no se conocen lo suficiente como para tomar decisiones tan grandes. Para mí, lo más relevante de esta pareja es que la relación funciona bien en su día a día habitual, pero en cuanto cambias el contexto —como ocurre en la isla— aparecen partes de cada uno que el otro no había visto nunca. Y cuando eso pasa, emerge la inseguridad.
En Lorenzo vemos miedo, impulsividad y una tendencia a interpretar lo que hace Nieves de forma muy negativa, incluso cuando no hay un motivo real. Esto hace que él reaccione con hostilidad y amenazas, que es algo que deteriora muchísimo el vínculo. Y en Nieves lo que aparece es una reflexión muy importante: se da cuenta de que se ha adaptado demasiado a la vida de alguien de 30 años, y que quizá ha tomado decisiones muy serias sin haber vivido todavía etapas esenciales de su propia vida.
Mi conclusión como psicóloga es que no es una relación mala, pero sí una relación acelerada. Falta tiempo, falta convivencia real y falta haber atravesado experiencias distintas juntos. Y eso explica que, en cuanto cambias las condiciones, todo se tambalee tan rápido. Ella vuelve con él porque hay cariño y compromiso, pero también vuelve con una duda muy legítima: “¿Estamos preparados de verdad para este paso o hemos ido demasiado rápido?” Y esa duda, una vez aparece, es muy difícil ignorarla.
Con cerca de un millón de seguidores en sus redes sociales y vídeos que superan los dos millones de reproducciones, Claudia Nicolasa se ha convertido en una de las voces más influyentes del fenómeno La isla de las tentaciones gracias a sus análisis psicológicos. Lo que empezó casi como una petición insistente de su comunidad terminó transformándose en un espacio de divulgación psicológica sin precedentes en redes sociales. “Tuve que hacer un ejercicio de humildad. Yo tenía muchos prejuicios sobre los realities… y descubrí que era una joya psicológica”, confiesa en esta entrevista en exclusiva para EL CONFI TV.