En la televisión estamos acostumbrados a ver a Kiko Matamoros como un colaborador férreo, directo y, a menudo, inmune a las emociones. Sin embargo, en la última emisión de No somos nadie, el madrileño dejó atrás la coraza mediática y se mostró como pocas veces lo había hecho: vulnerable, arrepentido y profundamente afectado al hablar de su pasado con Mar Flores.
El detonante fue la reciente publicación de las memorias de la modelo, un relato que ha removido viejas heridas y que llevó a Matamoros a pronunciar un mea culpa en pleno directo: “Estaba lleno de rencor, pero lo que cuenta en el libro no es verdad”, confesó con la voz quebrada y los ojos humedecidos. En ese instante, la imagen del tertuliano seguro de sí mismo dejó paso a la de un hombre marcado por los errores, la incomprensión y un pasado del que, según él, aún arrastra consecuencias.
En su relato, Matamoros recordó los momentos más oscuros de aquella ruptura profesional y personal con la modelo. Asegura que, tras ser apartado de su trabajo como representante, atravesó una etapa de penurias económicas: “Me quitaron mi forma de ganarme la vida, me desahuciaron, me costó mucho remontar”. A pesar de la crudeza del recuerdo, quiso lanzar un mensaje claro: pide perdón por las actitudes de entonces, pero reivindica su verdad frente a lo que, dice, considera un relato incompleto.
El colaborador no ocultó el sufrimiento que le genera ver a sus hijos atrapados en medio de esta historia. Se mostró especialmente dolido por un comentario de una de sus hijas, aludiendo a un supuesto reparto económico con Carlo Costanzia del dinero de las fotografías de Interviú: “Eso me hizo mucho daño”. Pero, lejos de responder con reproches, insistió en su deseo de proteger a sus hijos, aunque ello implique callar parte de lo que vivió: “Nunca he tenido la necesidad de contarles mi versión porque podría hacerles más daño que bien”.
Kiko Matamoros, en 'No somos nadie'. (TEN)
"Sucedieron unos incidentes con mi hijo Diego y con el padre de Mar Flores. Desgraciadamente ninguno se produjo de la mejor manera y cuando llegué a buscar a ese hombre se había marchado y había dejado allí a su mujer. Estaba mi ex, no pasé de la puerta. Pero cuando me vio y oyó, pues tuvo un desmayo. No sé lo que le sucedió porque estaba enferma. Lamento que pasara por ese trance, pero ese fue el motivo de la ruptura", se limitó a explicar en este sentido, dejando muchas incógnitas en el aire.
Perdón y redención
Matamoros quiso que quedara claro que su gesto en el plató no era un ajuste de cuentas, sino un intento de liberarse del peso de la culpa: “Yo lo que quiero es irme a dormir tranquilo, con el respaldo de mi mujer y de mis amigos”, aseguró. “Pido perdón públicamente a Mar Flores por muchas de las cosas que dije en su día. Me batí el cobre por ella, pero me sentí mal pagado. No me arrepiento de haber trabajado con ella, sí de cómo gestioné mi rencor después”, dijo entre lágrimas, porque en aquella ruptura también estuvieron de por medio sus hijos.
El colaborador de No somos nadie no es ajeno a la exposición mediática. Sus décadas en televisión le han colocado tanto en el centro de las polémicas como en la primera línea de la crónica rosa. Sin embargo, su emotiva intervención demostró que detrás del personaje televisivo hay una persona con cicatrices aún abiertas, con batallas internas no resueltas y con la necesidad de reconciliarse, sobre todo, consigo mismo.
“Fue una separación muy traumática que lastró mi vida y la sigue lastrando”, concluyó. Lo hizo enjugándose las lágrimas, pero también con la determinación de alguien que, pese a la tormenta mediática, todavía busca paz.
En la televisión estamos acostumbrados a ver a Kiko Matamoros como un colaborador férreo, directo y, a menudo, inmune a las emociones. Sin embargo, en la última emisión de No somos nadie, el madrileño dejó atrás la coraza mediática y se mostró como pocas veces lo había hecho: vulnerable, arrepentido y profundamente afectado al hablar de su pasado con Mar Flores.