El comunicador ha fallecido a los 75 años

José María Íñigo: el hombre multimedia que bordaba las cocochas en cazuela de barro

El periodista ha dejado un gran vacío en el mundo de la comunicación y será siempre recordado por su brillante carrera como comunicador

Foto: Con Uri Geler, en un momento mítico de la televisión española del siglo XX. (Gtres)
Con Uri Geler, en un momento mítico de la televisión española del siglo XX. (Gtres)

José María Íñigo ha sido una de las figuras más representativas del mundo de la comunicación. Ha fallecido este sábado a los 75 años, ​ y la noticia de su muerte ha sorprendido a todos los que no formaban parte de su círculo íntimo, incluso para sus propios compañeros de RNE con los que compartía tiempo y viajes en el programa de Pepa Fernández 'No es un día cualquiera'. La última vez que le pudimos escuchar fue hace dos semanas, en su espacio '¡Hablemos en español, leches!', donde explicaba la cantidad de extranjerismos que se utilizan en las conversaciones habituales. Aderezaba la información con anécdotas, vividas o no. Daba igual porque Íñigo era una de las personas más amenas y con más conocimiento sobre viajes, gastronomía y, por supuesto, música que he conocido.

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  El periodista vasco era muy polifacético. (Gtres)
El periodista vasco era muy polifacético. (Gtres)

Su conocimiento era un imprescindible cuando los periodistas más jóvenes (y también los mayores) necesitábamos contar o escribir noticias relacionadas con Eurovisión. Tenía una memoria increíble y cuando llamabas por teléfono para saber un dato que no figuraba en Google, él lo sabía. "¿Oye, por qué se separaron ABBA y quién era la que mejor cantaba del grupo?" "¿José María, quién va a ganar este año?" "¿Qué pasó con el representante de Mónaco, ese que llevaba flequillo y cantaba algo de un barco de vapor con su mamá?". Y todas estas cuestiones, Íñigo las contestaba con una rapidez pasmosa aportando información complementaria que solo él manejaba.

Colaborador de la BBC

Íñigo sabía inglés cuando en España solo lo hablaban fluidamente los diplomáticos. De Londres, donde vivió y colaboró con la BBC una temporada, se trajo la lista de éxito que después copiaron muchas emisoras de nuestro país. De aquella experiencia le gustaba recordar lo poco que le pagaban y cómo se las arreglaba para vivir dignamente con trueques. Él enseñaba español y además buscaba a sus colegas de la BBC viviendas de amigos en la costa para pasar los veranos. A cambio, se llevaba una comisión. De música, por supuesto, lo sabía todo.

 Con la cantante Ruth Lorenzo. (GTRES)
Con la cantante Ruth Lorenzo. (GTRES)

Una de las anécdotas relacionadas con su capacidad melómana era la cualidad que tenía para interpretar cualquier cosa que le pidieras. Tarareabas los primeros acordes de una canción o le comentabas alguna frase del estribillo y te decía inmediatamente el nombre y el autor. Cuando no lo conseguía en el momento llamaba al cabo de un rato y te decía "cantas muy mal pero creo que es esta". Y, efectivamente, acertaba.

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Presumía de sus orígenes y hacía suya la anécdota de “los de Bilbao nacemos donde nos da la gana y por eso lo hacemos aquí”. Otra de sus frases más repetidas llegaba cuando tenía que explicar a personas extranjeras dónde estaba su localidad natal, sobre todo a los norteamericanos: "Buscas el Océano Atlántico y a la altura de Europa ese mar desemboca en el Nervión. Ahí está mi ciudad".

Con su hija Pilar. (Gtres)
Con su hija Pilar. (Gtres)

Como vasco, era de buen comer y poco dado a las efusiones. Precisamente una de sus batallas, que él reconocía como perdida, era su afición gastronómica. En este sentido echaba la culpa “a ser de Bilbao”. Nunca cocinaba por obligación y sí por devoción. Bordaba el bacalao al pil pil, las cocochas, “siempre en cazuela de barro para que no se monten unas con otras”, y la merluza rebozada ,“mejor acompañada con piquillo que sola”.

Si querías la receta te la daba pero te avisaba de que “no te saldrá igual, de lo buena que salió esta”. Un par de veces que coincidimos en una ruta viajera con RNE y no nos había dado tiempo a cenar pidió permiso para meterse en la cocina del hotel y cocinó chipirones (“a esta hora mejor encebollados que con tinta”).

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Otra de sus grandes aficiones que convirtió en uno de sus medios de vida fueron los viajes. Editó su propia revista y, como sucedía con la música, te recomendaba los sitios más especiales y menos conocidos de España. No entendía que mucha gente prefiriera colocarse una pulserita de 'todo incluido' y encerrase en un 'resort' que disfrutar de “las maravillas" que había allí.

Íñigo era un hombre multidisciplinar. Por cierto, y como guinda a todo lo dicho, también fue domador de elefantas durante dos meses en el circo de Ángel Cristo. Buena persona y mejor compañero que supo disfrutar de la vida, se ha marchado sin hacer ruido para seguir viajando allá donde vaya.

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