La reina de la insulina: "No respeté ninguna norma: ni matrimonio ni estado de alarma"
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La reina de la insulina: "No respeté ninguna norma: ni matrimonio ni estado de alarma"

Ángela Dobrowolski sale de la cueva a lo grande tras ser acusada de intentar asesinar a su marido diabético, Josep Maria Mainat, productor de 'Crónicas marcianas' y 'OT'

Foto:  La reina de la insulina: "No respeté ninguna norma: ni matrimonio ni estado de alarma"
La reina de la insulina: "No respeté ninguna norma: ni matrimonio ni estado de alarma"

Mientras media España veía la traca final de 'La isla de las tentaciones', algo más trascendental pasó desapercibido en otro canal. No nos referimos a la moción de censura de Abascal a Sánchez, tan sugerente como una piedra pómez, sino a la primera entrevista a Ángela Dobrowolski tras ser acusada de intentar liquidar con insulina a su marido diabético, el productor Josep Maria Mainat ('Crónicas marcianas', 'OT'), que acabó en el hospital en coma hipoglucémico.

El caso Mainat es el equivalente español a la campaña de Donald Trump: es imposible saber qué va a pasar mañana, lo único seguro es que será absurdo y superará a lo anterior. En efecto, si Trump pasó de 'morir' de covid a bailar Village People en un mitin, Ángela Dobrowolski ha pasado de ama de casa irreprochable a dinamitar todos los cimientos de la sociedad burguesa biempensante.

Foto: Todos quieren muerto a Mainat (pero acabar con él no es sencillo)

Perder los modales

En 'El asesinato como una de las bellas artes', Thomas de Quincey escribió: "Si uno comienza por permitirse un asesinato pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del Día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente". Pues bien, Ángela Dobrowolski ha superado a De Quincey 200 años después. "No respeté ninguna norma: ni mi matrimonio ni el estado de alarma", dijo a 'En el punto de mira' (Cuatro). Como aspirante a frase del año, merece una matización: Dobrowolski no se refería a que intentara asesinar a su esposo, y después, en una loca escalada asocial, se saltara el confinamiento, sino a que como su matrimonio iba en barrena, se echó un amante con él que burló el estado de alarma primaveral.

A primera vista, puede sonar raro que Dobrowolski admita el pack fiasco matrimonial/amante, pues se le acusa de intentar matar a su marido antes de que el divorcio mermara su cuenta corriente. La mujer dijo a un juez que su matrimonio estaba en pie la noche que Mainat casi muere, pero ahora ha decidido desmelenarse... con matices. Su relación con Mainat llevaba tiempo a la deriva, admite, pero de ahí a acabar con él... "Yo no intenté matar a mi marido", dijo.

Yo no intenté matar a mi marido

Es decir, una puede pensar que su marido (diabético) es un completo cretino, pero no meterle tres tiros (de insulina) necesariamente. Dobrowolski, no obstante, atizó a Mainat durante la entrevista: su marido fue "frío, controlador, vengativo y abusivo" con ella. La nueva Ángela, en definitiva, va a la ofensiva. ¿Queréis guerra judicial y mediática? Vais a tenerla. ¿Empoderada? Seguro. ¿Insulinada? Quizás.

Puro teatro

En la última escena de la entrevista, Ángela lanzó un fascinante aguijón a Mainat mirando a cámara: "Tantos años juntos, se me ha ido pegando algo de tu don televisivo. Aquí estoy, resistiendo", dijo con perversa teatralidad.

Hay que quitarse el sombrero ante este ejercicio de honestidad brutal sobre la naturaleza artificiosa del caso. De una bronca matrimonial salvaje, (presuntamente) homicida y con niños y millones en juego, uno solo espera mentira tras mentira. Bienvenidas sean las cartas boca arriba y las verdades desnudas: la batalla decisiva se juega en la tele y tiene mucho de trampantojo, con Mainat y Dobrowolski interpretando diversos roles. El rey de la tele a la que princesa de la insulina quiere sacar los cuartos. O la perfecta ama de casa minusvalorada y tirada al barro para defender lo suyo.

Foto: Angela Dobrowolski mantiene su inocencia y acusa a Mainat de "frío, calculador, vengativo y abusivo"

Si bien Mainat puede ser frío, controlador y vengativo, como dice Dobrowolski, quizá ella lo sea también. Como poco ha mostrado un aplomo emocional y un dominio televisivo digno de una diva del melodrama clásico, pues empezó la entrevista quitándose la peluca (que usa para ocultarse en la calle), siguió presumiendo del fular que vistió Mainat en su boda y acabó escotada y perforando con la mirada. En efecto, una cosa es que te llamen viuda negra, o que te acusen de casarte por dinero con un señor maduro, y otra que no puedas ponerte mona para salir en la tele.

En otras palabras: el ama de casa modosita y mera comparsa del marido creativo y rico ha muerto.

Dobrowolski ha decidido que ya no va a representar más ese rol, que su matrimonio ha sido una mentira (algo que Mainat podría sostener fácilmente también, al fin y al cabo, casi la palma de un coma diabético… por lo que fuera). Dobrowolski, en definitiva, se ha echado al monte para salvar al pellejo. Va sin cadena.

El ama de casa modosita y mera comparsa del marido creativo y rico ha muerto

Si a usted le acusaran de asesinato, le persiguieran los periodistas y estuviera al borde del presidio, quizá optaría por el perfil bajo, pero Ángela Dobrowolski se presentó en la tele dispuesta a quemar la noche de su vida, cantar las cuarenta a su marido y admitir que tenía un amante (escort latino, por cierto, aunque ella lo niegue y diga que es "mecánico", en una rara concesión a la moralidad burguesa de una Ángela en huida punk hacia adelante).

Duelo de abogados

¿De verdad es una idea sensata (para sus intereses judiciales) que Dobrowolski monte este show televisivo justo antes de que un juez decida si la mete en prisión? La respuesta a esta pregunta es sencilla: Sí y no. El caso Mainat es un asunto policial y judicial, pero también es la madre de todos los circos mediáticos, y con esas reglas también se juega. Dobrowolski ha decidido que no podía quedarse de brazos cruzados mientras las teles (y los Mossos) la acusaban de asesinato, y ha pasado a la ofensiva total, coincidiendo con la contratación de un nuevo abogado, Jorge Albertini, experto en famosetes en apuros y casos de impacto social, con el que ha metido el turbo catódico.

Albertini, habitual del programa de Ana Rosa, tiene enfrente a una peso pesada: la abogada de Mainat es Olga Tubau, que viene de doblarle el pulso a las grandes instituciones del Estado (fiscalía, guardia civil, etc.) en el juicio al exmayor de los Mossos, Josep Lluis Trapero. Dos perfiles de letrados bien diferentes.

Foto: Quién es Olga Tubau, la abogada de Trapero y de Mainat que rompió a llorar en el juicio

Digamos que Mainat tiene dinero para contratar más abogados que O. J. Simpson, y su mujer no. Lo que tiene Dobrowolski es capacidad para embarrar el terreno de juego hasta que el juicio paralelo mediático engulla al judicial.

Pero el astracán televisivo tiene también sus riesgos. Si bien Dobrowolski salió airosa al hablar de su matrimonio (acusó a Mainat de someterla a un intenso ninguneo psicológico y económico, y no sonó inverosímil) y hasta de su amante (un poco en plan: ¿qué pasa? ¿no me puedo echar un 'noviete' si mi marido es un plasta?), patinó en sus (confusas) explicaciones sobre la noche de autos. No fue capaz de aclarar por qué no dio azúcar a Mainat cuando entró en coma hipoglucémico y cayó en diversas contradicciones. En efecto, Dobrowolski tiene respuestas para todo… menos para el presunto asesinato, es decir, para todo menos para lo importante.

Foto: El caso Mainat, paso a paso: de la denuncia policial al circo mediático, cronología

No obstante, la agitación mediática de la vida de la pareja podría convertir el juicio en una ciénaga. Los circos mediáticos tienden al descontrol. Aunque los Mossos tienen fuertes indicios de que Dobrowolski intentó matar a su marido con un 'insulinazo', no hay ni 'arma', ni insulina, ni confesión. Por tanto: Hay partido. Y ya sabemos que los partidos en terrenos embarrados y bajo una gran tormenta (de mierda) tienden a igualarse.

Eso sí, si Dobrowolski sigue con su gira deslenguada por los platós de España, más le valdrá pulir su relato sobre la noche del telele de Mainat, porque sea o no culpable, su testimonio no suena del todo creíble.

¿Demasiada exposición televisiva? Quizá Dobrowolski no tenga mucho que perder. Quizá quedarse callada mientras le despellejan en la tele tampoco sea buena idea. Quizá todo eso explique su temeraria estrategia mediática. Ángela Dobrowolski, puerta grande o enfermería.

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