Ana Rosa y el trauma de las Mama Chicho: "Telecinco venció a Antena 3 en el barro"
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30 años de las teles privadas

Ana Rosa y el trauma de las Mama Chicho: "Telecinco venció a Antena 3 en el barro"

La irrupción de nuevos canales cambió la sociedad para siempre en 1990 con una mezcla de picaresca y lisergia. Un 'podcast' de Campamento Krypton analiza los noventa catódicos

Foto: Las Mama Chicho, en acción.
Las Mama Chicho, en acción.

La escena del sofá. Años ochenta profundos. El empresario italiano Silvio Berlusconi activa una intensa campaña de 'lobby' en España para lograr la concesión de un canal privado de televisión. Empresarios como Jesús de Polanco (Prisa), Miguel Durán (ONCE), Antonio Asensio (Grupo Z) o los Echevarría (Grupo Correo) pasan diversos días en Villa Arcore, palacete a las afueras de Milán, donde Berlusconi montaba una 'performance' engatusadora que culminaba así: "Silvio y yo hacíamos la escena del sofá. Pasábamos a un gran salón con piano y yo le pedía a Silvio que cantara y tocara algo; y él, ‘que no, que no’; y yo, ‘que sí, que sí’. Por supuesto, la cosa acababa con Berlusconi dando un concierto y todo el mundo pasándolo en grande... Silvio sacaba a relucir los encantos de seductor y animador de crucero que llevaba dentro”, según contó Alfredo Fraile, fontanero español de Berlusconi y exmánager de Julio Iglesias. El caso es que Berlusconi logro así su canal español: Telecinco.

Moraleja de esta bellísima historia: este año se cumplen 30 años de la llegada de las teles privadas, pero las emisiones en prueba de Telecinco empezaron antes, en los salones milaneses de Berlusconi, con un vodevil para prohombres del empresariado español que anticipó las características de Telecinco como cadena de éxito: astracán, desbarre, picardía, espectáculo y realidad superadora de cualquier ficción. Tras una primera década de experimentos televisivos bizarros, Telecinco se hizo con la hegemonía mezclando 'realities' y 'cuore', y ahí sigue, pero el tono —entre lúdico y perverso— es parecido al que marcó Berlusconi en sus escenas de sofá. Coherencia estética absoluta.

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Más tumbos dio Antena 3 hasta estabilizar su marca de cadena para todos los públicos, más familiar que canallita, menos habilidosa para nadar en el barro que Telecinco. El pecado original del lanzamiento de Antena 3 fue su radiodependencia: pensaron que bastaría con clonar el éxito de Antena 3 radio para triunfar en la tele de 1990. Antena 3 television nació con plomo en las alas. Los informativos aparecían de pronto, como los boletines horarios de las radios. Ver ahora programas como el del doctor Bartolomé Beltrán o el de Encarna Sánchez, que llegó a entrevistarse a sí misma, es como ver una película de Bergman fumado y a cámara lenta. Como ver la hierba crecer. La radiofórmula televisiva fue un desastre. La cadena tuvo que refundarse (estética y financieramente) dos años después. ¿Y Canal Plus? Tele de pago para minorías, merece un análisis aparte.

El programa que mejor explica los noventa quizá sea 'Esta noche cruzamos el Mississippi', con su mezcla de humor disparatado, morbo, jaleo y amarillismo (recuerden las pasadas de rosca con la conspiración de Alcàsser). A nivel industrial, el 'late night' de Pepe Navarro también hizo historia, al destrozar todos los programas lanzados por Antena 3 para frenar al 'Mississippi'. El relevo simbólico en Telecinco lo tomó 'Crónicas marcianas', de Javier Sardà, que arrancó con guiños culturetas y acabó más embarrado aún que Navarro, abducido por una tendencia televisiva emergente, el tertulianismo 'cuore' histriónico, que monopolizaría la parrilla televisiva del siglo XXI.

Foto: Algunos de los iconos de Canal Plus.

Recuerdos de un patio demencial

La irrupción de las teles privadas no solo cambió el país, sino que marcó la estética de una década que se vendió como triunfal —caída del Muro, fin de la historia, fastos del 92, clase media para todos—, pero que escondía fuertes dosis de trapicheos, oscuridad y lisergia.

Decía Machado que su infancia eran recuerdos de un patio de Sevilla. Y Rilke, que la infancia es la verdadera patria del hombre. Mucho nos tememos que los recuerdos de los que crecimos en los noventa no son de un bucólico patio sevillano, sino de algún programa demencial de Telecinco. Y que la verdadera patria del hombre noventero son imágenes de Jesús Gil desbarrando en un 'jacuzzi' y de las Mama Chicho irrumpiendo en cualquier programa cual encerrona al espectador. Trauma absoluto. De los posibles daños neuronales a largo plazo ya hablaremos otro día, ahora vamos a hablar del nuevo (y exhaustivo) 'podcast' de Campamento Krypton: 'Teleparrilla infernal: 30 años de privadas en España". Entrevista a los autores del 'podcast, los 'antimonitores' del Campamento Krypton, sobre la década catódica más bizarra de la historia cañí.

Hoy día, muchos espectadores desengañados tienden a ver montajes incluso cuando no los hay, tras años de burdos teatrillos

PREGUNTA. Hablando de 'Veredicto' un programa de juicios en directo supuestamente real, pero claramente interpretado por actores, decís que las privadas introdujeron una serie de trucos en la televisión en España. ¿La verdad empezó a importar un poco menos? ¿Era entonces el espectador bastante más inocente que ahora?

RESPUESTA. Ni que decir tiene que el espectador de los noventa estaba mucho menos resabiado que el de ahora, que ya ha nacido expuesto a una cantidad de oferta audiovisual brutal. Veníamos de dos únicos canales, donde ni siquiera se emitía las 24 horas. La aparición de las privadas supuso un gran aumento de producción de contenidos. Y claro, cuando urge la cantidad, la calidad puede quedarse por el camino. Había que rellenar muchas horas con contenidos lo más llamativos posible. Los programas de testimonios o 'talk shows' eran formatos y códigos que no existían antes de los noventa y donde nos daban gato por liebre día sí y día también. ¿Significa esto que no nos tomaban el pelo antes de las privadas? Claro que no, pero quizá la mayor diferencia fue el aluvión de gente anónima, sin demasiado que contar, que inundó la televisión a partir de entonces. Testimonios supuestamente reales más guionizados que 'El secreto de Puente Viejo'. Hoy día, curiosamente, muchos espectadores desengañados tienden a ver montajes incluso cuando no los hay, tras años de burdos teatrillos.

Ana Rosa Quintana, en 'Veredicto'.
Ana Rosa Quintana, en 'Veredicto'.

P. 'Veredicto' lo presentaba una muy joven Ana Rosa Quintana. Más allá del engaño con los actores, ¿la tele de los noventa era más de coña, más teatral, pero en la de ahora, bajo la apariencia de solemnidad, se hacen más juicios sumarios?

R. Los juicios de 'Veredicto' tenían como finalidad el puro entretenimiento o incluso la comicidad. Era un programa con un punto esperpéntico y aquel teatro no pretendía llegar a más. Ahora que la línea entre información y opinión, entre realidad y suposición, es cada vez más difusa, cuando no inexistente, en los medios, es cuando el espectador debería ser lo más observador y crítico posible. Los 'juicios de opinión' en televisión o 'juicios populares' en redes están a la orden del día, y es responsabilidad de cada cual no dejarse llevar por corrientes repentinas y pensárselo dos veces antes de juzgar a terceros.

P. En esos años, se empezó a hablar de televisión basura. Aunque siempre se pone el foco en el especial de Nieves Herrero sobre Alcàsser, hubo muchos más programas grotescos. ¿Qué fue lo peor que visteis esos años?

R. Tener que rememorar cierto tipo de programas no es plato de buen gusto, desde luego. 'Confesiones', 'Quién sabe dónde', 'Impacto TV'... Los programas donde se explotaba el dolor o la desgracia ajena, muchas veces contando con la participación de los propios afectados, solían ser los peores con diferencia.

En algunos programas, se ridiculizaba a personas ingenuas o incluso discapacitadas, para divertir al personal. Algunos se ofrecían cómplices para el escarnio público


De todos modos, aunque los que giraban en torno a crímenes son los que peor fama tienen, no debemos olvidar que durante muchos años también hubo programas que, con la excusa del humor, se dedicaron a humillar a personas bastante indefensas, de escasos recursos. 'Al ataque', 'Sal y pimienta', 'Crónicas marcianas'... En todos estos programas, se ridiculizaba a personas ingenuas o incluso discapacitadas, para divertir al personal. Algunos se ofrecían cómplices para el escarnio público, cierto. Pero otros no, y aquellas carcajadas de los noventa son ahora motivo de vergüenza para muchos.

P. Dice el tópico noventero que Telecinco era divertida y Antena 3 aburrida. ¿Es real? ¿Sigue habiendo algo de eso?

R. De todos es sabido que en Telecinco siguen apodando a sus vecinos como los de la 'cadena triste'. En comparación con Telecinco, cualquier cadena de la época parecería un despacho de abogados. Telecinco era, a todos los niveles, una fiesta en comparación con su rival más cercano. Platós de gran tamaño, un trasiego constante de gente sobre el escenario, bailes constantes, omnipresencia de humoristas y chicas con poca ropa...

En comparación con Telecinco, cualquier cadena de la época parecería un despacho de abogados. Telecinco era una fiesta


La cuestión es que a finales de los niventa, y sobre todo a partir de 2000 con el estreno de 'Gran Hermano' y los cambios de dirección en Antena 3, comienza una competición feroz entre cadenas, que nos deja algunas de las cotas más bajas y vergonzantes jamás alcanzadas en televisión. El duelo de programas de entretenimiento, 'late nights' y sobre todo 'realities' nos hizo descender a simas muy profundas. Al final, Antena 3 asumió que era incapaz de vencer a Telecinco en la piscina de barro y optó por cambiar progresivamente sus contenidos por otros mucho más orientados al 'público familiar'.

P. ¿Por qué las Mama Chicho aparecían constantemente y sin avisar en cualquier programa de Telecinco? ¿No habíamos salido del estado mental landista?

R. En realidad, las Cacao Maravillao eran más omnipresentes, aunque se recuerda mucho más a las Mama Chicho.

"Hay que entretener"... Eso decía Pepe Navarro. Y lo cierto es que entretener entretenía, casi al precio que fuese

Con el paso de los años, la televisión ha fomentado y normalizado actitudes y comportamientos que posiblemente serían otros si no hubiesen existido los canales privados. Telecinco tenía una pretensión meramente lúdica. No pretendía, en un inicio, hacer programas divulgativos o informativos. El cine popular del tardofranquismo y de la Transición (el cine de 'destape'), que intentaba ser dejado atrás por el PSOE, Pilar Miró y compañía, tanto en salas como en la televisión pública, era un producto demasiado exitoso como para dejarlo pasar, y la 'cadena amiga' se hizo fuerte en aquel nicho de mercado.

Habrá quien afirme que la España del landismo no está tan lejos de la actual. Después de todo, hay quien ve a Bertín Osborne como presidenciable, así que quizá no estén demasiado desencaminados.

P. ¿Cómo le explicaríais a un 'millennial' el éxito sociológico del 'late night' (el 'Mississippi') de Pepe Navarro?

R. Tampoco era un formato tan distinto al de otros 'late nights' de hoy como 'La resistencia' o 'Late Motiv', de hecho, Buenafuente desbancó a Sardà y este a Navarro. La diferencia es que el éxito de Pepe Navarro radicaba en emociones fuertes propias de una 'sesión golfa' de madrugada.

"Hay que entretener", "la gente quiere que le cuenten historias"... Eso decía Navarro. Y lo cierto es que entretener entretenía, casi al precio que fuese. Por un lado, tenía buen olfato para la comedia. El debut de Florentino Fernández multiplicó el éxito de Chiquito de la Calzada con sus personajes, dando lugar a una suerte de 'chiquitomanía' que por mucho que no gustase a don Gregorio, hizo aún más grande su marca. En el dorso de la comedia estaba el morbo, la truculencia... Lo mismo daba que fuera un reportaje sobre prostitución callejera, sexo fetichista o crímenes truculentos. A todo se le podía sacar punta, de todo podía sugerirse una conspiración...

En ese sentido, esa fórmula compuesta por humor, sátira, faranduleo y crónica negra, que tanto exprimieron Navarro o Sardà, sigue siendo la misma que aplican a día de hoy varios programas de éxito.

P. ¿Hubo algo más psicotrópico en los noventa que 'Las noches de tal y tal', de Jesús Gil?

R. Es difícil imaginar un programa con una combinación de elementos más disparatada y escandalosa que un 'show' cuyo principal reclamo era ver a un personaje como Jesús Gil promocionando su imagen y la Marbella del pelotazo urbanístico, entre jovencitas en bikini, elogiosos raps, su caballo Imperioso (con el que hablaba) o un Benny Hill en el ocaso de su carrera.

En todo caso, los noventa dieron para mucho, y programas como 'Ay qué calor', 'Scavengers', 'Contacto con tacto' o 'Esta noche cruzamos el Mississippi' no se quedan atrás en lo que a locura televisiva se refiere. Para los que quieran saber más sobre esta teleparrilla infernal, que acudan a nuestro nuevo 'podcast'.

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