El 'boom' de las adaptaciones literarias en televisión
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El 'boom' de las adaptaciones literarias en televisión

Las televisiones privadas hicieron que cambiase el modelo de ficción en España liderado por TVE. Ahora, este genero literario, vive una segunda edad de oro

Las televisiones privadas terminaron con un ciclo de ficción en España, la adaptación de obras literarias. TVE ya no podía mantener su plan de producción en los años 90 si tenía que competir con cadenas como Telecinco y Antena 3. Las miniseries eran demasiado caras si el espectador no las iba a ver sí o sí. TVE dejó entonces de hacer adaptaciones literarias y un género desapareció de nuestra televisión. Ahora, esta variedad ya extinta vive su segunda edad de oro. El tiempo entre costuras es sólo un ejemplo. Pero esto es sólo el principio.

Los primeros años de los años 90 suponen una etapa clave en la televisión española. La llegada de las privadas instauró un nuevo régimen de competencia que provocó varios cambios de hábitos en programación. En esta década, la ficción se consolida en España con producciones de larga duración, dejando a un lado las miniseries y las adaptaciones para abrir las puertas a las ideas propias creadas por y para la televisión. Y es entonces cuando nacieron series como Médico de familia (1995 / Telecinco) o Farmacia de guardia (1991 / Antena 3). TVE también quería seguir ese modelo, dando comienzo a series como Hostal Royal Manzanares.

TVE tenía que cambiar. La pública creó el Taller de Telecomedias en cuanto nacieron las privadas para crear producciones propias y ganar público. Definitivamente, la pública se despedía de las adaptaciones literías que tanto éxito tuvieron en el pasado. Mientras Antena 3 creo series como ¡Ay, señor, señor! (1994) o Los ladrones van a la oficina (1993), Telecinco enganchó a la audiencia con Siete vidas (1997), El súper (1996) o Periodistas (1997).

Las miniseries eran demasiado caras. La televisión tenía que ahorrar costes en platós y personal, metiéndose de lleno en intentar que las series durasen lo máximo posible en antena y dejando atrás la idea de una historia con principio y final. Atrás quedaron Cañas y Barro (1978), Fortunata y Jacinta (1980), Los pazos de Ulloa (1985) o La Barraca (1979), un modelo que TVE ya no podía mantener.

Cambio de tendencia

Y así, durante más de una década, las televisiones no hicieron caso de un género que años atrás llevaba el timón de la ficción en España. Las series se concebían por temporadas, no por capítulos. Y muy pocas miniseries, más bien basadas en biopics, veían la luz.

Ahora, dentro de un rocambolesco cambio de tendencia, las adaptaciones literías parece que han salido de un oscuro baúl escondido para tomar más fuerza que nunca. Antena 3 hizo babear a la competencia con El tiempo entre costuras (2013). Y, desde entonces, nadie ha quitado la vista de la lista de libros más vendidos.

Antena 3 adaptará la novela La catedral del mar, una coproducción internacional que se rodará en Barcelona este año. Telecinco se ha hecho con los derechos de la obra de Nieves Herrero, Lo que escondían sus ojos. Diagonal ya ha anunciado que adaptará en televisión la saga Valeria de Elisabet Benavent. Y, para repetir éxito, Boomerang se ha hecho con los derechos de Cartas a Palacio antes de que el libro salga a la venta. La nueva década televisiva ya tiene un guión que seguir.

"Hemos notado una sensibilidad hacia las adaptaciones de novelas históricas.Cartas a Palacioes un proyecto en el quehemos empezado desde el principio.Estamos en contacto permanente con la editorial, nos mostró un borrador de la historia y decidimos hacernos con los derechos porque era una historia que merecía ser contada", comentaba hace unos días Pepe Abril, presidente del Grupo Boomerang.

Las televisiones españolas ya no se quieren arriesgar tanto en ficción. Es más, incluso con las series que pretenden ser de larga duración, se encargan pocos capítulos en su primera temporada para no tentar a la suerte. Con una obra literaria delante, la cadena sabe perfectamente que, de arriesgarse, sólo tendrá que hacer frente a un número de capítulos bastante menos numerosos que una serie larga.

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