Rebelión en el talego

Salvo alguna que otra incursión tímida y aislada de directores como Enrique Urbizu, Imanol Uribe o Alex de la Iglesia, que es quizá el que más

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Rebelión en el talego
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Salvo alguna que otra incursión tímida y aislada de directores como Enrique Urbizu, Imanol Uribe o Alex de la Iglesia, que es quizá el que más se ha prodigado de forma tangencial en el género, el cine de acción en España ha sido siempre quimérico, hipotético, irreal. Hay algún que otro thriller por ahí suelto. La mayoría con resultados descaradamente pobres. Entre ellos, la Caja Kovak, anterior película del atípico director Daniel Monzón.

 

No era de esperar que Monzón hiciese un film como Celda 211, de argumento zigzagueante y atmósfera opresora. Una película de motines carcelarios y acción audaz. Tiene esta cinta todos los ingredientes de una película de género. No utiliza la cárcel y los estereotipos que de ella se derivan para elaborar una narración de tintes sociales, como Horas de luz (Manolo Matjí, 2004), AzulOscuroCasiNegro (Daniel Sánchez-Arévalo, 2006) o El patio de mi cárcel (Belén Macías, 2008).

 

Apenas se atisba en el metraje la intención de juzgar a alguno de los personajes. Puede que exista una crítica velada y subyacente al funcionamiento del sistema penitenciario o a los excesos de la Policía, pero nunca se presume de moralina. Ni siquiera la inclusión en la trama de un macguffin que protagonizan presos de ETA nos aproxima lo más mínimo a un discurso político.

 

No hay buenos. No hay malos. Todo está al servicio de la sucesión imprevista de los hechos y a la evolución de sus personajes, que escapan sin duda al estereotipo carcelario, aunque también lo trabajan bastante bien. Malamadre (clase de interpretación de Luis Tosar) es un preso que no tiene nada que perder. Juan Oliver (El calzones) es un funcionario de prisiones que va a vivir las peores 36 horas de su vida y que representa todo lo que Malamadre hubiera querido ser. Ambos van a sufrir una especie de tragedia crepuscular que resulta creíble y veraz gracias, sobre todo, a la excelente ambientación y al trabajo de los actores.

 

LO MEJOR: Las interpretaciones: Luis Tosar (principal), Antonio Resines (secundario) y Alberto Amann (revelación) pueden salir de los Goya con premio.

 

LO PEOR: Hay alguna que otra estridencia argumental, algún que otro giro mal resuelto en la trama. Aunque lo más reprochable si acaso es la estructura narrativa del relato. Los flashbacks que se introducen resultan gratuitos, innecesarios. Además, cuando la película sale de la cárcel pierde enteros. Pecata minuta.

 

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