Arropiero 'el destripador'

No se asusten, no hay un nuevo ‘destripador’ suelto por las calles de Londres. Éste, ‘Arropiero’, es un matarife autóctono y de antaño. Concretamente, el mayor

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Arropiero 'el destripador'
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    No se asusten, no hay un nuevo ‘destripador’ suelto por las calles de Londres. Éste, ‘Arropiero’, es un matarife autóctono y de antaño. Concretamente, el mayor asesino en serie de la historia de nuestro país. Nombre: Manuel Delgado Villegas. Profesión: vagabundo de 8 a 22:00; asesino cuando caía la noche. Seudónimo: ‘El Arropiero’, porque comerciaba con jarabe de mosto (arrope). Personalidad: un hombre encantador (atestiguan los psiquiatras que le trataron), aunque también algo colérico (corroboran los crímenes que cometió). Cargos: 48 asesinatos reconocidos; todos ellos brutales.

    Su historia llegará este próximo viernes a las salas en forma de documental. Una obra dirigida por Carles Balagué, crítico de cine y realizador ocasional que se vio fascinado en su adolescencia por el modus operandi de ‘El vagabundo de la muerte’, como también se conocía a Manuel Delgado. “No era un asesino de alpargata ni evocaba la imagen del típico delincuente de la cuerda de presos, estamos frente a alguien que mataba de forma aleatoria, indiscriminada y sorprendente”, señala el propio Balagué.

    ‘El Arropiero’ confesó 48 crímenes, de los que la policía sólo pudo investigar 22 y resolver 7. Murió en 1998 en un centro psiquiátrico sin que se le hubiera juzgado todavía por ni uno sólo de esos crímenes y después de haber sido sometido a numerosos experimentos que borraron en él todo signo de humanidad. La Naranja mecánica de Kubrick llevada hasta sus últimas consecuencias en beneficio de la ciencia.

    La de ‘El Arropiero’ es, desde luego, una vida de cine, como la de tantos otros criminales. Balagué la reconstruye anclando el discurso de su cinta en el testimonio de todos aquellos (médicos, policías, conocidos) que le trataron. “Sería difícil que cualquier guionista pudiera imaginar un personaje con unas características tan ricas como las suyas, ya que en su vida realidad y ficción se dan la mano para tejer un retrato que también es el de un país”, afirma el director.

    ‘Serial killers’, todo un subgénero

    Los crímenes siempre han sido uno de los motores fundamentales de las tramas del cine y la televisión. Algo parecido afirmaba ayer mismo, en las páginas de El norte de Castilla, el cineasta Pedro Costa, quien firmó alguno de los capítulos míticos del serial La huella del crimen (TVE, 1985 y 1991).

    Hace tiempo que los serial killers, o asesinos en serie, se convirtieron en un reclamo primordial del celuloide, siempre atento al fluir de la realidad para beber de ella cuando las buenas ideas escasean. Muchos han sido los asesinos en serie cuya historia se ha llevado a la ‘gran pantalla’, habitualmente en productos de ficción, desde que Fritz Lang abriese la veda a este subgénero en 1931 con M, el vampiro de Düsseldort. Antes hubo otras películas, todas con menor repercusión, entre las que cabe destacar El enemigo de las rubias, de Alfred Hitchcock, inspirada en los crímenes del sanguinario ‘Jack el destripador’, sin duda el más conocido de los serial killers y en cuya figura se han basado un sinfín de títulos cinematográficos.

    Otros como ‘El asesino del zodiaco’, que mató al menos a cinco personas en California entre 1968 y 1970 inspiraron películas tales como Harry el sucio o la excelente y muy reciente Zodiac, del director David Fincher. Un caso paradigmático sería el de Edward Gein, criminal en el que están inspirados el Norman Bates de la inolvidable Psicosis, el Leatherface de La matanza de Texas o el Buffalo Bill de El silencio de los Corderos. Un tipo que ni siquiera llego a matar a tres personas -número mínimo de víctimas para considerar a alguien asesino en serie según el FBI-, pero cuya extraña relación con su madre –tan bien entendida por Hitchcock- y su chocante fetichismo –decoró su casa con partes de los cadáveres- le convirtió en uno de los asesinos más atractivos para el celuloide.

    Y es que no hay nada como provocar una matanza para que el 'séptimo arte' te inmortalice a veinticuatro fotogramas por segundo.

    Vea el trailer de Arropiero, el vagabundo de la muerte:

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