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​Espada voladora: el dron armado con cuchillas que mata y sigue su camino
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Muy difícil de interceptar

​Espada voladora: el dron armado con cuchillas que mata y sigue su camino

Capaz de alcanzar los 450 km/h, incorpora una cuchilla afilada para ataques cinéticos. Esta tecnología podría ser replicada fácilmente por grupos terroristas y criminales, lo que supone un nuevo desafío para los sistemas de defensa

Foto: El dron Espada Voladora.
El dron Espada Voladora.

El dron sobre estas líneas se llama Espada Voladora. No lleva explosivos pero no es un dron de reconocimiento. Es un dron de ataque que, a 450 kilómetros por hora y armado sólo con afiladas cuchillas en su proa y sin un gramo de explosivo, es capaz de infligir un daño letal en cualquier enemigo, desde un dignatario a un soldado de infantería hasta el piloto de un helicóptero. Su rapidez lo hace extremadamente difícil de interceptar.

La máquina emplea el impacto cinético puro para neutralizar sus objetivos mediante colisiones a altísima velocidad, funcionando literalmente como un yunque supersónico que atraviesa la materia a base de fuerza bruta. Este sistema de armas ha dejado de ser un concepto marginal para la industria de defensa, naciendo de las brutales adaptaciones vistas en la guerra de Ucrania, donde las tropas de uno y otro bando han improvisado sobre la marcha —desde atar munición antitanque a cuadricópteros comerciales a montar directamente arpones, lanzas y tridentes físicos en sus chasis— hasta crear una nueva industria de defensa y manera de entender la guerra del futuro.

Foto: ucrania-guerra-rusia-dron-inteligencia-artificial

Un dron 'medieval'

Samuel Cardillo, que es el actual consejero delegado de ShadowBreak International, la compañía que ha creado el 'Flying Sword' —publicó el pasado 19 de marzo un vídeo de las pruebas realizadas en Victoria, Australia, donde la nave secciona 'mortalmente' a un maniquí de un torso humano. El aparato funciona como un arma de precisión con un alcance de varios kilómetros. Lanzado desde ocho kilómetros de distancia, el bloque impactará contra su objetivo en exactamente un minuto, viajando pegado al suelo para volverse prácticamente invisible a los radares.

Para asegurar el impacto a esa velocidad, los ingenieros han implementado tres sistemas de guiado: pilotaje manual, un control autónomo terminal —un cerebro digital que actúa como un sabueso electrónico persiguiendo la silueta enemiga por su cuenta en los últimos segundos—, y una conexión por fibra óptica. Este último método desenrolla un cordón umbilical de cristal ininterrumpido durante el vuelo, haciendo a la máquina totalmente inmune a los equipos de interferencia de radiofrecuencia. El equipo optó por una estructura rígida tras descartar un diseño de hojas plegables similar al del misil estadounidense AGM-114 Hellfire versión R9X. Este misil de 100.000 dólares y 45 kilos es popularmente llamado ‘bomba ninja’ porque está armado con afiladas hojas metálicas desplegables diseñadas para hacer picadillo a una persona sin, en teoría, causar daños colaterales. La Espada Voladora busca el mismo efecto, pero a una fracción del precio del Hellfire.

El gran talón de Aquiles de la Espada Voladora es su autonomía: cuatro minutos de vuelo continuo. ShadowBreak está trabajando para que el modelo de producción alcance entre 8 y 15 minutos de batería. El proyecto acaba de entrar ahora en una fase de pruebas públicas. No sabemos cuándo estará disponible pero sí que están desarrollando una variante con ojiva explosiva que actuará como munición merodeadora, un halcón mecánico que da vueltas en el cielo esperando su momento para lanzarse sobre la presa.

Crímenes baratos

La Espada Voladora tiene un origen en la cultura popular. En diciembre del año pasado, un creador de contenido chino de la Generación Z conocido como Fan Shisan diseñó y fabricó cincuenta "espadas voladoras". El proyecto nació como una réplica inofensiva de las fantasías wuxia de artes marciales. En un vídeo viral, Shisan controlaba treinta de estas naves simultáneamente mediante gestos manuales, utilizando programación para que los aparatos flotaran, maniobraran y mantuvieran la formación sin ataduras físicas. Lo que empezó como un truco de magia digital en internet ha tardado apenas unos meses en convertirse en una pesadilla balística totalmente real.

Pero este tipo de armas no llegará sólo al Pentágono. Es sólo cuestión de tiempo que un arma como la Espada Voladora llegue a las manos de cualquiera, abriendo una brecha de seguridad masiva no sólo a nivel militar, sino a nivel criminal. Es lo que dice a Forbes Robert Bunker, investigador de la firma C/O Futures LLC que documenta exhaustivamente el uso de aeronaves comerciales por mafias. Según Bunker, ya existe una inmensa vulnerabilidad de nuestras infraestructuras, pero esto abre aún más el campo a los ataques personales y asesinatos. "Un grupo criminal o de otro tipo puede hacer un montón de daño con drones únicamente cinéticos", apunta. Sobre todo porque también pueden usarse para atacar la aviación comercial, algo que es una cuestión de pura física aplicada. "Más masa y velocidad significan más daño", afirma Bunker, subrayando que "los drones tienen más masa y velocidad que los pájaros y harían más daño a las cabinas o perforarían las alas [de los aviones de pasajeros]".

Por eso las grandes compañías de defensa también están invirtiendo en este tipo de drones kamikaze puramente cinéticos. Durante la feria de armamento BEDEX 2026 en Bruselas, Thales y MARSS Defense Labs exhibieron un dron cinético sin explosivos diseñado exclusivamente para embestir como un toro de lidia a los drones suicidas Shahed en pleno vuelo. Esta unidad defensiva lleva una nariz aplastada y reforzada con titanio capaz de alcanzar los 360 km/h.

El dron sobre estas líneas se llama Espada Voladora. No lleva explosivos pero no es un dron de reconocimiento. Es un dron de ataque que, a 450 kilómetros por hora y armado sólo con afiladas cuchillas en su proa y sin un gramo de explosivo, es capaz de infligir un daño letal en cualquier enemigo, desde un dignatario a un soldado de infantería hasta el piloto de un helicóptero. Su rapidez lo hace extremadamente difícil de interceptar.

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