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La valoración inflada de SpaceX se basa en una fantasía de ciencia ficción, según los expertos
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La valoración inflada de SpaceX se basa en una fantasía de ciencia ficción, según los expertos

La salida a bolsa de SpaceX se sustenta sobre un plan para lanzar un millón de servidores de IA al espacio y construir una fábrica lunar. Los expertos dicen que es un cuento que tardará décadas en completarse, si alguna vez lo hace

Foto: Elon Musk se fuma un porro. (The Joe Rogan Experience)
Elon Musk se fuma un porro. (The Joe Rogan Experience)

Elon Musk quiere llevar a cabo la mayor oferta pública de venta de la historia, en busca de una asombrosa valoración de entre 1,6 y 1,8 billones de euros para SpaceX. Para justificar este precio sin precedentes, está promocionando agresivamente una visión cósmica: lanzar un millón de servidores de inteligencia artificial a la órbita para crear un centro de datos espacial de 100 gigavatios en la próxima década. Con el tiempo, planea construir una fábrica en la Luna para catapultar estos servidores a la órbita terrestre. Si parece el argumento de una película del espacio de serie B, es porque es pura ciencia ficción.

En resumen: según lo que me cuentan expertos en física, ingeniería aeroespacial y diseño de chips, el plan de Musk tiene lagunas enormes, muchas de ellas sin solución. Ignora la termodinámica básica y la imposibilidad logística de la fabricación extraterrestre en la actualidad y durante muchas décadas. Incluso si los ingenieros de SpaceX realizan múltiples milagros de ingeniería para hacer que su plan funcione, el calendario real abarca décadas, no años, como Musk ha propuesto.

Pero lo que aún es peor para los posibles inversores es que esta narrativa de ciencia ficción enmascara una actividad principal vulnerable que, a pesar de ser el líder actual por un amplio margen, podría perder su monopolio de lanzamientos frente a los cohetes chinos, más baratos, y enfrentarse a una desventaja tecnológica fatal en la inminente guerra de la telefonía móvil por satélite. Si te suena de algo, es porque SpaceX 1.0 podría convertirse rápidamente en Tesla 2.0. No es de extrañar que ya haya quien llame a SpaceX un 'valor meme', como Gamestop. Servirá para especular, claro, pero caerá con la misma fuerza con la que subirá.

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Aun así, Musk (quien, recordemos, tiene un largo historial de retrasos y promesas falsas en todas sus empresas) afirma descaradamente que SpaceX puede construir la infraestructura lunar necesaria para su plan de un millón de satélites en menos de una década, y que su idea de computación de IA orbital puede alcanzar la paridad de costes con los centros de datos de IA terrestres en tan solo dos o tres años.

Según los expertos con los que he hablado, es extremadamente poco probable que estos plazos se cumplan. Así que, si tienes pensado gastar tu dinero en la última quimera de Musk, deberías prestar atención a lo que dicen.

La física no perdona

Aquí en la Tierra, cuando un procesador de ordenador se calienta, un ventilador sopla aire ambiente sobre él (también puede estar refrigerado por líquido, pero ese radiador también necesita emitir el calor a través del aire). El aire absorbe la energía térmica y se la lleva mediante un movimiento fluido llamado convección.

En el espacio, la historia es diferente. El espacio es un vacío, así que no hay aire que se lleve el calor. Los equipos electrónicos deben deshacerse de su energía térmica irradiándola en forma de luz infrarroja.

"La refrigeración en el espacio es un desafío mayor que en la Tierra porque los sistemas terrestres dependen de la gravedad para gestionar los líquidos y los gases", me dice en una entrevista por correo electrónico el astrofísico de Harvard Avi Loeb. Loeb señala que, sin la gravedad para fijarlo a la parte inferior del servidor, "el aceite utilizado para lubricar los compresores tradicionales puede obstruir el sistema". Además, como afirma el físico, "el calor no puede ascender desde los componentes mediante convección natural".

placeholder Comparativa de satélites Starlink. El V3 es más grande que los Bluebird de AST.
Comparativa de satélites Starlink. El V3 es más grande que los Bluebird de AST.

Damien Dumestier es uno de los ingenieros que analizó los centros de datos orbitales para el proyecto ASCEND, el cual examinó la viabilidad de lanzar servidores orbitales para la Unión Europea. Dumestier añade que tendremos que desarrollar nuevas tecnologías para hacerlo realidad. "En el espacio necesitas refrigerar los equipos informáticos. La principal diferencia es que en la Tierra tienes el aire ambiente que está aproximadamente a unos 20 °C", me cuenta en una entrevista por correo electrónico. En el espacio tienes temperaturas de -270 °C, pero el calor debe irradiar hacia fuera de los componentes debido a la falta de aire, lo cual es una forma muy ineficiente de mantener fríos los sistemas. "No se puede usar convección ni flujo de aire para recoger la potencia térmica de los elementos disipadores. Por lo tanto, la única forma de disipar la potencia térmica fuera del centro de datos es usar elementos radiantes", asegura.

Ryan McClelland —un ingeniero de investigación en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, que comenzó a trabajar en diseño de IA e impresión 3D con el objetivo de construir grandes estructuras en el espacio— tiene claro que, aunque la refrigeración es posible, será extremadamente difícil lograrlo por las dimensiones del proyecto. "La refrigeración de los equipos en el espacio se entiende bien. Es la escala requerida lo que resulta alucinante", me dice. En efecto. No es que enfriar los sistemas en el espacio sea imposible. Es el titánico tamaño de lo que Musk propone lo que lo hace extremadamente difícil.

En este momento, un satélite de telecomunicaciones moderno estándar genera unos 20 kilovatios de calor, lo cual es lo suficientemente bajo como para que el cuerpo metálico plano de la propia nave espacial pueda actuar como un radiador pasivo, o una superficie que disipa lentamente el calor hacia el frío del espacio. Ese es un problema aeroespacial resuelto. Pero Musk quiere construir una red de 100 gigavatios con un millón de satélites. Una simple división dicta que cada nave espacial individual debe procesar continuamente 100 kilovatios de potencia (100 millones de kilovatios divididos entre 1 millón de satélites). Esa es una bestia térmica completamente diferente, como señala el astrofísico y divulgador científico Scott Manley.

Manley dice que a 100 kilovatios por nave, la superficie natural de un satélite no es, ni de lejos, lo bastante grande para disipar el calor. SpaceX se verá obligada a equipar cada satélite con enormes, frágiles y desplegables radiadores que se abren en el espacio. Además, el calor no salta por arte de magia de los procesadores al rojo vivo a esas alas externas; debe ser transportado allí *físicamente*. Esto requiere bombear toneladas de líquido refrigerante a presión cada minuto a través de un complejo laberinto de estrechas tuberías. Cuando multiplicas esa pesadilla de fontanería en gravedad cero por un millón de satélites, el puro absurdo mecánico del centro de datos de Musk se vuelve imposible de ocultar... "Básicamente, toda la energía recogida (ya sea por iluminación y calentamiento directos, o a través de los paneles solares) debe ser radiada", dice el Dr. Olivier Hainaut, del Observatorio Europeo Austral. "Y sí, la radiación no es eficiente, así que se necesitan grandes radiadores. Dicho esto, si nos fijamos en la versión actual de sus satélites, sus radiadores son significativamente más pequeños que sus paneles solares. Aun así, serán grandes".

Dumestier calcula que la proporción entre la generación de energía y la disipación de calor es de aproximadamente 4,5 a 1. Para enfriar 100 gigavatios de potencia de cálculo, SpaceX necesitará una superficie total de radiadores de magnitud astronómica.

Una esfera de Dyson de silicio

Luego está el problema de alimentar esos procesadores de IA. SpaceX utilizará paneles solares para alimentarlos, pero generar la energía que imagina Musk es una pesadilla matemática. Loeb me dice que capturar 100 gigavatios de flujo solar requiere un área de paneles efectiva de 99,4 millones de metros cuadrados. Incluso si se divide ese enorme conjunto en un millón de satélites separados, cada unidad requiere un panel solar de 10 metros.

placeholder El Starship todavía es un proyecto experimental que no es operativo ni está certificado para ninguna misión. (Reuters)
El Starship todavía es un proyecto experimental que no es operativo ni está certificado para ninguna misión. (Reuters)

"Una disposición en línea de tan solo diez componentes se extiende a lo largo de, aproximadamente, toda la altura del cohete del Sistema de Lanzamiento Espacial Artemis II", explica Loeb.

Loeb compara la magnitud de esta constelación de 1 millón de servidores con una "versión en miniatura de una esfera de Dyson", en referencia a la megaestructura teórica propuesta por primera vez por el físico Freeman Dyson en 1960 que engloba por completo a una estrella para capturar su energía. En un artículo de 2023, Loeb sugiere que a medida que las estrellas evolucionan, podrían romper estas esferas de Dyson, convirtiéndolas en "delgados objetos interestelares que son empujados por la presión de radiación".

Tampoco se puede usar un servidor estándar comercial en este entorno. Además de tener que hacerlo blindado —a prueba de rayos cósmicos y radiación solar—, un experto en la industria de los chips que quiere mantenerse en el anonimato me dice que "la refrigeración y la producción de energía solar requerirán un espacio enorme". Este experto subraya que la industria debe inventar componentes completamente nuevos. "Necesitamos reimaginar cómo se diseñan los chips para el espacio (computación heterogénea, refrigeradores Peltier integrados, chips fotónicos integrados), etc.", afirma.

Un refrigerador Peltier actúa como una especie de frigorífico electrónico microscópico pegado directamente al silicio para expulsar el calor, mientras que los chips fotónicos utilizan haces de luz en lugar de corrientes eléctricas para transmitir datos, eliminando gran parte del calor por completo. Los circuitos integrados fotónicos básicos comienzan ahora la producción en masa comercial para centros de datos terrestres, pero queda mucho para que exista el volumen necesario y que tengan la suficiente capacidad de proceso. Y la integración completa de la refrigeración Peltier microscópica directamente en el chip de silicio sigue confinada en gran medida a la investigación experimental. La fabricación en masa de estos exóticos procesadores, por no hablar de diseñar cientos de millones de ellos para sobrevivir al radiactivo vacío del espacio, empuja este calendario décadas hacia el futuro.

placeholder Tesla quiere construir sus propios chips. (Tesla)
Tesla quiere construir sus propios chips. (Tesla)

Hainaut especula que SpaceX podría estar trabajando en resolver el problema de los chips, ya que la compañía de cohetes y Tesla anunciaron hace poco Terafab, una fábrica conjunta de chips de 22 700 millones de euros en Texas. Nadie fuera de la compañía sabe exactamente qué están construyendo allí, y esta compañía de chips podría ser en realidad para los planes móviles de Starlink.

Pero incluso *si* consiguen resolver este problema e idear unos componentes nuevos y sorprendentes, los plazos por sí solos siguen arruinando el argumento de inversión. "Sigo pensando que podemos tener centros de datos a pequeña escala (con objetivos específicos) en el espacio en un plazo de 10 años con toda seguridad... no podemos subestimar a Musk", dice el experto anónimo en chips. La frase clave aquí es a pequeña escala.

El efecto cascada de Kessler

Los problemas de este plan no terminan con los desafíos de los componentes. Colocar un millón de estructuras masivas en la órbita terrestre baja (a tan solo entre 400 y 600 kilómetros por encima de nuestras cabezas) invita a un desastre planetario. Loeb advierte que esta densidad supondría "un grave riesgo de colisiones, en las que los escombros desencadenarían catastróficamente una reacción en cadena" conocida como el síndrome de Kessler.

Los escombros de las órbitas atestadas ya están causando estragos. A finales de 2025, el regreso de tres astronautas chinos a bordo de la Shenzhou-20 se retrasó porque los desechos orbitales golpearon su nave espacial, lo que causó grietas en una ventana. La Administración Federal de Aviación ya publicó una severa advertencia, al anunciar que la caída de desechos espaciales podría causar pérdidas humanas para 2035.

Dumestier señala que solo poner 100 megavatios es totalmente inmanejable en la órbita terrestre baja, razón por la cual el estudio ASCEND de Europa propuso una alternativa mucho más segura: desplegar tan solo 1000 satélites (cada uno produciendo 1 megavatio) situados a una altitud mucho mayor, de 1400 kilómetros (a modo de comparación, la órbita terrestre baja está a entre 400 y 420 kilómetros), para evitar el síndrome de Kessler. Pero recordemos que Musk necesita 100 GW, lo que multiplica por cien el proyecto ASCEND.

Además de todo esto, para evitar el aplastante coste de lanzar todos estos pesados equipos desde la Tierra, el plan maestro de Musk es construir una fábrica en la Luna y utilizar un acelerador magnético para lanzar los servidores a la órbita.

placeholder Una visualización del efecto del síndrome de Kessler en la Estación Espacial Internacional de la película Gravity. (Warner Bros.)
Una visualización del efecto del síndrome de Kessler en la Estación Espacial Internacional de la película Gravity. (Warner Bros.)

"Construir una fábrica adecuada en la Luna probablemente llevará muchas décadas", me dice Loeb. "El uso de una catapulta electromagnética para lanzar satélites es una tecnología no probada. Todo el proyecto suena más a fantasía científica especulativa que a un proyecto tecnológico creíble".

Musk quiere tener una fábrica lunar en funcionamiento en solo una década, lo cual es un calendario desorbitadamente ambicioso, pero Hainaut me dice que no deberíamos subestimar a los ingenieros de SpaceX. "Son buenos y tienen integración vertical total", afirma, recordándome los primeros días de Starlink, cuando los astrónomos se quejaron del brillo en enero y SpaceX lanzó naves espaciales modificadas en marzo. "Esa capacidad de reacción es completamente inaudita en la industria espacial", señala. "Sospecho que (con el tiempo) pueden hacerlo", y añade que será "más tarde de lo que afirman".

Bajo presión

Supongamos que los ingenieros de SpaceX consiguen sacar todo adelante en dos o tres décadas. Genial. Hay otro problema de fondo. El dinero. Como señala Dumestier, ese es el verdadero problema: ¿cómo pueden llevarlo a cabo, incluso con esa enorme valoración, lo bastante pronto como para ganar dinero de verdad y sobrevivir? Incluso si SpaceX logra conquistar mágicamente estos desafíos de ingeniería sin precedentes, los plazos abarcan décadas.

Musk va a utilizar principalmente la enorme inyección de capital de la oferta pública de venta para financiar sus sueños de ciencia ficción de décadas de duración sobre fábricas lunares y aceleradores magnéticos. Pero la empresa aún necesita generar mucho dinero para seguir adelante. En este momento, SpaceX funciona con dos enormes fuentes de ingresos que Musk intenta aprovechar desesperadamente para su oferta pública de venta de 1,6 billones de euros: su cohete comercial de batalla Falcon 9 y los 9 millones de suscriptores de Starlink. Sin los lanzamientos comerciales y el crecimiento continuo y espectacular de Starlink, el castillo de naipes empieza a desmoronarse.

Y da la casualidad de que esos dos generadores de liquidez de SpaceX están contra las cuerdas.

placeholder Ilustración del satélite BlueBird 6 en órbita. (AST SpaceMobile)
Ilustración del satélite BlueBird 6 en órbita. (AST SpaceMobile)

Cada lanzamiento del cohete Falcon 9 es una máquina de hacer dinero para la compañía, con un asombroso margen de beneficio operativo de hasta el 77 %. Pero las compañías aeroespaciales chinas respaldadas por el estado ya están rebajando agresivamente los precios de Musk, con planes de hundirlos aún más mediante la construcción de enormes fábricas para construir miles de cohetes.

Ni siquiera tienes que esperar uno o dos años para eso. En marzo de 2026, una empresa comercial establecida por la Academia de Ciencias de China, CAS Space, lanzó con éxito su cohete Kinetica-2 a un coste de aproximadamente 3900 euros por kilogramo. Para hacernos una idea, los precios de los lanzamientos más recientes del Falcon 9 de SpaceX cobran a los clientes alrededor de 6200 euros por kilogramo. Ahora bien, ten en cuenta que el precio de CAS es para un viaje en un cohete desechable. Este año están probando tecnología reutilizable y, según la empresa, su objetivo es reducir el coste a la mitad cuando eso ocurra.

A nivel nacional, el monopolio también se está rompiendo, con rivales como Rocket Lab y Blue Origin introduciendo en el mercado sus propios cohetes reutilizables más baratos para arrebatar a SpaceX sus lucrativos contratos de lanzamientos comerciales y gubernamentales.

A la presión financiera que puede aplastar el plan de Musk se suma Starlink, que quiere convertirse en un proveedor mundial de telefonía. La división, que actualmente es la fuente de hasta el 80 % de los ingresos brutos de SpaceX, puede perder la guerra de la telefonía móvil por satélite frente a múltiples competidores, como Amazon Leo, múltiples constelaciones de empresas chinas y una pequeña empresa con sede en Texas llamada AST SpaceMobile, que cuenta con el respaldo de gigantes de las telecomunicaciones como AT&T.

placeholder Lanzamiento de un cohete Gravity-1. (EFE /Guo Jinqi/Agencia de noticias Xinhua)
Lanzamiento de un cohete Gravity-1. (EFE /Guo Jinqi/Agencia de noticias Xinhua)

Mientras que SpaceX planea una constelación temeraria para el medio ambiente y de fuerza bruta de 34 000 satélites desechables Starlink V3 (que operan con señales débiles de alta frecuencia que rebotan en los edificios y exigen que los usuarios compren un teléfono completamente nuevo equipado con un chip de módem patentado por SpaceX), AST cuenta con una tecnología muy superior que, supuestamente, le permitirá cubrir el mundo con solo 90 satélites desplegables masivos. Esta última también posee el "espectro de oro" clave, las ondas de radio de banda baja que atraviesan paredes y se conectan directamente a los teléfonos inteligentes 5G estándar que los consumidores ya llevan en sus bolsillos.

Para complicar aún más el futuro inmediato de SpaceX, su Starlink V3 es tan pesado que el Falcon 9 no puede lanzarlo en cantidades económicamente viables. Todo el modelo de negocio de la banda ancha depende de Starship, un cohete superpesado que sigue en fase de pruebas. Incluso el propio Musk admitió sin rodeos que, debido a que el Falcon 9 carece del volumen para los satélites de próxima generación, SpaceX se enfrenta a un "auténtico riesgo de quiebra" sin Starship.

¿Existe la remota posibilidad de que SpaceX sea capaz de defenderse de los competidores y además resolver todos los enormes problemas de ingeniería que le aguardan? Claro. Al fin y al cabo, SpaceX logró hacer realidad los cohetes reutilizables en el último momento, justo cuando se quedaron sin dinero y el propio Musk creía que la compañía estaba a punto de hundirse. Aun así, con todas las fuerzas externas alineándose en contra de la empresa y un plan de ciencia ficción que puede requerir décadas para llegar a buen puerto, es difícil imaginar que los inversores obtengan dividendos durante muchísimo tiempo.

Es como si estuviéramos viendo a SpaceX recorrer el mismo camino que Tesla: una industria que Musk inició, hizo crecer hasta niveles increíbles, solo para verla caer, destrozada por su propia arrogancia y el imparable ascenso de una mejor tecnología, un mejor diseño y el abrumador músculo de fabricación y de la cadena de suministro china. La astronómica valoración de Musk se basa en que los inversores miren a la Luna, un cuento chino aparentemente diseñado para ocultar los puntos débiles de su empresa aquí mismo, en la Tierra.

Elon Musk quiere llevar a cabo la mayor oferta pública de venta de la historia, en busca de una asombrosa valoración de entre 1,6 y 1,8 billones de euros para SpaceX. Para justificar este precio sin precedentes, está promocionando agresivamente una visión cósmica: lanzar un millón de servidores de inteligencia artificial a la órbita para crear un centro de datos espacial de 100 gigavatios en la próxima década. Con el tiempo, planea construir una fábrica en la Luna para catapultar estos servidores a la órbita terrestre. Si parece el argumento de una película del espacio de serie B, es porque es pura ciencia ficción.

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